edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
12/05/2014
Sin cajas locales ni rurales ni extranjeros

El Banco de España consiente la desaparición de los bancos pequeños

Primero fueron Halifax, Abbey, City, Lloyds, Credit Agricole y ahora Barclays
Juan José González

Del nuevo plan estratégico mundial de Barclays, se desprende que el grupo financiero dejará el negocio minorista nacional tras cerca de 40 años en el mercado español. La crisis y otras gestiones que nada tienen que ver con la crisis, no dejan lugar para entidades con menos de 300 oficinas y 2.800 personas. Nada nuevo en este mercado, cada vez más concentrado, donde Barclays hace las maletas, siguiendo el mismo camino que Halifax, Lloyds, Citi, Abbey National y Credit Agricole en los últimos años. La primera lectura es que no hay negocio ni para todos ni para tantos y que, a resultas de los cambios provocados por la crisis financiera, ganar cuota en España se ha quedado como asunto difícil para los medianos y como misión casi imposible para los pequeños. En un mercado bancario reestructurado, con fuertes imposiciones tanto del supervisor local como de la autoridad europea, la banca minorista se ha quedado sólo para los siete más grandes.

Sorprende que la salida de los extranjeros no altere al Banco de España que, junto a la desaparición de las pequeñas cajas y entidades locales pequeñas asiste a la pérdida de los financiadores más cercanos a las pymes y a la pequeña clientela.

Contrasta la desaparición de los pequeños bancos en España (grupo al que pertenecían las entidades mencionadas, y a las que ahora se unirá Barclays) con el interés y la preocupación de las autoridades norteamericanas, quienes últimamente trabajan para `proteger´, en cierta medida, que los grandes bancos no acaben por desplazar definitivamente a las entidades más pequeñas. La Reserva Federal norteamericana, con la nueva presidenta Janet Yellen, se encarga de que miles de pequeños bancos, unos 7.200 en todo el territorio de EE UU, no echen el cerrojo. Y preocupa en la medida en que se trata de entidades que apenas alcanzan a controlar el 20% de los activos bancarios, pero que, sin embargo, resultan ser los primeros financiadores de las pequeñas empresas locales así como de los pequeños créditos de consumo a las familias.

Los numerosos problemas suscitados en el sector financiero en aquel mercado en 2008, dieron lugar a que el regulador bancario diseñara una normativa de control y supervisión de las grandes entidades que acabó por estrangular a las más pequeñas que lograron sobrevivir a las tres oleadas de cierres. Y ahora, quizás algo tarde aunque al parecer a tiempo, las autoridades norteamericanas se han decidido a echarle una mano salvadora a las pequeñas entidades locales.

El fenómeno de desplazamiento financiero parece, igualmente, instalado en Europa. Los expertos apuntan a que se trata de un `efecto limpieza´ clásico y habitual en una crisis económica y que con mayor razón, se ha cebado en esta ocasión con la banca minorista pequeña, la banca local. Por eso, la salida anunciada de varias entidades financieras extranjeras que se habían instalado en el mercado español en las últimas décadas, parece ser el último capítulo de la reestructuración bancaria en España. Hoy, la representación extranjera se queda reducida a ING, Espirito Santo y Deustche Bank.

Es probable que su aportación en el pasado, con innovaciones en contratos, productos y servicios bancarios, se haya quedado sólo en eso, en aportaciones de oportunidad y elementos de competencia, obligando a la banca nacional a `espabilar´ en algunos aspectos y ponerse al día en varios aspectos de la banca minorista. Sin embargo, era una banca muy localizada en negocios y empresas de tamaño pequeño y mediano, conocedores de su particular clientela.

El fenómeno en España se ha revelado también estrangulador de las entidades pequeñas. Con independencia de las causas que motivaron que los grupos bancarios de mayor volumen abandonaran numerosas localidades, y que la desaparición de las cajas de ahorros dejaran huérfanos a miles de pequeños clientes y ahorradores, y a las pequeñas empresas locales, el hueco que dejan tardará bastante tiempo en ser cubierto. La banca pequeña era banca local, por tanto, muy próxima a los problemas de la pequeña industria básica, de las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, del medio rural, cerca también de las corporaciones locales y de las Autonomías y muy cerca de las familias. Por todo, la desaparición de la banca minorista a cargo de las pequeñas entidades locales debería constituir una preocupación tan grande como su saneamiento. La banca local siempre será más cercana y próxima a los problemas de las familias y de las empresas que los más grandes bancos. Al menos, es también lo que piensan en otros mercados.

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