edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
09/09/2015
LA OREJA DE LARRAZ

El autor de un delito de blanqueo imprudente de capitales no precisa ser administrador de la empresa

Javier Ardalán
El Tribunal Supremo, en una sentencia de 27 de julio de 2015, ha dictaminado que para ser considerado autor de un delito imprudente de blanqueo de capitales no es preciso ser administrador de empresa o poseer cualificación específica
Esto es así sí, tal y como ocurre, por ejemplo, con la malversación de caudales públicos, que exige el carácter de autoridad o funcionario de quien lo comete para poder ser declarado autor. La diferencia se encuentra en que el primer tipo de delito es común mientras que el segundo es especial.

Atendiendo a estas consideraciones, el ponente, el magistrado Conde-Pumpido Tourón, dictamina que una persona que facilita a terceros una cuenta corriente a su nombre para ingresarle dinero sustraído mediante procedimientos informáticos de otra cuenta y lo reenvía a un país extranjero comete un delito de blanqueo imprudente de capitales.

El magistrado justifica su decisión porque "cualquier persona de inteligencia media está capacitada para entender que para realizar una transferencia bancaria no es preciso valerse de la cuenta de un tercero, lo que el ofrecimiento de intermediar en este tipo de operaciones debe despertar sus sospechas".

En el litigio examinado, una empresa especializada se puso en contacto con el recurrente ofreciéndole un trabajo, que supuestamente consistía en recibir dinero en una cuenta corriente a su nombre, para transferirlo seguidamente a países del Este europeo a cambio de una comisión, actuando el acusado para percibir la comisión ofertada.

Conde-Pumpido Tourón concluye que encubrir la procedencia ilícita de los bienes o ayudar a los participantes del delito previo, constituye un elemento esencial integrante de todas las conductas previstas en el artículo 301.1 del Código penal, puesto que " el blanqueo pretende incorporar esos bienes al tráfico económico legal y la mera adquisición, posesión, utilización, conversión o transmisión constituyen actos neutros que no afectan por sí mismos al bien jurídico protegido".

Recuerda que es ampliamente mayoritaria, tanto en la doctrina como en la jurisprudencia, la conclusión de que la imprudencia no recae sobre la conducta en sí misma, sino sobre el conocimiento de la procedencia delictiva de los bienes, tal y como se establece en las sentencias del propio TS de 19 de mayo de 2015, así como las de 20 de mayo de 2014, 2 de diciembre, 22 de octubre y 27 de enero de 2009.

Este criterio, por tanto, resulta congruente con el hecho de que en esta modalidad imprudente, la pena no se eleva aunque los bienes procedan de delitos de tráfico de estupefacientes o corrupción, lo que indica que la imprudencia no recae sobre la conducta, sino sobre el conocimiento de la procedencia.

En el dolo eventual el sujeto no tiene conocimiento concreto de la procedencia ilícita de los bienes, pero es consciente de la alta probabilidad de su origen delictivo, y actúa pese a ello para ocultar el origen ilícito del dinero. En la imprudencia, el agente actúa sin conocer la procedencia ilícita de los bienes, pero por las circunstancias del caso se encuentra en condiciones de sospechar fácilmente la ilícita procedencia y de evitar el blanqueo.

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