edición: 2308 , Jueves, 21 septiembre 2017
09/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

El BCE valora la posibilidad de limitar el apoyo a la deuda pública italiana en los mercados

Berlusconi ha confirmado su intención de dimitir tras la aprobación de las reformas
Carlos Schwartz

El consejo ejecutivo del banco Central Europeo valoraba ayer la posibilidad de limitar o suspender la asistencia a la deuda pública italiana en los mercados secundarios de acuerdo con una fuente de medios financieros en Frankfurt anoche. La publicación el lunes de los datos de intervención del BCE amparado en el programa de compra de activos en el mercado (SMP por sus siglas en inglés) aprobado en 2010 ha puesto de relieve la profundidad de la operación de apoyo. Las compras fueron de 9.520 millones de euros en la semana acabada el 4 de noviembre comparados con los 4.000 millones de una semana antes. El domingo las fuentes consultadas por ICNr se quedaron muy cortas en su estimación de 6.000 millones. Mientras, la incapacidad por parte del Consejo Europeo por alcanzar un acuerdo sobre los mecanismos de funcionamiento del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) ha llevado al Consejo de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea, el Ecofin, a una virtual parálisis debatiendo asuntos genéricos sin proyección respecto de la presente tensión que se ha acoplado ayer con la crisis política italiana.

El primer ministro italiano ha logrado una victoria pírrica en el parlamento al conseguir aprobar un plan de reformas presupuestarias con sólo 308 votos en un parlamento de 630 escaños dejando a la luz que ha perdido la mayoría. La continuidad del apoyo del BCE en estas condiciones sería una señal indirecta de apoyo a un primer ministro que ya ha anunciado ayer que dimitirá tras aprobar un plan de reformas de acuerdo a las exigencias de la UE. El voto ha detonado la crisis política de forma irremediable, pero cualquier previsión de que esta tenga un desenlace rápido es ilusoria. ICNreport señaló el lunes que el BCE quedaba en soledad para sostener la deuda italiana, pero que la operación de derribo del primer ministro Silvio Berlusconi no sería una una cirugía limpia y rápida sino un proceso largo y complejo. Las turbulencias de ayer ponen de manifiesto que ese proceso se ha iniciado.

Mientras, como telón de fondo, la crisis griega se arrastra sin una resolución clara. El partido socialista PASOK y el centro derecha de Nueva Democracia no lograron ayer constituir un gabinete de coalición que debería presidir el ex gobernador del Banco Central de Grecia, Lucas Papademos. La crisis política en ambos países se desenvuelve de tal suerte que se ha convertido en el peor de los escenarios posibles para la inestabilidad del conjunto de la economía de la zona del euro. En estas condiciones la continuidad de la intervención del BCE quedará fuertemente cuestionada.

Algunas de las fuentes consultadas estimaban como inevitable que el banco central suspenda la intervención en la deuda italiana, tal como lo hizo a cierto nivel de la crisis política en los casos de Irlanda y Portugal. “Hay un punto en el cual el BCE sabe que no puede sustituir al desarrollo de los necesarios acontecimientos políticos en un país. No puede fabricar consensos ni en Italia ni en Grecia”, afirmó una fuente financiera ayer por la noche a la vista de la evolución de los acontecimientos. Es probable que la escalada ayer del diferencial de la deuda italiana a 10 años con el bono alemán a ese plazo haya sido un reflejo de la paulatina retirada del BCE. Ayer las cotas del diferencial todavía no habían detonado la exigencia de incrementos en las garantías complementarias para operar en repos con la deuda italiana, pero los analistas de los mercados de repos contra renta fija esperaban que eso ocurra en breve.

La documentación provisional del Ecofin anoche daba cuenta de diversos acuerdos genéricos. Entre ellos los parámetros a tomar en cuenta para medir los desequilibrios macroeconómicos y el cumplimiento de los procesos de reforma y convergencia sobre lo objetivos fijados por la UE. Otro de los asuntos acordados son medidas genéricas para el control de los conglomerados financieros, y seis medidas de gobernanza económica. La documentación señala que la recapitalización de los bancos mediante un incremento del core capital Tier 1 fue objeto de seguimiento. Algunas filtraciones recogidas por un medio de prensa nacional afirman que entre los acuerdos se habría descartado exigir un incremento del capital de los bancos como porcentaje sobre los activos ponderados por el riesgo, y que se optaría por fijar cifras absolutas de requisitos de capital para cada entidad sobre las cifras de balance de noviembre. No hay rastros en la documentación provisional de que se haya alcanzado un acuerdo provisional de semejante calado, aunque no es de descartar si se intenta frenar la reducción del activo de los bancos.

De ser cierto, en cualquier caso el acuerdo puede llegar tarde. Société Générale viene de anunciar que ha reducido su cartera de deuda griega en un 60% anotando una caída del 31% en su beneficio del tercer trimestre de este año. El anuncio sigue en pocos días a uno similar hecho por su rival de mayor tamaño BNP Paribas. Tampoco se entiende muy bien como el Ecofin puede pasar por encima de los acuerdos de la Autoridad Bancaria Europea y el Consejo Europeo. Pero, en fin, ya hemos visto suficiente sobre los movimientos acomodaticios como para ser cautelosos. Los mecanismos de desapalancamiento ya se han registrado en cascada en toda Europa. En su conjunto las decisiones del Ecofin distan mucho de poner remedio de alguna forma al proceso de deterioro que se percibe a nivel europeo. Existe una fisura creciente entre los cónclaves de la UE y las necesidades reales inmediatas de la economía de la zona euro. Estas parecen ser abordadas a golpes de timón exclusivamente por el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y la canciller germana, Angela Merkel. A la vista de la evolución de los acontecimientos más recientes no parece que esa intervención esté dando el resultado esperado por la mayoría de los asistentes a la cumbre del G 20. La crisis europea, el elemento determinante de la parálisis de este grupo de naciones, sigue inalterada su curso. La posibilidad de que en este contexto algunos de los países emergentes contribuyan al FEEF se torna en una fantasía descabellada.

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