edición: 2595 , Miércoles, 14 noviembre 2018
30/06/2014

El BIS advierte en su asamblea anual que una reactivación basada en la liquidez no es sostenible

El banco llama la atención sobre la creación de nuevas burbujas que generan incertidumbres financieras
Carlos Schwartz

El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) ha difundido su informe anual tras la asamblea de este banco de bancos centrales. El mensaje de su director general, Jaime Caruana, es que se “debe salir de la sombra que la crisis ha proyectado” sobre el sistema financiero. La descripción central del escenario por parte del BIS es que desde la crisis desatada en 2007 estamos ante un modelo basado en los bajos tipos de interés y abundante liquidez por parte de los bancos centrales a nivel mundial. El informe señala que se han registrado progresos en la medida, por ejemplo, que las economías de la zona del euro han logrado salir de la recesión. Que la caída de las economías emergentes está resultando más limitada de lo que podría haber sido, que las reformas han comenzado a hacer pie y hay indicios de crecimiento a nivel mundial. Pero advierte de que el reto continúa siendo muy serio y aparecen nuevos riesgos. El informe señala que las familias, empresas y bancos siguen sin lograr reducir su carga de deuda en la medida necesaria, con la excepción de Estados Unidos. Durante el ciclo alcista los recursos fueron mal asignados de forma generalizada y “llevará tiempo trasladarlos a usos nuevos y más productivos”.

En su mensaje anual Caruana señaló que varias economías emergentes se han deslizado hacia el punto más alto de su propio auge financiero, y que mientras esto ha facilitado al resto del mundo atenuar las “consecuencias de la Gran Recesión” se han creado nuevos riesgos en esos países, apuntando que el espacio de maniobra político que esas naciones han obtenido no resulta suficiente para disipar los riesgos. Señaló sin embargo que la existencia de un comienzo de recuperación podría ser una oportunidad para superar los riesgos sobre la base de tres grandes líneas de acción. En primer lugar un crecimiento menos apuntalado por el endeudamiento. En segundo término una normalización de la política monetaria. Y por último un sistema financiero más fiable. El informe del BIS pone de relieve que desde 2007 en las naciones del G20 la relación entre la deuda y el producto interior bruto (PIB) aumentó en más de un quinto “Este es el legado del masivo estímulo fiscal durante la Gran Recesión en las economías avanzadas y la significativa emisión de deuda nueva por parte de las corporaciones en las economías de los mercados emergentes”.

De acuerdo con el informe, desde entonces las economías avanzadas han hecho algunos progresos en la reducción de sus déficit fiscales, pero el hecho es que los niveles agregados de deuda crecen. El nivel global deuda/PIB en los países avanzados ha alcanzado al 275% y en las economías de los mercados emergentes está en el 175%. “Sin lugar a dudas estos niveles de deuda han contribuido a alimentar la demanda. Lo que está menos claro es si van a generar mayores ingresos en los años venideros y de esta forma asegurar que sea sostenible”, afirmó Caruana glosando el informe anual. Uno de los aspectos negativos de este modelo de crecimiento es la relativa debilidad de las inversiones en las economías avanzadas. A nivel global la inversión ha crecido, pero el motor de ese crecimiento está fundado en las economías emergentes, mientras que en las economías más avanzadas las empresas se muestran reticentes a las inversiones de capital. “Es cierto que en ciertos países una corrección en la inversión excesiva en vivienda y construcción era necesaria”, pero en muchos países se ha resentido también la inversión en infraestructuras.

La creciente deuda pública y privada ha creado una serie de vulnerabilidades. “A medida que la deuda aumenta la capacidad de los deudores de pagar se hace cada vez más sensible a caídas en los ingresos y a los incrementos en los tipos de interés. De tal suerte que mayor deuda supone una mayor fragilidad financiera y ciclos financieros que pueden hacerse disruptivos de forma creciente”, afirmó el Director General del BIS. El informe recoge de forma amplia estas fragilidades a las que se ve abocado el sistema financiero a escala internacional a causa de esta situación. Como parte de la elaboración hecha por el Banco se encara el problema del estancamiento económico como perspectiva apuntando que las cargas financieras no son los únicos impedimentos a la recuperación, y se señala explícitamente que en las economías avanzadas el crecimiento de la productividad se ha estancado mucho antes del comienzo de la crisis financiera, una tendencia que quedó enmascarada por el auge especulativo. El informe señala el envejecimiento de la población, y la mala asignación de crédito y recursos, como parte de este escenario que en la visión del BIS no se resolvería por la vía de la liquidez sino de las reformas estructurales.

Es difícil de ver de qué forma un aumento de la demanda fomentado por la deuda puede ayudar, señala el informe. Ya en su informe del año pasado el Banco de Pagos señaló que el estímulo fiscal había aportado cierto espacio para respirar, pero “no puede sustituir a las reformas estructurales” señala ahora la institución. De acuerdo con el informe ni la creciente deuda pública ni los bajos tipos de interés pueden alimentar la confianza. Los bajos tipos de interés pueden fomentar la asunción de riesgos, pero no hay garantía de que ello se transforme en inversión productiva. Más bien, como lo ha demostrado el caso de las economías emergentes, los estímulos fiscales acaban convertidos en general en inversión especulativa atraída por los altos tipos de interés de esas economías cuyas autoridades monetarias intentan esterilizar la entrada de capitales especulativos endureciendo el crédito interior.

El BIS no ha ocultado que ve con desconfianza las políticas monetarias a tipos de interés excesivamente bajos. Ha sido uno de los puntos de fricción con las políticas de estímulos fiscales expansivos. “Pero lo más importante es que de persistir durante demasiado tiempo los tipos de interés ultra bajos podrían validar y atrincherar un equilibrio indeseable: el que consiste en deuda alta, bajos de tipos de interés y “crecimiento anémico”.

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