edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
10/06/2014

El aumento de liquidez del sistema previsto por el BCE hasta 2018 no creará demanda de crédito solvente

El lobby AFME solicita a los bancos centrales una reducción de cargas por la emisión de bonos
Carlos Schwartz

Los analistas del sector de banca se muestran cada vez menos entusiastas sobre el efecto que puede tener el paquete de medidas anunciadas la semana pasada por el Banco Central Europeo (BCE). Estas son esencialmente una reducción de los tipos de interés del activo hasta el 0,15% para las operaciones principales y de hasta el 0,40% para las marginales. El tipo de pasivo para depósitos se ha convertido en negativo al -0,10%. En este contexto el BCE ha anunciado que pondrá a disposición de los bancos del eurosistema hasta 400.000 millones de euros en operaciones puntuales de largo plazo con vencimiento en 2018.

La adjudicación de recursos se hará contra papel y los bancos podrán solicitar hasta el 7% del crédito total concedido al sector no financiero, excluyendo las hipotecas. El mecanismo ha sido bautizado TLTRO por sus siglas en inglés La persistencia de la tasa de inflación por debajo del objetivo del BCE del 2%, el tipo de cambio y la debilidad de la economía de la zona del euro han determinado esta decisión.

La teoría es que el crédito al sector privado no financiero va a generar actividad económica, o que, en definitiva, esta no aparece porque no hay financiación bancaria. Sin embargo el motivo central por el que los bancos no prestan dinero en los países de la periferia del euro y de forma creciente en algunas de las economías no periféricas, es la debilidad de la demanda y la falta de demanda solvente de crédito. En un contexto, especialmente en España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda, en el que el endeudamiento privado y en particular de las familias se reduce de forma muy lenta no hay demanda de crédito, y si la hay no es buena. Es decir está destinada a generar un quebranto futuro.

El gran problema para el BCE lo definió John Maynard Keynes en 1931 en un artículo sobre el efecto del valor del dinero, es decir la deflación, en las cuentas de los bancos en el que afirma que: “Hay un nivel de deflación que ningún banco puede aguantar. Y en buena parte del mundo, y no menos en los Estados Unidos, la posición de los bancos aunque parcialmente oculta de la vista del público, puede ser en los hechos el elemento más débil en el conjunto de la situación. Es obvio que los hechos presentes no pueden prolongarse sin que algo se rompa. Si no se hace nada será entre los bancos del mundo donde se producirán las roturas verdaderamente críticas”.

La ficción de que la crisis bancaria está zanjada es algo que el BCE no se cree. En todo caso tiene la vista puesta en la recapitalización bancaria acometida puesto que puede que no sea suficiente para permitir que los bancos soporten los efectos de una deflación continuada en ausencia de demanda solvente de crédito. Los bancos deben regresar a su negocio típico y abandonar el carry trade, pero para ello tienen que tener negocio viable. Y eso es lo que no hay.

Lamentablemente no es la primera vez que las autoridades monetarias y los bancos centrales se enfrentan a un escenario de esta naturaleza. En 1933 el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, empujado por sus asesores, intentó lo imposible mediante compras de oro por encima de sus precios de mercado para generar inflación y fracasó en el intento. Hay un punto en el que algunos analistas parecen padecer una ceguera colectiva y equiparan experiencias no homologables, como la de Estados Unidos a partir de 2008 y Europa sin tener en cuenta que la resolución de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos fue rápida, al igual que el desapalancamiento de los bancos y el desendeudamiento de las familias. Por estos lados eso aun no se ha visto de verdad.

Pero mientras los bancos centrales están en estas batallas, en particular el de Inglaterra y el Europeo, el lobby bancario Asociación para los Mercados Financieros de Europa (AFME, por sus siglas en inglés) ha salido al balcón para cantar su aria: hay que ablandar las condiciones de emisión de los bonos con respaldo de activos. AFME señala que en el primer trimestre de este año la emisión nueva fue de sólo 13.600 millones de euros. Apunta que la emisión total en 2013 fue de 181.000 millones de euros, con una caída respecto de 2012 del 28%. Que menos de la mitad de esa cifra se colocó entre inversores, unos 76.400 millones. El resto fue retenido por los bancos para descontar en el BCE y otros bancos centrales. Afirman que si la emisión se recuperara a los niveles de hace 10 años habría no menos de 150.000 millones anuales de euros disponibles para la financiación de particulares y empresas.

Para lograr estos objetivos AFME propone cinco puntos. Volver a calibrar las reglas de ponderación de activos por riesgos para los bancos inversores en bonos y activos que fueron definidos nuevamente en diciembre de 2013 en el Comité de Basilea, para que reflejen el buen desempeño histórico en Europa, y colocar a la emisión de activos en línea con las emisiones de renta fija y sus grupos de activos subyacentes. Reducir los coeficientes sobre el capital para las compañías de seguros que quieren invertir en esos activos, que fueron definidos en diciembre de 2013 por el informe EIOPA, con el objetivo de crear condiciones para la inversión equiparables con las aplicadas a las emisiones de activos por parte de empresas y otros emisores institucionales no bancarios.

Incluir un rango más amplio de títulos de alta calidad como Activos Líquidos de Alta Calidad que puedan computar dentro de la ratio de cobertura de liquidez. Hasta ahora muy pocas emisiones de títulos respaldados por activos inmobiliarios residenciales han sido autorizados. Reconocer el esfuerzo ya hecho en materia de transparencia y comunicación, y continuar construyendo sobre estos logros, evitando nueva regulación invasiva que no está alineada con la práctica existente y que crea duplicación y confusión en un mercado que ya tiene unos niveles muy altos de transparencia. Asegurar una mejor coordinación entre reguladores y a nivel internacional para evitar el efecto de capas por la superposición de regulación y promover el reconocimiento mutuo de estándares equivalentes.

AFME señala que pese a los cimientos sólidos de la titulización en Europa, un mercado en el que la tasa de quebrantos fue de sólo el 1,4% entre mediados de 2007 y el primer trimestre de 2013, comparado con el 17,4% en Estados Unidos de acuerdo con Standard and Poor´s, la incertidumbre reguladora y cuestiones macro económicas más amplias están encogiendo el mercado de emisión en el continente.

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