edición: 2637 , Viernes, 18 enero 2019
09/03/2011

El Barça pasa a cuartos con el corazón en un puño

Antonio Cubero
De muy poco le valió, por no decir de nada, a Arsène Wenger querer engañar a su colega Pep Guardiola con la alineación del ‘lesionado’ Van Persie si después se arrugó en la pizarra táctica y planteó un sistema perdedor para un Arsenal que no chutó nunca entre los tres palos en todo el choque y batió a Víctor Valdés en un golpe de buena suerte en el que Sergio Busquets cabeceó la pelota en su propia puerta. Un Arsenal mentiroso que debió sufrir un mayor castigo en el Camp Nou que el 3-1 que dan al Barça el pase a cuartos de final de la Champions League, a la espera de que esta noche lo haga el Valencia y el próximo miércoles el Real Madrid.

El partido sólo tuvo un dueño, aunque el Barça tuvo que sudar tinta y esperar hasta la prolongación del primer tiempo para derribar la muralla de dos líneas muy juntas del Arsenal de cinco hombres más cuatro (luego cuatro más cinco), que despreció la posesión del balón para soñar incomprensiblemente con mantener la ventaja del gol que se trajo del Emirates Stadium en la ida.

Los azulgranas abrieron el camino a los cuartos con una gran asistencia de Andrés Iniesta, hasta ese momento muy ausente, que recibió Leo Messi dentro del área para deja sentado a Almunia y marcar el primero a puerta vacía.

Tras el descanso llegó el autogol de Busquets y las urgencias de ver cómo el Barça podía quedar fuera de Europa por una de esas caballadas con las que a veces castiga el fútbol. Entonces fue cuando el suizo Busacca, algo caserillo en las tarjetas, se acordó que en el primer tiempo se había tragado un claro penalti cometido a Messi, le entró el remordimiento de conciencia, y amonestó con la segunda roja a Ven Persie por entender que había perdido tiempo en una acción señalada con fuera de juego. Un castigo de reglamento, aunque quizá demasiado severo, que pone un pequeño borrón en la justa clasificación azulgrana.

Los ‘gunners’ se quedaron con diez para soportar la avalancha con rondos endiablados entre los Xavi, Messi, Iniesta, Villa y Pedrito. Un equipo en el que el portero español Almunia salió del banquillo para erigirse en el mejor. Pero la angustia volvió por segunda vez al Camp Nou cuando a dos minutos del final Mascherano se tuvo que jugar el tipo para salvar el segundo gol inglés que hubiera pasaportado injustamente al Barça.  Un pase a cuartos con el corazón en un puó para el barcelonismo que llevaba tanto tiempo sin saber lo que es sufrir en esto del fútbol.
 
Y esta noche entra en juego el Valencia para enfrentarse al Schalke 04 con la necesidad de tener que ganar o empatar por más de un gol en terreno alemán para pasar a cuartos de final de la Champions League. Una dura empresa ante un rival que intentará hacer valer el tanto conseguido por Raúl González en el choque de ida disputado en Mestalla con el resultado de empate a un tanto. Un partido que será dirigido por el árbitro sueco Jonas Eriksson, todo un lujo para los dos equipos ya que todos no pueden contar el haber sido arbitrado por todo un multimillonario que en los últimos cuatro años ha convertido esta ocupación en una afición, ya que la venta de una participación en una empresa de comunicación le hizo embolsarse 6 millones de libras, unos 9 millones de euros.

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