edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
27/06/2014

El apetito por la rentabilidad despierta el interés por los títulos emitidos sobre créditos reestructurados

Los partícipes del mercado activos en deuda de mala calidad aspiran a organizar un mercado con ella
Carlos Schwartz

Los últimos dos años han desatado una intensa actividad en torno a los créditos reestructurados no sólo por parte de los bancos, sino también por los fondos de inversión especializados en lo que se denomina `distressed assets´. Se trata de créditos hipotecarios residenciales y créditos a las pequeñas y medianas empresas que han sido reestructurados entre acreedor y deudor sobre una novación de las condiciones, pero que tienen un mayor riesgo de morosidad que los créditos normales. Pero la política de titulización de activos no se limita a este stock de crédito. La modificación de la ley concursal en España que ha determinado con claridad de un lado la posibilidad de capitalizar créditos, y del otro de establecer normas para que los acreedores minoritarios deban aceptar los acuerdos de la mayoría ha facilitado en nuestro país el desarrollo de las emisiones de títulos que tienen como subyacente otro tipo de deuda, desde bonos emitidos por sociedades hasta créditos hipotecarios residenciales.

Un mercado de estas características requiere como mínimo una métrica de crédito, es decir una calificación que permita a los compradores medir el riesgo. Fitch Ratings ha reparado en el creciente interés por estos activos, y respecto de ello señala que: “La variedad de reestructuraciones de créditos supone que si fuésemos a calificar a estos en la forma de transacciones sobre titulizaciones nuestro análisis de riesgo de esos activos debería estar soportado por datos detallados de sus causas, términos y desenlace. También habría que valorar la experiencia y habilidad del gestor de los activos”.

La agencia de calificación dice haber recibido consultas sobre operaciones potenciales que involucran activos en países que han sufrido fuertes correcciones en los mercados de vivienda o en la situación económica desde la crisis de crédito. Las carteras de créditos reestructurados o refinanciados en España por ejemplo se estimaba a finales de 2013 en “211.300 millones de euros equivalente al 15,3% del total del crédito al sector privado del cual alrededor de dos tercios corresponden a pequeñas y medianas empresas o prestatarios corporativos y un tercio a personas físicas, en su mayoría a través de créditos hipotecarios”, señaló la agencia de calificación.

Las fuentes consultadas señalan que esperan un aumento razonable de las operaciones de titulización de deuda reestructurada y refinanciaciones. Uno de los elementos que empujarán a este proceso en el caso de España son las modificaciones de la ley concursal que permite la negociación entre acreedores en la fase previa al concurso en la cual se pueden alcanzar acuerdos firmes sobre la deuda viva en mora. La existencia de partícipes del mercado dispuestos a adquirir esa deuda puede descargar de los balances de los bancos ese fardo.

En la medida que esa deuda se adquiere por debajo de su valor nominal, deja un margen para la emisión de títulos que pueden ofrecer una rentabilidad muy por encima de la ofrecida por los instrumentos clásicos de inversión actualmente en el mercado. Esta coyuntura ha despertado el interés de los fondos de inversión especializados y los bancos que han visto la posibilidad de negocio. No es menos cierto que el procedimiento puede ayudar al desapalancamiento de las entidades de crédito que se decidan a vender deuda con descuento.

Fitch Ratings señala que un 70% de la exposición refinanciada o reestructurada en España está clasificada por los acreedores como subestándar o dudosa. “Esto refuerza nuestra opinión que se trata de operaciones vinculadas a los deudores más débiles con una historia de cumplimiento de crédito potencialmente adversa. Pese a ello los créditos reestructurados deben haber establecido un registro de comportamiento de pago bajo sus nuevas obligaciones. Esto es así porque cualquier prestamista que haya formalizado un plan de reestructuración para un deudor con problemas debe haber concluido que los cambios deben haber restablecido su viabilidad financiera o la de su actividad.

La agencia de calificación advierte que el análisis de cualquiera de esas carteras en el contexto de una titulización deberá por tanto estar soportada por un stock detallado de datos, crédito por crédito, que debe describir la naturaleza de los términos de la reestructuración, las circunstancias del prestatario antes y después de cada reestructuración, y el registro del comportamiento de pagos desde la fecha de generación del crédito. También se tendrá en cuenta la tasa de nuevos impagados sobre otras reestructuraciones que haya sufrido el prestamista”, afirma la agencia de calificación.

Las agencias de calificación aplican modelos a su estudio de las expectativas de incumplimiento parcial de las obligaciones de crédito que constituyen los activos subyacentes a las emisiones de títulos. Por ejemplo para la emisión FTA RMBS Santander 1 por importe de 1.500 millones de euros, que supone una emisión que tiene por subyacente créditos hipotecarios residenciales, un primer tramo incluye 962 millones clasificados como A (esperado A2), 338 millones clase B (esperado B3), y 195 millones clase C (esperado como Ca) de acuerdo con Moody´s. Un 36% de los créditos subyacentes tienen renegociados sus términos y la expectativa de impago es del 13,5% del total.

Los fondos que adquieren deuda a una fracción de su nominal estudian fórmulas para recuperar liquidez que les permita mantener su negocio activo y no dependan de ampliaciones de capital, sino más bien de la refinanciación de las actividades en curso. Desde luego, esta es una forma de trasladar riesgo de las entidades de crédito a estos partícipes lo cual quiere decir que en la medida que los bancos consiguen reducir su apalancamiento hay un desplazamiento del riesgo. Sin embargo, el factor precio sobre esa deuda en el caso de los fondos hace que su riesgo sea menor y la rentabilidad ofrecida mayor. La sistematización de los créditos en mora, su provisionamiento, y la reclasificación hecha por el Banco de España de los adjudicados y los subestándar han creado un entorno informativo que facilita la labor a las agencias de calificación.

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