edición: 2308 , Jueves, 21 septiembre 2017
07/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

El BCE enfrenta solo la especulación contra Italia a la espera de una solución para Grecia

Si el diferencial se estabiliza por encima de los 450 puntos se activará el incremento de las garantías complementarias sobre las operaciones de financiación con deuda italiana
Carlos Schwartz

El Banco Central Europeo reforzó su intervención en los mercados de deuda soberana la semana pasada en apoyo de la deuda italiana. Fuentes del mercado estimaban que las adquisiciones de bonos italianos se situarían en niveles superiores a la semana cerrada el 28 de octubre, cuando la cartera de deuda del BCE se incrementó en 4.014 millones de euros totalizando los 173.499 millones de euros. El estrepitoso fracaso de la cumbre del G 20 cuyos países miembros por otra parte han rechazado reforzar las alforjas de la Unión Europea para el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), la incapacidad para poner en marcha dicho fondo, la falta de visibilidad de los mecanismos para recapitalizar a la banca europea, y la lentitud en resolver la crisis política en Grecia se han conjugado la semana pasada para desestabilizar el mercado de deuda pública italiana cuyo diferencial con el bono alemán a 10 años superó reiteradas veces los 450 puntos básicos.

Fuentes de los mercados secundarios de deuda pública italiana en Frankfurt y París afirmaron a ICNr que si la situación se agrava a lo largo de la semana y el diferencial se estabiliza por encima de los 450 puntos se activará el incremento de las garantías complementarias sobre las operaciones de financiación con deuda italiana que pueden suponer hasta un 25% del nominal de los instrumentos. El mantenimiento de la compra de activos en el mercado (denominado Securities Market Purchase (SMP) por el BCE) es una decisión autónoma del banco central con la cual algunos de los miembros de su Consejo de Gobierno y Ejecutivo no están de acuerdo. La intervención del banco sin embargo es el único sistema de respaldo que existe en este momento. Las divergencias sobre esas intervenciones determinaron la dimisión del alemán Jurgen Stark del Consejo Ejecutivo. Stark permanece en el cargo hasta que su sustituto sea nombrado.

Durante la crisis en Irlanda y en Portugal, en determinado momento y a la vista de la incertidumbre reinante, el BCE indicó a los bancos de esos países que dejaran de comprar deuda soberana. Los Gobiernos de ambos países presionaban a los bancos para intentar escapar al mecanismo de ayudas bajo supervisión de la UE el BCE y el FMI, la denominada troika. “Esa recomendación suele ser el peldaño anterior a que se materialice la ayuda y el BCE la suele hacer para presionar al Gobierno cuando éste no quiere acudir al sistema de rescate para cerrarle todas las líneas de financiación”, señaló ayer una fuente próxima a los organismos de supervisión. La fuente indicó que en el caso de Italia “no se está en esta fase” y dijo confiar en que el Gobierno actúe a corto plazo. Sin embargo, y a pesar de que el primer ministro Silvio Berlusconi ha aceptado una supervisión de la troika, hay un verdadero bloqueo en la coalición de Gobierno para llevar adelante las reformas que la UE exige de Italia. El intento por parte del primer ministro griego de ejercer una soberanía limitada en la aceptación de las medidas que acompañan al segundo acuerdo para la ayuda a Grecia de 130.000 millones de euros ha desatado una condena generalizada en la UE la semana pasada.

Grecia se debate desde entonces en un intento desesperado por salir de la crisis política en la que está sumida. El problema con Italia es que la dimensión de su economía, la tercera de la zona del euro, no permite al dúo franco alemán el mismo nivel de injerencia so pena de desatar una crisis incontrolable. Nicolás Sarkozy y Angela Merkel confían en que la presión rinda sus frutos en Italia, algo dudoso sin una crisis de Gobierno y elecciones generales, salida para la que no parece haber tiempo. Mucho dependerá del precario acuerdo alcanzado anoche en Atenas para un Gobierno de coalición destinado a dar luz verde al paquete de ayudas. Todo parece indicar que el acuerdo va a desatar una crisis social aún más profunda. La salida, fruto de los métodos propios de un protectorado franco alemán sobre Grecia, restarán si cabe todavía más apoyo popular a los dos partidos en su intento de implementar las medidas de acompañamiento del plan y amenazan con profundizar la brecha entre los políticos de un lado y la sociedad griega del otro. La solución del Gobierno de concentración es de crisis, y será ese Gobierno el que deberá negociar con los acreedores del país la quita sobre la deuda pública al mismo tiempo que aplica más medidas draconianas para reducir el déficit público a magnitudes aceptables para la troika. Cualquier traspié en este camino desencadenará una suspensión de pagos lisa y llana.

El nuevo presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, rige el mismo Consejo Ejecutivo y de Gobierno que su antecesor francés Jean Claude Trichet. El balance del banco sigue siendo el mismo que hace una semana. El dinero con el que adquiere deuda en los mercados lo drena del sistema para esterilizar su efecto. Pero si sigue siendo el único freno al hundimiento de la deuda soberana de economías grandes como la italiana y la española sólo podría hacer frente al reto con la emisión de moneda, algo que de momento está descartado. El estreno de Draghi en la presidencia del banco el jueves pasado anunciando una reducción de los tipos de interés del BCE en un cuarto de punto no logró ocultar que esa decisión estaba adoptada desde hacía un mes y se había postergado para adornar con el calificativo de elasticidad la alternativa en el ruedo. Una elasticidad tardía en tanto que los pronósticos de una nueva recesión ya están en la calle. Nada ha cambiado en el banco emisor del euro, y Draghi al igual que Trichet considera que el apoyo a la deuda soberana de los países miembros la deben hacer los propios países mediante instrumentos específicos como el FEEF.

Dejar esa labor en manos del BCE supondría modificar sus estatutos y su cometido que de momento es sólo el de emitir moneda manteniendo inalterado su valor y conservando la tasa de inflación en la zona levemente por encima pero cerca del 2% anual. Las tensiones sobre la intervención en los mercados secundarios de deuda siguen lastrando las relaciones en el seno del Consejo de Gobierno y del Ejecutivo y la relajación de los tipos de interés no indica cambio alguno respecto de estas tensiones. Ha sido el propio Stark quien ha hecho la propuesta de la bajada de tipos. Mientras los vencimientos en Grecia totalizarán en diciembre 8.000 millones de euros tanto como la ayuda retenida en este momento. El primer vencimiento de 1.700 millones es el 19 de diciembre.

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