edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
19/09/2013

El BCE, dividido en torno a una nueva oleada de liquidez mediante las operaciones de recompra a largo plazo

La decisión de la Fed de mantener la compra de bonos en su nivel mensual actual refuerza a un sector del Consejo Ejecutivo
Carlos Schwartz

En los corredores que conducen a la sala de reunión del Ecofin se hacían cábalas la semana pasada sobre la posibilidad de que el Consejo del Banco Central Europeo (BCE) adoptara la decisión de una nueva ayuda a las entidades de crédito de la zona del euro mediante una reedición de las operaciones de crédito con pacto de recompra a largo plazo conocidas por sus siglas en inglés como LTRO. El sistema por el cual los bancos pignoran deuda y a cambio reciben dinero. El BCE ha ampliado el catálogo de los activos que acepta para estas operaciones en los últimos dos años. Las operaciones LTRO fueron amortizadas de forma anticipada en un 40%, lo que ha contribuido a reducir el balance del BCE en esa proporción, pero quienes han saldado la deuda y recuperado sus activos son el grupo de bancos con mejores posiciones de liquidez lo cual está además en relación directa con su nivel de capital respecto de los activos en riesgo. No en vano las entidades españolas más solventes se esfuerzan por quedar en los niveles de capitalización exigidos por la normativa denominada Basilea III antes de que ese escalón sea obligatorio.

Pero los miembros del Consejo del BCE son conscientes, quizá ellos más que cualquier otro, que existen en muchos países de Europa entidades bancarias que cuando llegue la hora de cancelar las operaciones del LTRO en diciembre de 2014 tendrán que dibujar en sus balances los números en arameo y las notas de los auditores deberán quedar reflejados en escritura cretense lineal B, o de lo contrario los depósitos abandonarán las cuentas corrientes de los más débiles. Esto ha dividido a los consejeros entre los que consideran inevitable renovar las líneas de liquidez y quienes se oponen, y entre estos últimos como no podía ser de otra forma figura el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. Parte de los comentarios de pasillo en Bruselas la pasada semana eran sobre la posible retirada de las compras de bonos por parte de la Reserva Federal en la reunión de esta semana. Ésta  tuvo lugar en la víspera, pero el banco central estadounidense decidió no iniciar la reducción de sus compra de activos por importe de 85.000 millones de dólares mensuales. El argumento del presidente de la Fed, Ben Bernanke, fue que mientras el desempleo no baje del 6,5% no va a reducir los estímulos monetarios a la economía.

La reflexión de Bernanke es interesante, porque descuenta el factor inflación. Lo central para la Reserva es la debilidad de la economía y la tasa de paro. Esta posición de hecho va a reforzar a los gobernadores de los bancos centrales de la zona del euro entre los cuales existe preocupación por la situación de la banca. De hecho este cuadro lo que describe es un escenario en el cual hay dos categorías de bancos. Los que tienen suficiente capital, son capaces de hacer frente al incremento de la morosidad -que por cierto en España ha escalado al 11,6% en el segundo trimestre de 2013- y obtienen liquidez del mercado y los que no.

La agencia de calificación Fitch por ejemplo redujo la calificación de Bankia de BBB a BBB-. El argumento es que la dimensión de Bankia se ha ido reduciendo y en proporción a los grandes bancos españoles aún más, ya que estos han seguido creciendo desde que comenzó la reestructuración de la ex Caja Madrid. De este hecho deduce que la propensión del Gobierno de España a “sostener a Bankia en caso de necesidad” ha sufrido una reducción potencial. Dicho de otra forma, si el carácter sistémico de la entidad se reduce la necesidad de mantenerlo vivo a cualquier precio se puede evaporar. La medida se ha hecho extensiva a la matriz de Bankia, Banco Financiero y de Ahorro (BFA).

La Reserva Federal de paso ha revisado la situación real de la economía estadounidense y ha corregido a la baja las cifras de crecimiento y las expectativas de recuperación lo cual no deja de ser un jarro de agua fría, por más que la Bolsa haya festejado con fuegos de artificio el anuncio de la Fed. Mientras, el equipo del Fondo Monetario Internacional que debe presentar su informe sobre la situación de la banca en España y en Portugal a fin de este mes pasó por Madrid y mantuvo contactos con el Gobierno, las autoridades monetarias y los bancos. No cabe la menor duda que esta supervisión forma parte del material de trabajo del BCE, aunque los documentos que el FMI somete al Consejo del banco central no son desde luego los que difunde. Las grandes entidades de crédito españolas se muestran confiadas de que el informe alabe los esfuerzos hechos por los bancos para su saneamiento.

Pero los analistas tienen un coeficiente propio que aplican a los informes edulcorados para sacar sus conclusiones. Y en el caso de España hay muchos números que no les acaban de cerrar. Si se tiene en cuenta que la mitad de los recursos aportados por la Unión Europea y el FMI para el saneamiento del sistema financiero se lo ha llevado una sola entidad, mientras sigue creciendo la morosidad y no hay señales de recuperación económica, existe la lógica preocupación de que el proceso deberá ser reforzado sobre la marcha. La insistencia por parte del Gobierno en que no es necesario prorrogar el mecanismo de ayuda al saneamiento bancario ocasiona un cierto nivel de irritación entre algunos ministros de Economía del Ecofin.

Mientras estos asuntos distraen al personal, el BCE se muestra cada vez más preocupado por la situación de Eslovenia, donde el Gobierno ha decidido liquidar dos bancos mientras ha dado garantía del estado a 1.300 millones de euros en activos de las entidades. Mientras que los activos de estas dos entidades representan el 4,5% del total de los activos bancarios del país, la garantía prestada supone el 3,7% del Producto Interior Bruto del país. Este hecho ha puesto los pelos de punta al Consejo del BCE.

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