edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
04/09/2014
Tensa espera del dinero

El BCE mantiene bloqueada la economía europea

Los mercados cierran un verano tranquilo y estable, antesala de un otoño inestable en lo económico y políticamente caliente
Juan José González

No se recuerda tanta armonía ni conformidad en el pronóstico como en este inicio de curso, y que la mayoría califica de prometedor, interesante, diferente, etcétera. El verano toca a su fin con cierta estabilidad y tranquilidad en el plano económico. Sin grandes noticias en agosto, los mercados se han mantenido al margen de la volatilidad de otros años, Bolsa y mercado de deuda se han tomado también vacaciones. Todo lo cual no exime que los inversores, empresas y particulares, cambien de opinión respecto a los riesgos, peligros e incertidumbres que siempre seguirán acechando a los mercados. Hace un año, el Ibex 35 peleaba por alcanzar los 10.000 puntos, un índice que entonces reflejaba un valor de los activos en recuperación y doce meses después, el índice selectivo suma cerca de 890 puntos más, mejora que, sin embargo, sigue sin trasladarse a los pequeños inversores, sin llegar a los hogares, como tampoco llega a las pequeñas empresas. Todo parece depender de Europa.

En Europa preocupa la inflación, el desempleo, la deuda (la pública y la privada) y se esperan con incertidumbre las medidas que adoptará, se cree que en breve, el Banco Central Europeo. Este es ahora mismo el mayor foco de interés que los mercados utilizarán como referencia futura, aunque todavía habrá que esperar unos días. En principio, el presidente del BCE Mario Draghi no se comprometió a que a la vuelta de agosto se producirían novedades, si bien, es probable que la coyuntura le obligue a adelantar algunas decisiones y seguir la senda marcada por su colega de la Fed Janet Yellen, cuyo discurso sigue sin ser del agrado de los inversores norteamericanos, más atentos por el momento a movimientos de Obama que a la política monetaria de Yellen, caracterizada por un  rígido pragmatismo.

Los termómetros de actividad indican que la recuperación económica va por barrios: EE UU corre más que Europa, piensa y decide más rápido y consigue antes sus objetivos. Tanto en Europa como en EE UU se da por hecho que no pasará mucho más tiempo para que, con las políticas monetarias actuales, suban los tipos de interés, lo que mantiene a los inversores en un compás de espera, puesto que es probable que, al menos en Europa, se produzca una reacción del BCE con varias medidas adicionales de política monetaria si se mantiene el deterioro de las expectativas de inflación. Y en esta incertidumbre, los mercados pueden abandonar el relax veraniego para regresar a la volatilidad.

El panorama actual contrasta con el que se vivía hace justo un año, cuando el Ibex 35 se movía en el entorno de los 10.000 puntos, momento que reflejaron un cambio en el ánimo y en las expectativas de los mercados tras dos fuertes y severos ejercicios de ajuste y caídas históricas. Si hace un año el mercado bursátil aseguraba el regreso a niveles más acordes con la realidad del precio de los activos, el septiembre de hoy mantiene a los inversores a la expectativa de los cambios que pueda aplicar el BCE en su doble misión de control de los precios y al mismo tiempo como impulsor de la actividad económica.

En términos de índices bursátiles, un año después, el Ibex 35 no ha conseguido ganar siquiera mil puntos (10.890), a pesar de contar con una economía más saneada, riesgo soberano razonable y beneficios empresariales en fase de recuperación. Con todo, no conseguir avanzar más de 890 puntos en el selectivo, sólo es explicable por la falta de confianza de los inversores, por la incertidumbre que caracterizan las actuaciones del BCE o porque las valoraciones de los activos cotizados ya han alcanzado un nivel acorde con sus resultados.

 Ahora, la duda por resolver se centra en saber si el mercado bursátil superará los 11.000 puntos a corto plazo. Para ello, es probable que tengan que cambiar algunas cosas como que la demanda externa despegue, la renta disponible de los hogares se recupere, que mejoren también las expectativas empresariales y que se liberen recursos destinados al pago de intereses y amortizaciones de deudas públicas y privadas. 

Con estos condicionantes de muy difícil solución a muy corto plazo, los inversores deberán mantener la calma y la paciencia para ver cómo se trasladan las mejoras de los índices a la calle y a los hogares, y en especial, en esta fase final (al parecer) de la crisis. Por otro lado, que el riesgo país haya regresado a niveles razonables y que, por tanto, sea posible que las empresas españolas se puedan financiar en los mercados de capitales, no significa que sea un mercado al alcance de la mayoría de las empresas, sino que, al contrario, la financiación internacional se haya vuelto más selectiva y prudente, algo que sólo parece estar al alcance de las más grandes pero que dista mucho de ser igual para las empresas medianas y pequeñas. El curso, a la espera de que el BCE resuelva algunos problemas, vaya que si promete ser interesante.

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