edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
08/07/2011

El BCE no logra centrar la atención sobre su incremento de tipos y el apoyo a Portugal

El banco central se aleja de la negociación real con la banca en torno a la deuda griega
Carlos Schwartz

El Consejo del Banco Central Europeo (ECB) adoptó ayer dos decisiones. De un lado, incrementó su tipo de interés de referencia en un cuarto de punto del 1,25% al 1,50% en el segundo aumento desde abril. Del otro, eliminó los requisitos mínimos de calificación para la deuda portuguesa entregada como garantía de los préstamos de liquidez del BCE a los bancos, en especial a los portugueses. La ayuda a la banca de Portugal es una respuesta de hecho a la degradación sufrida por la deuda lusa la víspera a manos de Moody's a pesar de los planes de reducción de déficit e incremento de ingresos fiscales adoptados hace escasos días por el país. El efecto de esta medida hizo subir las bolsas europeas ayer tras su anuncio en la rueda de prensa. Sin embargo, el encuentro con los periodistas que sigue todos los meses al comunicado a cargo del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, giró ayer en torno a la posibilidad de que Grecia se vea abocada a una suspensión de pagos.

El incremento del tipo de interés y el espaldarazo a Portugal quedaron en segundo plano. Las preguntas giraron en lo esencial en torno a qué tendría consideración de suspensión de pagos. Trichet se desmarcó una y otra vez de esas preguntas puntualizando que una suspensión de pagos en ninguno de los casos formaba parte del escenario del BCE quien había dado el claro mensaje a los países miembros de la UE que se debe evitar a toda costa una reestructuración de deuda que implique una situación de fuerza para los acreedores. Una vez más Trichet marcó distancia respecto de los gobiernos de la UE y se colocó del lado de la ortodoxia puntualizando que era necesario un reforzamiento de la gobernanza europea que pusiera por delante de los intereses particulares de los países los intereses generales de Europa. Sin embargo no por reiterado el mensaje adquiere mayor consistencia.

Mientras transcurría la rueda de prensa, los bancos acreedores de Grecia no lograban alcanzar un acuerdo consistente sobre los volúmenes y plazos que están dispuestos a refinanciar. Desde luego al BCE no se le escapa que mientras la entidad descarga su mensaje de ortodoxia, fuera del edificio de Frankfurt el mundo de la política real intenta alcanzar acuerdos que sacrifican muchos de los principios de la ortodoxia. El presidente del BCE fue ayer un paso más allá al señalar que existe un consenso sobre lo procedimientos globales o internacionales para hacer frente a las crisis de deuda. Hizo una breve descripción que se basa en llegar a un acuerdo fuertemente condicional con el, o los, países afectados a los que se les brinda financiación de forma transitoria hasta que pueden acudir nuevamente a los mercados de capitales por si mismos. Trichet dijo que en ese contexto y una vez acordada la financiación un país no puede volver a solicitar recursos para atender problemas distintos a los pactados inicialmente. La precisión parecía destinada a descalificar una nueva línea de ayuda a Grecia como la que se gestiona.

Pero la evolución de la rueda de prensa no pudo ocultar que el BCE está pendiente de los resultados de las pruebas de esfuerzo de los bancos europeos que se darán a conocer en la segunda parte de la próxima semana tras una postergación de último momento. El banco central ha estado involucrado en esa postergación ya que sus observaciones se sumaron a las del director de la Autoridad Bancaria Europea, Andrea Enria, en detectar que los bancos habían diseñado en algunos casos escenarios todavía más benignos que los de 2010 aprovechando huecos legales en los requisitos establecidos por la ABE. Trichet dijo que los “resultados deberán ser analizados muy detenidamente” y que esperaba que “mostraran escenarios convincentes”.

En realidad la ABE debió rehacer los requerimientos de información al descubrir con la entrega de las primeras cifras en junio que los bancos habían tomado un ángulo poco exigente para el retrato de sus cuentas en condiciones de esfuerzo. Incluso algunos ni siquiera contabilizaban en sus escenarios la posibilidad de que un estado europeo suspendiera pagos. Mientras el presidente del BCE se negó a comentar las negociaciones con Grecia, Irlanda y Portugal en torno a los mecanismos para apoyar a los bancos de estros países en condiciones de esfuerzo extremo a raíz de los problemas de deuda soberana. Los contactos bilaterales entre cada país y el BCE se vienen desarrollando desde hace meses con el objetivo de encontrar una fórmula de apoyo a la liquidez de los bancos de esos países distinta de la apelación al BCE. El proceso que está en marcha aspira a buscar líneas alternativas de apoyo, que hasta el momento han corrido por cuenta de los bancos centrales de estos países.

Este es el caso de Irlanda y Grecia en meses recientes. Sobre esta negociación poco visible y acerca de la cual Trichet se negó a hablar, lo único que se sabe es que “es permanente”.

En el caso español, los resultados de la ABE son especialmente sensibles porque se darán a conocer muy probablemente el jueves 14 de julio, a escasos días de que salgan a bolsa dos cajas de ahorros. Mientras, la rueda de prensa del BCE ayer disparó fuego a discreción sobre los temas que tiene en vilo al sistema financiero en toda Europa: los problemas de la deuda soberana de los países de la periferia del euro, en particular Grecia. Las decisiones del BCE sobre los tipos de interés y en apoyo a la banca de Portugal quedaron realmente en un cono de sombra. A tal extremo que el presidente de la entidad señaló que “la política monetaria del banco central es realmente importante aunque ustedes no lo crean”. Sin embargo, la actitud de los medios de comunicación puso de relieve dónde estaba el foco de la preocupación internacional ayer.

El presidente de la entidad rompió con su tono habitualmente amigable ante la pregunta de si no temía que una eventual reestructuración de deuda en Europa redujera la credibilidad de la entidad. Trichet respondió en un tono airado que la credibilidad del BCE no estaba sujeta a duda, y que era el único banco central del mundo que había sido capaz de mantener durante 12 años la senda de la inflación en la UE “cerca, pero por debajo del 2% anual”. Pero la muy alta estima que Trichet tiene de la institución que preside, y su criterio de credibilidad, no han podido dejar de lado el hecho que la preocupación se centra en un lugar distinto al BCE. Hoy fue especialmente visible que la línea de ortodoxia del BCE diverge cada vez más de los objetivos políticos de corto plazo de los países involucrados en la negociación de la reestructuración de la deuda griega por más que Trichet pusiera énfasis en señalar que “esos son problemas de los gobiernos de cada país y no del BCE”.

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