edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
11/04/2011
Supervisor y Economía acuerdan que el saneamiento es una “cuestión de Estado”

El Banco de España salva a la CAM a cambio de una “limpia profunda” de gestores

Al menos los 18 consejeros y 10 de los 30 directivos no estarán tras la venta
Una foto del consejo que puede quedar archivada
Juan José González

La decisión sobre el primer destino de la CAM, ya esta tomada. El Banco de España, que se resistía a dejarla caer, logró la semana el visto bueno de Economía para aplicar su terapia: la recapitalización. Mantienen Supervisor y Ejecutivo la tesis de que con esta fórmula, aplicada en el caso de la CAM, salen ganando todos: el Gobierno, el sistema financiero, la credibilidad del Estado, los inversores y clientes de la CAM, incluso hasta la propia CAM que, como es lógico, sufriría una reorganización profunda. La primera conclusión es que el Banco de España, en recientes declaraciones públicas de su Gobernador, se siente seguro y satisfecho con el “avanzado estado en que se encuentra el saneamiento de las cajas de ahorros”. Así que, entretanto se resuelve el enigma sobre la cuenta de pérdidas y ganancias que soportará el saneamiento, el Supervisor sí ha logrado avanzar un paso sustancial: la limpieza de los gestores que han llevado a la CAM a la insolvencia. La faena quedará completada cuando, según parecen indicar los últimos movimientos, el Banco Santander tome las riendas de la entidad alicantina.

Ha triunfado la tesis oficialista, en este caso, la heterodoxa, por la que la CAM no será liquidada. Al parecer, en la discusión mantenida entre asesores financieros, Supervisor y técnicos de Economía, la liquidación habría producido incalculables e innumerables daños colaterales, no solamente en el sector, ahora en reconversión, sino también en la solvencia de un Estado que lucha con más uñas que dientes para mantener y mejorar sus ratios de solvencia. En este sentido, la no liquidación de una entidad financiera del tamaño de la alicantina, habría sido considerada como cuestión de Estado. Pero ni el Estado es más solvente ni el riesgo es menor por no haber procedido a la liquidación de la entidad financiera.

Más bien al contrario, puesto que asistiendo a una entidad solvente no se hace diferenciación de entidades en el mercado, el Estado, por interventor y por prestatario de fondos que de ninguna manera recuperará, se convierte y se percibe como más deficitario. Y los gestores de las cajas en reconversión, y las que en un futuro no resistan la competencia y se vean, de nuevo, abocadas a una segunda reconversión, recibirán un mensaje positivo del Banco de España: que incluso en el caso en que pierdan dinero, la autoridad supervisora prestará la garantía necesaria para restablecer el orden. De nuevo, el saneamiento de las pérdidas no se sabe a qué cuenta de resultados ira a parar, como no sea la del Estado.

Dando el asunto de la liquidación de la CAM por perdido, el Banco de España sí ha logrado obtener a cambio algo que no había conseguido hasta ahora: la “limpieza profunda” de la gestión de la entidad alicantina. Tradicionalmente, el Banco de España sólo actuaba sustituyendo la gestión mediante la única fórmula que le permite la ley: mediante aprobación en Consejo de Ministros de un decreto de intervención. Ahora, la vía utilizada para conseguir el cambio en la gestión de una entidad no intervenida ha sido la negociación.

Pero qué supone la “limpieza profunda” de la gestión de la CAM. Ni más ni menos que sustituir a 17 miembros de su consejo de administración, del presidente del mismo, así como a la treinta de directivos, diez del primer nivel, a los que la entidad que vaya a hacerse con el capital de la alicantina, ahora en proceso de ‘subasta cerrada’ –puesto que tan sólo cuatro entidades analizan una posible valoración-  se verá obligada a sustituir. Demasiados consejeros y demasiados directivos para reemplazar en un tiempo récord, apenas tres meses.

En todo caso, buen avance el logrado en esta ocasión por un atacado y denostado Supervisor que en esta ocasión ha logrado imponer –sólo a medias- el popular aserto de “el que la hace la paga”. Sólo a medias, pues si bien la venta de la CAM a una entidad financiera privada pasa, como acuerdo negociado, por la ”limpieza profunda” de un consejo y dirección que erró en la gestión financiera, las pérdidas como consecuencia de esa gestión deficiente, pasarán a figurar en el epígrafe de cuentas pendientes de difícil cobro de las cuentas del Estado. Al menos, se habrá conseguido cambiar los gestores, que no es poco.

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