edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
11/02/2013

“¡El año que viene: Rayo-Liverpool!”

Antonio Cubero
Anoche volvió a escucharse en las gradas del Estadio de Vallecas: “¡El año que viene: Rayo-Liverpool!”, cántico festivo con el que los seguidores del Rayo Vallecano, con los radicales `Bukaneros´ como directores de orquesta, celebran las victorias de su equipo. Una de las alegrías que, afortunadamente,  da de vez en cuando el fútbol cuando mide a todos los equipos por igual sin morar su presupuesto.

Un Rayo que está a seis puntos de la permanencia y que ahora sigue soñando con la Liga de Campeones, sexto en la tabla con 37 puntos -los mismos que el Valencia y uno más que la Real Sociedad-, a expensas de lo que haga este lunes el Betis (con 35 puntos) en casa frente al Valladolid.

Vallecas y la gran familia rayista tienen motivos más que sobrados para ilusionarse a estas alturas de la temporada a pesar de su modestísimo presupuesto, el más bajo de Primera. Como ya le ha bautizado Alfredo Relaño, en uno de sus artículos en el diario As, el Rayo es el Barça de los pobres.  Porque efectivamente, el Rayo juega con el mismo gusto por el fútbol como el Barcelona, pero con otros mimbres mucho más modestos que los asalariados azulgranas.

El Rayo es un equipo muy bien planteado, que paga poco, pero paga, con hombres y no nombres que juega para ganar divirtiéndose, como anoche ante un Atlético de Madrid desangelado, casi siempre sin respuesta ante la manifiesta superioridad de los futbolistas de Paco Jémez, sobre todo en una primera parte festival de Leo Baptistao (dicen que será del Atlético en junio) , Lass, Piti y el Chori Domínguez, con Trashorras marcando el ritmo a placer.

Tan solo dos minutos y medio tardó el Rayo en aprovecharse de la fragilidad de la defensa atlética en la que el Cata Díaz era una vía libre para los delanteros rivales. Así fue como ante el centro cruzado desde la izquierda de Piti, el argentino decidió, en el corazón del área, jugar al despiste: metió el pie y lo quitó en el último momento sin despejar, regalo que fue aprovechado por Lass para batir a Courtois. Tuvo que ser Leo quien marcase el 2-0, en otro balón más cruzado al área que nadie fue capaz de despejar.

El gol de Radamel Falcao, tras un barullo en un córner, llegó tan tarde que ni sus compañeros ni él tuvieron tiempo para celebrarlo. La fiesta era del Rayo y su gente.

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