edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
18/11/2011
Ordóñez, preocupado por el pago de los intereses al FROB

El Banco de España impone a las cajas intervenidas límites en la obra social

La dotación de las cajas a la obra social se ha reducido más de un 50% en 5 años
Juan José González

A perro flaco todo son pulgas. El refranero español le trajo a la memoria la célebre sentencia como un acto reflejo. Acababa de despedirse con un apretón de manos del Gobernador, cuando el director de la obra social de una de las primeras entidades de crédito y ahorro del país, se dio cuenta de que había salido trasquilado del Banco de España, adonde había acudido para todo lo contrario: ampliar el plazo para completar la exigencia de solvencia del famoso decreto de Elena Salgado. La reducción de los presupuestos alcanza a todas las cajas, no se salva ninguna, lo que significa que las dotaciones a la obra social deberían sufrir parte de ese recorte. Pero no todas las entidades lo entienden así. Una de ellas, es contraria a hacer ajustes a los pobres, a los refugiados, a enfermos, huérfanos… así que el día que tocaba explicar al Gobernador la necesidad de una prórroga de veinte días para completar el grupo de inversores, la autoridad monetaria le suelta que, ya que tenía beneficios, mejor se preocupe de devolver las ayudas al FROB y pagar los intereses, dejando para otro momento la ayuda social, la obra social.

A principio de año, cuando las primeras entidades en apuros comenzaron a recibir dinero público procedente del FROB, el Banco de España les hizo llegar una serie de recomendaciones que se deberían seguir para coordinar, en adelante, las acciones del fondo con las entidades receptoras del ‘crédito público’. Uno de los puntos de la misiva hacía referencia al carácter obligatorio que a modo de exigencia se imponía a las entidades: “…deberán limitar la Obra Social a aquéllos compromisos que tengan adquiridos hasta el ejercicio de 2015”. Al directivo de la caja que había permanecido en Cibeles poco menos de una hora, y ya en ruta por la A6, se le vinieron a la memoria veleros, motos y otros elementos de ocio cubiertos por fondos con cargo a obra social, y sobre los que el Gobernador no quiso saber nada.

Así las cosas, son varias las cajas que han decidido mantener una postura crítica hacia esos puntos polémicos del Supervisor, porque entienden que no se debe confundir la forma y la cantidad de colaboración social, con la mala gestión de las entidades que puedan estar recibiendo la ayuda del fondo público.

La crisis de las cajas ha obligado a hacer recortes en varios de los programas sociales en marcha, sobre todo en los relativos a actividades culturales, deportivas, mientras que la mayoría han decidido mantener aquéllas de carácter asistencial. En algunos casos, las cajas optaron por reorientar los mismos recursos hacia otras actividades sociales.

La situación no resulta cómoda para nadie, puesto que las cantidades de las que se nutre la obra social proceden de los dividendos de la propia caja, y estos se reducen cada año. En los últimos tiempos, las cajas vienen reorientando los recursos de las actividades culturales hacia las sociales, entendiendo que es la filosofía tradicional de la caja de ahorros, y la que sirve para marcar la diferencia con los bancos. Con esta convicción es difícil que las cajas, incluso las que reciben fondos del FROB, cambien el orden de prioridades que sugiere (impone) el Banco de España al situar en primer término la obligación de devolver crédito e intereses al fondo para, en segundo lugar, seguir atendiendo la obra social.

La situación es más inestable a medida que avanzan los meses, camino del cierre del ejercicio. Las cajas disponen de fondos de reserva constituidos en ejercicios anteriores. Pero estos fondos se agotan con el paso del tiempo si no se realimentan con los beneficios anuales, luego todo pasa por elevar el beneficio para evitar que la dotación a la obra se reduzca, y esto parece que no tiene un horizonte muy claro.

En los últimos cinco años la dotación ha caído en poco más del 50%, si bien, las cantidades empleadas en las actividades sociales lo han hecho en un 30%, es decir, los fondos guardan sus reservas y estas se van alimentando, aunque a la baja, año tras año. Lo peor es que los beneficios siguen esa misma tendencia.

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