edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
04/01/2011

El Brasil de Rousseff, oportunidad para las empresas españolas

Pedro González
La primera mujer presidenta de Brasil quiere que los dos grandes escaparates del país, el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, marquen un antes y un después en la historia de la que ya se ha convertido en la octava potencia económica mundial (desplazando a España), y en la primera del continente iberoamericano. Son dos citas en las que, al igual que hizo China con los JJ OO de 2008 y la Expo de Shanghai en 2010, se pretende mostrar al mundo los grandes avances conseguidos por un país que aspira a disputar a Estados Unidos el liderazgo en América Latina y a conformar una agenda internacional propia.

Traducido al roman paladino, Brasil se propone convertir el país en un inmenso campo de trabajo para todo tipo de infraestructuras. La carrera por tomar parte en tan gigantesca transformación ya comenzó con Lula, pero su sucesora, Dilma Rousseff, se propone darle el impulso definitivo. De ahí que la larga entrevista mantenida con el Príncipe de Asturias –el doble de lo normal en estos casos- con ocasión de su toma de posesión en el palacio de Planalto, pueda considerarse todo un llamamiento en regla a que las empresas españolas ocupen un lugar preeminente en las diferentes y sucesivas convocatorias. Autopistas, ferrocarriles, aeropuertos, depuración de aguas, urbanismo, estadios y recintos deportivos, y un largo etcétera componen apenas el enunciado de lo que será un gran catálogo de obras a realizar, y por las que pujarán sin duda muchas de las grandes firmas de Europa, América y Asia.

El mensaje de Dilma (los brasileños la llaman así, ante la dificultad de pronunciar su apellido búlgaro) a don Felipe no puede ser más claro: inviertan aquí, que hay futuro y seguridad jurídica, vino a decir en síntesis la presidenta, que anunció también en la misma entrevista su disposición a que la lengua española sea masivamente hablada por la mayoría de los 190 millones de brasileños.

No se limitó, pues, la nueva jefa de Estado de Brasil al mero y cortés intercambio de frases para la ocasión. Ella y el príncipe llegaron a evocar la posibilidad de incrementar la cooperación militar entre Brasil y España, lo cual podría traducirse en la conclusión de algún acuerdo relativo a la industria de defensa. Buena parte de todas estas cuestiones enunciadas podrían ser plasmadas en contratos más detallados cuando Dilma visite España atendiendo a la invitación que el rey le cursó en la carta que el príncipe le entregó en Brasilia.

Consciente de la evolución en las actuales relaciones de poder, la mandataria brasileña empezará sus contactos internacionales con un viaje a China, la potencia llamada este mismo año 2011 a superar a Estados Unidos como primera productora mundial. La voracidad con la que Pekín está extendiendo su influencia a otros continentes, incluida América Latina, ha provocado ya los primeros síntomas de alarma en países como el propio Brasil, pero también en México y Argentina, que temen que China tenga la tentación de comportarse con ellos como lo ha hecho en África, es decir imponiendo un soterrado modelo de neocolonización consistente en arramblar con las materias primas a cambio, sí, de construir grandes infraestructuras, pero en cuyos proyectos y realización apenas hay participación local.  

Junto con India, Brasil es la gran potencia emergente –las otras son China y Rusia- que no goza de un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Conseguirlo era una aspiración de Lula, que ahora retoma Dilma Rousseff con ímpetu, y para cuya consecución ya cuenta con el respaldo político anticipado de Portugal. Si América Latina ha de contar al menos con un representante en ese sanedrín es evidente que el puesto a día de hoy debe corresponderle a Brasil, que definitivamente ha erradicado los motivos que llevaron en el pasado a que se le calificara con sorna de sempiterno país del futuro. La pujanza de su realidad de hoy desmiente rotundamente aquella ironía.

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