edición: 2748 , Jueves, 27 junio 2019
15/11/2011
Que la banca se busque la fórmula que mejor se adapte a sus necesidades

El Banco de España se desentiende de la solución de los activos tóxicos

Montoro y De Guindos descubren que tienen un plan para el inmobiliario
Juan José González

Cambio de planes. El ladrillo no abandonará los balances bancarios por la puerta de atrás, por el ‘banco malo’ que tan fuerte campaña esta recibiendo a lo largo y a lo ancho en los medios de comunicación. La salida, parece que ordenada, se llevará a cabo por la fachada del edificio, aunque no por la entrada principal: los activos ‘tóxicos’ viajarán con destino a una nueva entidad, un ‘banco bueno’. El nombre es el mismo, pero el apellido lo cambia todo por completo; nada que ver con la idea inicial que equivalía a reunir lo peor de cada casa en una misma sede para, posteriormente, proceder a su venta. Con el ‘banco bueno’ las diferencias de matiz son importantes, comenzando, en primer lugar, por la calidad de los activos, los de menor tasa de morosidad, y siguiendo por una mejor y más sencilla financiación, puesto que se trata de activos en buenas condiciones financieras. La idea parece haber ‘enganchado’ a Cristóbal Montoro y al mismo Luis de Guindos, ambos en campaña y actualmente en reñido pulso por una cartera de piel negra.

Las primeras características de este proyecto, alumbrado desde la escuela de negocios IESE, y recogida en adopción por el equipo económico ‘popular’, tiene su lado bueno y su lado malo. Por el primero, parece que la venta de activos tendría una consideración de valor de mercado, lo que haría más fácil su financiación en los mercados al contar con la garantía de la entidad financiera titular original del activo. Por otra parte, la nueva entidad no tendría que ser financiada con dinero público, no sería necesario porque se trataría de un bien con calidad garantizada, no sería tóxico. Tras la venta de los activos, las entidades mejorarían la capitalización, un epígrafe en el que deberán concentrar sus mayores esfuerzos.

El sector bancario, excepto los dos grandes Santander y BBVA, que ya los han cedido a unidades externas especializadas para proceder a su liquidación, ve con buenos ojos el ‘banco bueno’, aunque en realidad, tiene a dar por buena cualquier propuesta que suponga en la práctica borrar para siempre una huella maldita, un activo inmobiliario, un impagado. Se sabe que el próximo Ejecutivo que salga de las urnas que, como prevén las encuestas de opinión corresponda a los ‘populares’, es partidario de trabajar la vía política del Fondo de Estabilidad Europeo porque, entre otras cosas, esta para eso, para sanear los activos inmobiliarios. Otra cosa es que el nuevo Gobierno lo consiga. En la misma línea se mueve De Guindos; no en vano fue quien preparó las bondades del recurso al fondo de estabilidad, algo que dejó encantado al jefe de filas, Mariano Rajoy.

En realidad, banco bueno, banco malo, debería tratarse de un asunto propio del Banco de España, puesto que recae en el ámbito de las funciones propias del Supervisor. Pero en el sector se tiene la idea de que éste será un tema de los que, aunque en campaña, resulte un tanto incómodo, dada la dificultad de explicar por qué los bancos continúan con las carteras repletas de activos inmobiliarios.

La exposición del sector financiero en el inmobiliario se sitúa en estos momentos, según la información financiera del Banco de España, en 176.000 millones de euros. Una pesada losa que han podido quitarse de encima, con mucho esfuerzo y después de cuatro años, tan sólo tres bancos de los grandes: Santander, BBVA y Bankia, pero no así el resto de entidades, que es donde se encuentra el problema y que sería el motivo principal que animaría la puesta en marcha de una entidad en la que se concentrasen los activos inmobiliarios.

La puesta en práctica de un banco, de apellido bueno o malo, ya se viene aplicando en Alemania e Irlanda desde hace varios años, y no parece que con malos resultados. Y en España tampoco debería dar mayores problemas. Pero su creación y puesta en marcha, depende ahora en gran medida de la voluntad política de evitar que el saneamiento de las entidades se sigua haciendo con los fondos del contribuyente. Una iniciativa que debería estar liderando el Banco de España.

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