edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
10/11/2009
CCM, la primera prueba
Sede del Banco de España

El Banco de España quiere cajas ‘a la italiana’

Con el modelo italiano se evitaría una reforma jurídica en profundidad para la que ahora no hay consenso
Juan José González

Es probable que el modelo de cajas que se quiere para el futuro, elegido y debatido en los últimos meses en medios oficiales -Banco de España y Ministerio de Economía- no cuente aún con la aceptación ni de los partidos políticos –imposible lograr un consenso- ni de la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Pero lo que es más que probable es que la solución aplicada a la Caja de Castilla La Mancha (CCM) por el Banco de España se convierta en el modelo a seguir para las situaciones similares que, según se indica en medios financieros, están próximas a llegar. Y el modelo no es otro que el que se acaba de consagrar la semana pasada con la venta de la caja manchega a la asturiana Cajastur. Modelo que pasa por una partición en dos de aquella, pues la asturiana adquirente se hace con un poder –o mandato- que le permitirá realizar la venta de los activos industriales, quedando el resto de la actividad de la caja a merced de lo que decida el consejo de la asturiana, que para eso la adquiere. Pero el resto es la obra social, precisamente el foco que da origen a las novedades.

La operación por la que Cajastur se hace con la CCM, tiene todos los ingredientes de un ‘affaire’ para llegar a convertirse en un culebrón político-financiero a nada que sus señorías del partido de la oposición trabajen un poco los papeles de la misma. Para algunos expertos, la adjudicación de una entidad mediana intervenida a otra mediana con buena salud, en las condiciones contractuales como la CCM, reúne los elementos suficientes como para afirmar que se trata de una operación quirúrgica por la que se convierte una caja en dos partes. De un lado, la actividad típica bancaria, que en este caso se transfiere a la entidad adquirente, y del otro lado, las actividades no bancarias, las sociales, a una fundación sin ánimo de lucro y que gestionaría lo que se conoce como obra social.

En resumen, una caja a la italiana, o una caja de ahorros como consagran las normas italianas, aquellas que nacieron en 1998 de la mano de la reforma Amato, que aunque en su día no logró poner en práctica esa separación de la actividad bancaria de la no lucrativa o social, una reforma posterior del ministro de Economía y Hacienda italiano Giulio Tremonti en 2002, puso las cosas en su sitio, en el sitio que había Amato cuando propuso la reforma de las 80 cajas italianas en fundaciones.

De la solución aplicada por el Banco de España a la CCM cabe interpretar que se quiere el modelo italiano, un modelo que conlleva la transformación jurídica en sociedades anónimas, y que han adoptado otros países europeos con distinto grado de éxito y muy escasos fracasos. El modelo por el que ahora se decide aplicar desde el banco central español apunta a una estructura mediante la cual, la caja adquirente, en este caso, Cajastur, se convertiría en un holding de una sociedad anónima en la que se ubicaría la actividad bancaria, y por otro lado, la caja mantendría el control de una fundación, sin ánimo de lucro, que sería la titular de la obra social.

De esta forma, la obra social se consolidaría en su naturaleza y actividad, y estaría al margen de cualquier amenaza, ya que los compromisos financieros de la caja con la obra social, se incluirían en los estatutos de la nueva sociedad. Mientras, la parte financiera estaría al margen, más centrada en la actividad de un mercado al que tradicionalmente trae sin cuidado los cambios jurídicos.

Si la operación de venta de la CCM a Cajastur cumple con los plazos fijados, la ‘antigua’ CCM será la propietaria del 25% de la caja fusionada. Sin embargo, en este porcentaje se encuentra la totalidad de la obra social, pues se entiende que las actividades de ahorro se integrarán en las de Cajastur, luego la ‘antigua’ caja se verá obligada a adoptar la forma jurídica de fundación, según la Ley de Cajas.

Un asunto que no escapa a la curiosidad del modelo que quiere aplicar el Banco de España en este caso, es el relacionado con el consejo de la nueva caja, un órgano de control nuevo, formado por políticos, directores o independientes, que tendrá que decidir sobre los destinos de la parte del beneficio que le corresponde de la obra social en una Comunidad Autónoma distinta a la de origen del nuevo propietario. Problemas que se suscitan únicamente en este caso, en el que dos comunidades alejadas, no limítrofes, van a contar con un órgano gestor con sede y raíz en una de ellas, geográfica y culturalmente diferentes, y con clientela y actividad económica bastante dispar.

Para el Banco de España, la venta (o adjudicación) de la caja intervenida a otra entidad de la misma naturaleza, significa la puesta en marcha de un nuevo modelo de cambio en el sector, en el que se abre una puerta con capacidad para introducir cambios normativos sin que ello suponga una revolución en el sector de las cajas de ahorros y que, como asegura un experto “una transformación jurídica que en teoría el mercado no debería advertir”.

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