edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
18/09/2009

El ‘asustante’ de González-Sinde la aparta también del futuro del libro digital

Le buscan ya del mundo, sólo un rincón tranquilo, un escaparate en el que la ‘ministra de Culturas’ entretenga sus viajes, lejos de las polémicas de la red de redes. Moncloa ha dejado a Sinde sin ‘cibervoz’ ni invitación a la regulación de las descargas de internet que espera coordinará el próximo semestre con la UE. Ahora devuelven también al armario del silencio las opiniones de la ministra y dejan paso a los técnicos en la nueva planificación que despeje el camino al libro electrónico en España. El ‘asustante’ de Sinde –su adjetivo para los libros en la red- aún resuena en la industria editorial española. Cultura no quiere ahondar en esa herida. Es la propia comisaria europea Vivianne Reding la que pone los cronómetros de un nuevo horizonte y advierte, con la vista puesta en el mercado español, que no puede ponerle puertas al campo de la digitalización y la industria de los ebooks. Las riendas las llevará la Dirección General del Libro y la Biblioteca Nacional que –de espaldas a la ignorancia de la ministra- ha hecho de la digitalización y acceso online de sus fondos una de sus banderas.

No estaba ya invitada a la reunión en Bruselas para actualizar la legislación europea de derechos de autor a la era digital; si entonces le puso voz a sus silencios Milagros del Corral, directora de la Biblioteca Nacional, ahora en la iniciativa española -un triunvirato de Cultura, Industria y Educación- Sinde dejó la batuta al director general del Libro, Archivo y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y sus riendas en  manos de Marta García León, experta en propiedad intelectual y asesora de la ministra; Maribel Cuadrado, de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria; Mónica Fernández y Consuelo Martín, de la Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas. Aunque la puerta está abierta a nuevos expertos de la industria del libro, las nuevas tecnologías, las bibliotecas o la investigación, a González-Sinde ni está ni se la espera. No ha tenido entrada a la primera de las reuniones que gastarán un replanteamiento de defensa de los derechos de autor y las políticas de la Administración del Estado hacia la digitalización y comercialización del libro electrónico. Y, si el criterio de la experiencia puede evitarlo, ya no hará falta que asista a las siguientes, ni que ponga mucho más que la firma de beneplácito en el informe que publicará Cultura antes de Navidad sobre el futuro del libro electrónico en el mercado español.

Ángeles González- Sinde respira por los poros del miedo a la digitalización de libros y el despegue de las ediciones electrónicas. De espaldas a la realidad de sus propias costuras y de los tentáculos de la Biblioteca Nacional, que está poniendo en internet todo su fondo. Lo sabe la industria editorial en España, aún resuena en sus muros el eco de los espantos con los que estrenó su cartera. Mantienen sus lanzas en ristre desde que la ministra les advirtió en el I Congreso de Economía y Cultura con su  “asustante". Las editoriales especializadas han comenzado a tender la mano al Ministerio, con la vista puesta en Bruselas, por detrás de las espaldas de Sinde. Quieren una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, todo con tal de no repetir la demonización de las descargas en internet, pero tampoco las zozobras de su mercado. Saben que los recelos oficiales, la orfandad de oferta digital real sería el mejor jardín para la piratería y que la oferta también jugará un papel clave en la consolidación de un mercado que ya ha incrementado su volumen de negocio en un 134% en apenas un año en EEUU. Intentan volver la cara de Moncloa a los muros de Goooglebooks -con una ventaja de 10 millones de ejemplares en 400 lenguas- y su acuerdo con los editores y escritores norteamericanos.

Sinde mira al entusiasmo de la Comisaria Europea para la Sociedad de la Información, Viviane Reding, que a pesar de apadrinar Europeana -el proyecto de digitalización europeo- no esconde su impulso hacia las carreras como la de Google Books y avala la creación de un registro universal de obras, que  regularía el reparto a todo el mundo del dinero que generen las futuras ventas online, lejos de la batalla e-book entre los formatos y los soportes portátiles -e-Reader Kindle, Epub, o el español Papyre, etc- . La comisaria de la Unión Europea para el Mercado Interior, Charlie McCreevy cree que ya es hora de que Europa tenga un nuevo marco legal sobre libros digitales y derechos de autor. Y se dispone a cocinarlo mano a mano con Reding. Sinde otea de lejos a los recelos de Berlín frente a la digitalización comercial de libros. En España el Gobierno no sabe, no contesta, aunque el año pasado unas 200 editoriales de las cerca de 900 asociadas a su federación (FGRE) publicaron obras en formatos distintos al papel y más de 600 editores españoles -un 80% del mercado- han autorizado a CEDRO, entidad española de gestión de derechos de reproducción, a negociar en su nombre con Google.

Moncloa le ha aplicado la ‘mordaza china’ y ha dejado a González-Sinde sin ‘cibervoz’. Ya no está invitada a las mesas de internet, ni la española ni la europea. Presidencia e Industria han decidido ya que la ‘guerra’ a las descargas de internet no se librará ni ahora, ni sólo en España. Y desde luego, no en la voz de la ministra de Cultura. Nada de la ley doméstica de descargas on-line que Cultura prometía desde los tiempos de De Molina. La SETSI no tomará decisiones fuera de la fila de los Veintisiete antes del Consejo de Ministros de telecomunicaciones en mayo y del informe sobre el fomento de la oferta legal de contenidos en línea, y sobre la prevención y la lucha contra la piratería que la Comisión baraja ya. Las espadas aún en alto de las telecos agrupadas en Redtel y de la industria de Contenidos -con la Coalición de Creadores en cabeza- tendrán que esperar. Las carreras de la digitalización de contenidos editoriales y la producción de ebooks, también. Ahora que la Comisaria de Telecomunicaciones y Bruselas apoyan públicamente soluciones como las de Google para la digitalización de las bibliotecas, Moncloa no dejará que González-Sinde ‘abra’ de primera mano ese melón: aún resuenan en los oídos de Zapatero y de Reding el “asustante” con el que la ministra resumió la circulación de los libros en la red.

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