edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
29/12/2016
banca 
Crisis bancaria

El BCE cambia de terapia en las crisis de Deutsche y Monte dei Paschi

El trato privilegiado al alemán y permisivo con el italiano indica un giro en el tratamiento de los problemas financieros 
Juan José González
El Bundesbank clama al cielo, irritado, por las ayudas estatales a la banca. Dicen en Alemania que el rescate del Estado debe ser una solución de último recurso. Todo indica que el Monte dei Paschi se encuentra en una de esas situaciones de recurso, más bien de ultimátum técnico. Sucede la crisis bancaria italiana justo un año después de que la banca griega y su catastrófica situación se convirtiera en fuerte dolor de cabeza para los responsables políticos de todo el mundo, habida cuenta de que la crisis de esa banca afectaba a la economía global con la posibilidad de que el país saliera del euro y la consiguiente fuga masiva de depósitos. Las autoridades bancarias europeas reaccionaron imponiendo el control del dinero, del movimiento de capitales, hubo un rescate y recapitalización de los bancos griegos y Europa y medio mundo (el resto de acreedores) suspiraron con alivio. La terapia funcionó para salvar al mundo pero la banca griega sigue hundida.
Pero ahora el BCE de Mario Draghi impulsa otra terapia diferente para salvar a la banca herida y/o muy enferma: Se permite a Italia auxiliar a su banca y a Alemania relajar algunas condiciones (exigencias de capital) que le pueden hacer al Deutsche Bank más llevadera la recuperación. El cambio de política de la Unión Europea en el tratamiento y resolución de los problemas financieros es evidente. Parece como si en el último Eurogrupo se hubiera alumbrado un nuevo estilo, una nueva terapia en forma de alivio dirigida a suavizar el nudo en el cuello que ahoga a los socios más castigados y exigidos por sus deudas, caso de Grecia, España y Portugal, terapia que, de paso y de rebote facilita las cosas, allana el camino y la resolución de problemas a otros socios como Italia y Alemania.

Porque, que se sepa, ni Deutsche Bank ha solucionado su crisis, próxima a la quiebra ni tampoco Monte dei Paschi cuenta con el certificado final de salvación a pesar de que el BCE parece haber hecho la vista gorda a la inyección de 5.000 millones de euros o más a la que deberá hacer frente el Estado italiano. En todo caso, llama la atención que el Deutsche Bank, hundido en un 90% el considerado banco más grande de Alemania y más peligroso del mundo civilizado, fuera comparado hace apenas tres meses con un Lehman Brothers europeo en caso de quiebra, haya sido agraciado por el BCE con la moderación o ablandamiento de los requisitos de capital que rigen para el conjunto y la generalidad de las entidades bancarias en crisis. Luego habrá que interpretar que la entidad germana ya no figura en esa lista de bancos en peligro.

El tratamiento privilegiado al banco alemán contrasta con la reacción del Bundesbank al que no parece agradar la fórmula de la inyección directa y estatal en el caso de Monte dei Paschi. Y llama la atención porque los indicadores bancarios confirman que el crédito continúa a la baja en la entidad germana, que su liquidez se recupera lentamente y que los depósitos que huyeron hace meses no han vuelto a Alemania. Idéntica situación a la acontecida en la banca griega, si bien, con la curiosa diferencia de que esta registra ratios de rentabilidad positiva y la germana se mantiene en negativo.

En la práctica, puede decirse que la terapia de la recuperación aplicada por el BCE, aunque dolorosa y rígida en extremo, funciona bien a tenor de los indicadores bancarios en el caso de Grecia, pero deja en la incertidumbre los efectos de la nueva terapia que comienza aplicar el banco central en el caso de Deutsche Bank y de Monte dei Paschi. Dudas sobre la terapia porque los indicadores básicos (crédito, liquidez, capital, depósitos...) mejoran pero no en exceso y, en definitiva, un año después del rescate bancario griego, puesto en marcha con las nuevas autoridades del país, sigue sin poder hablarse de recuperación.

Quizá la recuperación, o no, de las entidades bancarias en crisis no tenga una única relación con el negocio bancario, con la estructura de las entidades, dimensión y redes, apuestas locales e internacionales, si no con la marcha de la economía general, las inversiones y apuestas del sector privado y también del sector público. Porque, seguramente, si estos sectores no se ganan la confianza de los inversores y de la ciudadanía, difícilmente podrá la banca mejorar en crédito, liquidez y depósitos. La terapia, por tanto, del BCE ofrece numerosas dudas y evidencia fracasos. Habrá que esperar para comprobar si la nueva fórmula que aplica a Alemania y a Italia da mejores resultados que en Grecia, España o Portugal.

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