edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
22/03/2016
Agotada la munición

El BCE ya piensa en reprogramar los objetivos de consolidación fiscal

El temor a los efectos desconocidos de la liquidez abundante y precios del dinero negativos, provoca dudas de futuro a las autoridades
Juan José González
Algunos miembros de la Unión no son capaces de llegar a los objetivos de déficit presupuestario propuestos por el Banco Central Europeo. Incluso más de uno -al menos tres de ellos-, ni siquiera podrá acercarse a sus compromisos firmados con Bruselas. Así las cosas, es probable que haya que ser realistas y reformar, reprogramar objetivos, nuevos compromisos y también nuevas reglas para que el pacto de estabilidad llegue a cumplirse sino por todos, al menos sí por la gran mayoría. Sin llegar a abandonar el más importante de todos, el control del gasto público, su presupuesto, es posible que países como España, que han aplicado duras medidas de recortes de gastos y reformas muy controvertidas, se pregunten ahora para qué ha servido todo el esfuerzo.
Controlar los presupuestos sigue siendo una cuestión clave no sólo para mantener una ortodoxia necesaria en la gestión, sino también para evitar, entre otras, la formación de burbujas de activos que acaben en fases de recesión como la última conocida. Coincide la reflexión del BCE de reprogramar los objetivos -algunos, al menos los de mayor complejidad económica- de consolidación fiscal con la nueva situación del mercado monetario, al entender que el precio del dinero en cero (o negativo) durante un tiempo indeterminadamente prolongado, puede llevar a los miembros con mayores problemas económicos y sociales de la Unión a un callejón sin salida, a una situación imposible. Cree el banco central que en este caso el remedio puede llegar a ser peor que la enfermedad.

Lo cierto es que a tenor de la marcha de algunas economías, lenta y con posibilidades ciertas de recesión a final de año, no es probable que aparezcan a corto plazo nuevas burbujas de activos. Pero tampoco son descartables algunos riesgos de formación de las mismas. Por eso, porque se mantienen los riesgos, las autoridades del BCE comienzan a dudar de los efectos de tan abundante y duradera orgía monetaria. Es una situación novedosa la del activismo monetario, lo cual hace dudar de los efectos positivos perseguidos, es decir, que sirvan para resolver los problemas de crecimiento económico que atenazan a algunas economías de la Unión. 

En este sentido, la política de control y reducción de déficits presupuestario, no se ha traducido en crecimientos superiores al 3% anual, tan sólo en casos muy aislados, como el español y a un precio que quizá no estaba dentro de lo previsto. La sensación de muchos gobernantes europeos es ahora de incredulidad hacia las iniciativas del BCE de Draghi al advertir un marcado carácter experimental, pero sobre todo por los limitados y escasos resultados de las políticas de ajuste y consolidación fiscal. No extraña, por tanto, que algunos gobiernos se muestren reticentes a aplicar nuevas medidas de consolidación fiscal, a pesar de que algunas de ellas supondrán una cierta flexibilización de propuestas anteriores y que permitan en algún caso, una ligera autonomía de la gestión.

En este punto es donde se localiza ahora mismo uno de esos efectos perversos que produce la política monetaria expansiva, como es que los gobiernos reciben un mensaje confuso -o que estos lo interpretan mal- de que el BCE está ahí, presente y activo en todo momento para resolver `todos´ los problemas que surjan de las reformas estructurales que emprendan. Cuando en realidad, lo que sucede es que los gobiernos suelen arriesgar lo justo, que es más bien poco, para no comprometer sus propios objetivos políticos, los particulares -por ejemplo, de su programa electoral-. Salvo que se sientan muy presionados internamente y vean peligrar sus objetivos políticos.

El banquete provocado por los ideólogos monetarios del BCE, bien puede acabar en desgracia o catástrofe a nada que los resultados de tales políticas monetarias tarden en llegar a las economías y a la sociedad. Riesgos, peligros y escepticismo que son ahora poderosos alimentos de la desconfianza, en particular, sobre esta fase del precio del dinero a cero, que sirve para hacer más difícil, si cabe, entender que el banquete acabe con los problemas económicos de los socios. Es lo que sucede cuando se agota la munición. Al menos, es lo que se sabía que podía suceder.

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