edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
16/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

El BCE queda desbordado por la magnitud de la crisis de la deuda europea

Un banco central reticente y atravesado por divergencias internas crecientes
La inminencia de un nuevo ciclo recesivo en Europa ha despertado una creciente resistencia a los planes de ajuste diseñados por la UE y el FMI
Carlos Schwartz

Las ventas masivas de deuda pública europea desbordaron este martes por completo al Banco Central Europeo (BCE) que intentó una limitada incursión sin mayores resultados en apoyo de la deuda soberana de Italia. En una reversión de su política de la semana pasada cuando retaceó las compras para precipitar la salida del ex primer ministro Silvio Berlusconi, ayer volvió a la arena en un intento de dar ánimo a su criatura: Mario Monti, candidato a formar Gobierno. Este ex funcionario de la Unión Europea y hasta hace nada miembro del consejo asesor internacional del banco de negocios estadounidense Goldman Sachs, concentra en su persona la transformación del régimen italiano de una democracia parlamentaria en un Gobierno designado por el presidente del país, Giorgio Napolitano. De momento una endeble investidura acordada por el centro derecha y el centro izquierda dan un respiro a la crisis política larvada que se arrastra en el seno de la sociedad italiana, pero el pronóstico de los esfuerzos de Monti es “reservado”.

Nadie arriesga que el acuerdo que lo sostiene salga de su precariedad. La apuesta de que este defensor del liberalismo económico a ultranza logre mantener un Gobierno en pie hasta 2013 no goza de credibilidad entre los analistas políticos en Europa y fuera de ella. El BCE compró deuda pública en el mercado la semana acabada el 11 de noviembre por 3.839 millones de euros comparados con los 9.520 millones de una semana antes. Pero ayer la incertidumbre sobre el futuro de la UE, los indicios de una recesión en ciernes, y las crecientes dudas de que los planes del Consejo Europeo para solventar la crisis en la región den fruto se cebó en la deuda no sólo de Italia y España, sino además en la de Francia, Austria, Bélgica, Finlandia y Holanda. El incremento sin precedente del precio de los credit default swaps (CDS) para la deuda soberana europea pone de relieve que la crisis ha desbordado por completo las posibilidades de contención de un BCE reticente y atravesado por divergencias internas crecientes sobre los mecanismo para hacer frente a la situación. Pero por sobre todas las cosas dejan a la luz el fracaso de los planes pactados por los 17 entre julio y octubre pasados.

La inminencia de un nuevo ciclo recesivo en Europa ha despertado una creciente resistencia a los planes de ajuste diseñados por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esa resistencia ya no sólo se gesta entre las organizaciones sociales sino entre los propios think tanks empresariales y se expresa cada vez de forma más nítida a través de algunos portavoces de grupos de interés.

El estancamiento económico de Europa hace temer una nueva caída del Producto Interior Bruto (PIB) de los países de la periferia, pero amenaza ya también a las grandes economías de la región. En condiciones de estancamiento económico o de recesión los déficit fiscales crecen en términos absolutos y relativos. Los desequilibrios de la balanza por cuenta corriente no se corrigen, o lo hacen muy débilmente. Los déficit por cuenta corriente detraen del PIB agudizando la caída de ingresos. Los desequilibrios exteriores acumulados se mantienen en la forma de deuda externa pública y privada que aumentan por relación a un PIB en retirada.

La oposición a este modelo se centra en que los incrementos de competitividad sobre la base de la reducción de los costes laborales unitarios y la consolidación fiscal surten efecto en el muy largo plazo y no pueden revertir el cuadro en lo inmediato. Los críticos proponen un poder de fuego muy alto por parte del Fondo Europeo de Estabilidad Europea (FEEF) del orden de los dos a tres billones de euros para dar apoyo inmediato a los países de la periferia y la banca europea. Unos objetivos de inflación superiores al 2% fijado por el BCE, de entre el 4% y el 6% anual. Un proceso de devaluación gradual del euro para llevarlo a la paridad con el dólar. La posibilidad de reestructurar la deuda de los países de la periferia que además de problemas de liquidez tengan signos de insolvencia, como los casos de Grecia, Irlanda y Portugal. Aceptar la posibilidad de que alguno de esos países, incluso en este cuadro de asistencia reforzada, no pueda permanecer dentro de la zona del euro.

Pero pese a que hay una creciente demanda de este tipo de iniciativas colectivas, el núcleo de la eurozona se muestra firmemente opuesto a una operación de esta naturaleza. En primer lugar Alemania, y en su apoyo Francia, mantienen la tesis de una tasa de inflación del 2% y del ajuste interior de los países de la periferia sobre la base de la reducción de los costes laborales unitarios y la consolidación fiscal que suponen una salida del túnel a 10 años vista.

Las cifras parecen indicar que el modelo del FMI / UE no sirve a los efectos de una recuperación acelerada. Si a falta de un tipo de cambio que se pueda ajustar a las necesidades nacionales se analiza la competitividad por relación a la economía alemana desde el primer trimestre de 2008 sobre la base de las pérdidas o ganancias en precios interiores, coste laboral unitario y deflactores del PIB del resto de las economías de la zona euro nos podemos llevar una sorpresa.

De acuerdo con los estudios de la economista Rebecca Wilder (EconoMonitor) sobre estadísticas de la UE y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) la caída de los costes unitarios laborales de España en ese periodo por relación a Alemania ha sido del 8,8% y el segundo en importancia después de Irlanda con un 14,1%, con Grecia en tercer puesto con una caída del 6,7%. El único país que muestra una fuerte caída en los tres parámetros, precios, costes laborales y deflactor del PIB, es Irlanda. Y para poco le ha servido. En el periodo 2007-2011, aun a pesar de ese ajuste, ha tenido una pérdida de competitividad global frente a sus principales socios comerciales del orden del 10%.

Uno de los elementos más críticos del panorama es que la reducción de deuda en el sector privado es acompañada por una reducción del gasto público, el peor de los escenarios porque la combinación de ambos procesos aplasta la demanda agregada. Si España no ha tenido un mayor empeoramiento que el registrado ha sido por los ingresos por cuenta corriente de la balanza de servicios, representada por el flujo de turismo. Pero ese efecto sobre el sector exterior se puede disipar en el futuro próximo si la recesión se hace sentir en el conjunto de la zona del euro.

Todo parece indicar que la venta masiva de deuda soberana europea ayer es resultado de una lectura de la incapacidad del núcleo de la UE por avanzar en el camino de un plan de choque capaz de generar crecimiento en un plazo más corto de tiempo. Las posibilidades de que un plan de este tipo se someta a debate en la próxima reunión del Consejo Europeo del 9 de diciembre son próximas a cero. No sería la primera vez que los emperadores ven arder Roma mientras escuchan el tañido de las liras.

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