edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
02/02/2017

El aumento de la inflación y el estancamiento del PIB arrinconan al Gobierno

El creciente deterioro del salario y las pensiones menguará del PIB el componente de la demanda
Carlos Schwartz
La inflación anual estimada en enero de 2017 fue del 3,0%, de acuerdo con el indicador adelantado elaborado por el INE. En un escenario en el cual el producto interior reduce su tasa de crecimiento real en los últimos meses del año se insinúa un cuadro en el cual la tendencia al aumento de los precios se combina con el estancamiento. Esta no es una novedad para España que ha transitado por la misma senda sobre el lomo de la crisis petrolera de la década de 1970, en lo que se denominó la estanflación. El aumento de la inflación, cuando no es un indicador de un fuerte incremento del consumo en una economía en auge, indica la dependencia de la economía de una nación a los factores externos, en este caso de forma muy acusada de los precios reales y artificiales de la energía. Los reales por el incremento de los precios del crudo que constituyen un problema mediato -no inmediato- para la industria y el sector de la energía. Está claro que ambos han cubierto riesgos con un incremento de los precios que no obedece a los costes laborales. Si se leen las cifras del “crecimiento” del PIB español se observa que el gasto en consumo final de los hogares que es un componente decisivo de la demanda en nuestro país en el tercer trimestre de 2016 está en un punto porcentual por debajo del mismo dato un año antes, del 3,7% al 2,7%. Pensar que esto es ajeno al poder adquisitivo de las familias es navegar en el vaho imaginario en el que hinchan sus velas los funcionarios del Gobierno del Partido Popular.
El Ministro de Economía ya anunció que el brote inflacionario español es un fenómeno pasajero que se verá corregido en el segundo trimestre de este año. Es de suponer que al igual que el presidente del Gobierno habrá fiado una caída en los precios de la electricidad al dios de la lluvia. No está claro a que atribuye en todo caso una posible caída de los precios del crudo y del gas que de acuerdo con el ministro de Industria forman parte del cuadro maligno...transitorio.

La inflación en la Unión Europea para el área del euro en enero de 2017 de acuerdo con la estimación anticipada de Eurostat ha registrado un 1,8% comparado con la tasa del 1,1% registrada en diciembre del año pasado. El dato para todos los productos excluida la energía da como resultado el 1,1% es decir la misma tasa que en diciembre pasado.

Mientras, el crecimiento de los precios de la energía ha sido del 8%. El resultado de este impacto en promedio ha sido elevar los precios en el área del euro en 7 centésimas respecto del mes pasado. El dato desnuda la fuerte dependencia de España al efecto energético por comparación con el conjunto de la región, o por contrapartida a la nula eficacia del Gobierno para evitar el traslado automático de precios cuando hay alza mientras está incapacitado para transmitir la reducción de los precios al mercado minorista.

Los corifeos de la política oficial han lanzado las campanas al vuelo porque la UE, la del euro y la de los 28, ha vencido a los peligros de la deflación porque se ha salido del territorio del 0% en crecimiento de los precios. Pero el crecimiento del PIB ha sido en la zona del euro para el cuarto trimestre de 2016 del 0,5% con un incremento en tasa anual del 1,8% y del 0,6% para los 28, con un crecimiento en tasa anual del 1,9%. Los datos son realmente penosos y muestran la escasa repercusión de la política expansiva del Banco Central Europeo (BCE) y de las políticas fiscales nacionales. El torrente de dinero que se ha vertido al sistema mediante el programa de adquisición de activos ha tenido efecto en los circuitos de la especulación financiera en los mercados internacionales pero no ha alentado la economía productiva de forma significativa.

En este contexto hay una clara ventaja comparativa de los Estados Unidos, y la presidencia del aprendiz de Bonaparte III en la Casa Blanca muestra su cara agresiva con el abierto objetivo de ganar por la mano con la presencia en los mercados internacionales de la potencia económica estadounidense. Para ello entre los objetivos inmediatos va a despojar a la banca de su país de las cargas regulatorias pacientemente construidas tras la crisis de 2007-2008. Sin dudas que su país, con una situación próxima al pleno empleo y un saneamiento financiero costeado por la Reserva Federal a expensas de la financiación obtenida del resto del mundo, está en posición ofensiva mientras que la economía del conjunto de Europa apenas logra salir de su marasmo.

Los analistas consideran que para contrarrestar estos desequilibrios los gobiernos de las principales naciones industrializadas van a apelar, entre otros instrumentos, a los estímulos fiscales por diversas vías incluida la reducción de impuestos. “La política fiscal será favorable al crecimiento en 2017 y 2018 en las mayores economías avanzadas a escala mundial, pero los multiplicadores fiscales -el cambio en el crecimiento resultado de cambios discrecionales en la política fiscal- serán probablemente menores que en la primera parte de la década”, señala Fitch Ratings en un estudio sobre política fiscal y sus efectos. “El cambio hacia políticas fiscales de apoyo a la expansión podrían contribuir al crecimiento económico en un 0,3% en Estados Unidos y en un 0,2% en la eurozona en 2017 y 2018” apunta el informe.

El efecto, señalan, es modesto reflejando la limitada escala de la reducción de la presión fiscal que se anticipa de un lado y a la declinación del efecto de los multiplicadores fiscales en los años recientes. En cualquier caso, señala el informe, este es un agudo contraste con el periodo de consolidación fiscal entre 2011 y 2014 durante el cual se estima que el efecto de las políticas de consolidación fiscal fue una reducción del crecimiento del 1,2%. En el fondo el efecto contrapuesto entre la contracción por consolidación fiscal y el poco recorrido de los estímulos fiscales tienen un significado testimonial en tanto que lo que realmente cuenta es el muy bajo impacto que tendría para Europa una política fiscal de apoyo al crecimiento económico. Con el Brexit como telón de fondo y Bonaparte III en la Casa Blanca, las cosas no pintan bien para Europa y aun peor para España con el Gobierno del PP en cabeza. En cualquier caso, un deterioro económico puede poner la cabeza del PP al alcance de la oposición.

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