edición: 2786 , Miércoles, 21 agosto 2019
22/09/2016
Se desactiva el futuro

El atasco político español, como el europeo, comienza a dar sus propias cifras

Gobiernos e instituciones, únicos culpables del frenazo económico: nadie invierte sin horizonte
Juan José González
La anemia inversora cuenta ya con cifras concretas y propias, como es esa caída, conocida ayer, del 30% de las inversiones extranjeras en el primer semestre del año. La misma ausencia, freno o caída de la actividad inversora se detecta en Europa. Todo lo cual apunta a una clara y nocivo atasco en cuestiones y planes clave como por ejemplo la unión bancaria, asunto que parecía haber tomado cierta velocidad a finales del pasado año pero que, de repente, se frenó por las malas noticias procedentes de Italia y la delicada salud de su sistema financiero. Atascado y muy aparcado se encuentra el macro plan de inversiones del presidente Juncker con el que la Comisión Europea planeaba activar las economías de los socios europeos. Ahora, con menos munición (utilizada la monetaria) el BCE se encuentra sobre la mesa con la preocupación de la burbuja de la renta fija, todavía sin fecha. Avatares políticos al margen, las miradas apuntan a Gobiernos e instituciones europeas para resolver los atascos, un inquietante panorama ante el que no debe extrañar el miedo (racional) inversor a tomar cualquier riesgo.
Las actitudes temerarias que se observan en algunas instancias políticas, de Gobiernos e instituciones, parecen estar en el origen de los temores de los inversores, sorprendidos por el frenazo aplicado por las autoridades europeas a las reformas en marcha (Unión Bancaria) y a la pieza estrella del Plan Juncker, 600.000 millones a lo largo de cinco años, con la que pretendía recuperar el desfallecimiento inversor en Europa. Criticado por insuficiente, todo indica que la próxima semana reciba el plan el empujón final para que inicie su andadura. No es que el plan haya permanecido en el dique seco en estos 15 meses de su vida, pues en este período se han firmado convenios con compromisos de inversión cercanos a los 116.000 millones de euros. Otro asunto es la materialización en la práctica de esos compromisos de inversión por parte de los respectivos Gobiernos que, al parecer, estarían encontrando innumerables barreras en la ejecución de las inversiones.

La situación de atasco político en la Unión Europea, como también sucede en el caso español, con un Gobierno con funciones limitadas, es la razón principal que esgrimen ahora los inversores internacionales (también los nacionales) para justificar el cambio de actitud. Los rasgos del frenazo guardan relación con las previsiones a la baja del crecimiento económico para 2017, con recortes de varias décimas, en concreto, tres para la Eurozona, y alguna también para España. El frenazo que provoca el atasco se atribuye a la congelación de las reformas previstas, camino de la integración de los mercados y avances en la unión bancaria que ahora, sin embargo, parecen aparcados por asuntos de prioridad política, como son la crisis de los refugiados, elecciones en Alemania y el preocupante avance de las formaciones populistas.

En todo caso, los Gobiernos mantienen ahora mismo en compás de espera cualquier reforma o medida dirigidas a impulsar el crecimiento económico. Los inversores se mantienen pendientes, a la expectativa de la llegada de nuevos estímulos fiscales que deben poner en marcha los Gobiernos de las economías desarrolladas. Los mercados envían una señal a las autoridades que estas no parecen entender: las medidas de expansión monetaria han resultado ser un bálsamo temporal para unos mercados temerosos y desconfiados, en especial, tras el `brexit´ de julio pasado. Pero la política de expansión monetaria no es suficiente para que la economía arranque: los inversores demandan más medidas, algo más que los tipos de interés en el cero o negativos y la compra de bonos.

En la práctica, tanto la UE, como la mayoría de sus socios, ha congelado las reformas comprometidas hasta que la situación política, interna y externa, se clarifique tras una nueva cita -y van tres- electoral en España. Las reformas previstas no serán, finalmente, aplicadas por el impasse político como también por su previsible rechazo por parte de las nuevas formaciones políticas. En este escenario de incertidumbre y desconfianza hacia las políticas del BCE, de la Comisión Europea, donde se mueve también la desconfianza en el Ejecutivo español en funciones, es el lugar adonde los inversores rechazan dirigir sus proyectos: así, pocos arriesgan y nadie invierte.

Los atascos políticos, por tanto, contagian a la economía, restan crecimiento e inversión, no se crea empleo y se pierde competitividad, por ejemplo, con Estados Unidos, potencia económica y rival comercial que espera crecer en 2017 en torno al 3% cuando Europa, en el mejor de los casos, no pasará del 1,7%, sin perjuicio de que el atasco y el frenazo de la actividad en el continente pueda, incluso, restar alguna décima más.

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