edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
25/04/2014
Desconfía de los controles internos

El BCE amenaza a la banca europea con las pruebas de resistencia de la FED

No descarta aplicar en Europa los criterios de la Reserva Federal que no lograron superar varias entidades, entre ellas, el Banco Santander
Juan José González

El tiempo corre a favor de un Banco Central Europeo que medita la graduación de los criterios que aplicará a los exámenes de 130 entidades financieras europeas. A favor porque es probable que llegue a tiempo de solicitar a los bancos más información sobre los controles internos y la gestión de riesgos. Se trataría de poner el foco del examen en los sistemas de control utilizados por la banca europea en vez de centrarse sobre los aspectos de la capitalización y su eficacia para los casos, o escenarios, adversos. Por tanto, el tiempo corre en contra de las entidades que se presentarán a las pruebas porque se verán sometidas a criterios más rígidos, a pruebas que determinen con más exactitud la capacidad de cálculo y previsión de los bancos sobre los ingresos y las pérdidas que podrían soportar en condiciones extremas.

Se trata de trasladar a Europa no sólo los criterios aplicados por la Reserva Federal norteamericana a la banca que opera en aquel  mercado, sino también del grado de exigencia en aspectos como el de la supervisión interna, donde el BCE alberga numerosas dudas. Recordar que la FED `suspendió´ el mes pasado los planes de capitalización del HSBC, del RBS y del Banco Santander. Se da por hecho que este habrá tomado buena nota.

A finales de marzo la Reserva Federal estadounidense daba a conocer los resultados de su análisis anual de resistencia de las entidades bancarias que operan en aquel mercado. En algún caso, como en el del Banco Santander, era la primera vez que se sometía a la prueba. El resultado no fue positivo para el español (algo ya previsto) como tampoco para el Royal Bank of Scotland (RBS) ni para el HSBC. La FED rechazó, sencillamente, los planes de capitalización de estas tres entidades, pero no tanto porque no alcanzaban el nivel exigido, sino porque las autoridades no estaban seguras de los sistemas o procedimientos de las entidades señaladas, para calcular eficazmente tanto los ingresos como las posibles pérdidas que sufrirían en determinadas situaciones de mercado complejas.

El pequeño revés que les propinó la Reserva Federal no supuso mayor quebranto para las tres entidades, puesto que las filiales norteamericanas no representaban más del 12% del beneficio de sus grupos respectivos (el 10% en el caso del Santander). Y además se puede decir que contaban con el rechazo de la Reserva que ya había avisado de las dificultades de los `novatos´ en las pruebas. En cambio, sí provocaron las preguntas de numerosos inversores y de la comunidad de analistas, lo que a su vez tuvo un reflejo en la cotización de títulos en varias sesiones.

Las autoridades del BCE conocen los esfuerzos que realizan las entidades financieras para cumplir con la normativa, y son conscientes de que detrás de cada nueva medida se encuentra un nuevo coste. Y si para despejar las dudas el banco central decide dar una nueva vuelta de tuerca a los requerimientos de control, la decisión provocará mayores costes. La desconfianza del supervisor europeo en los sistemas de medición y control internos, es similar -por no decir mayor- que la mostrada por su homólogo norteamericano. Y la única vía para neutralizarla pasa por incrementar los controles.

Por otra parte, el supervisor europeo es consciente de la regulación creciente que sufren los bancos globales, los más internacionalizados, lo cual supone un freno en la operatividad de las entidades financieras. De ahí que el tiempo de reflexión del BCE sobre la conveniencia o no de subir el grado de exigencia de las pruebas a los 130 bancos, acabe por aplazar la decisión y fijarlas como objetivo para el siguiente examen, probablemente a celebrar en junio de 2015.

Curiosamente, la cuestión sobre el reforzamiento del control interno de riesgos, no sólo plantea dudas en el BCE, si no también incertidumbre en los bancos, mucha desconfianza en los inversores y recelos en los grandes accionistas. Pero el hecho de que el supervisor europeo vea con buenos ojos las pruebas que aplica su homólogo norteamericano, no significa que pueda seguir la misma línea de actuación con los bancos en Europa y, mucho menos, a corto plazo, para las pruebas de noviembre. Antes de que el BCE pueda subir el grado de exigencia en la capacidad de cálculo y en la eficacia de control interno, deberá cerciorarse del cumplimiento de la solvencia y de la capitalización de los 130 `alumnos´ que se presentarán a la convocatoria. Mientras tanto, los criterios de la FED deben servir únicamente como referencia y no como amenaza.

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