edición: 2721 , Martes, 21 mayo 2019
21/11/2008

El brazo tonto del mercado

J.J. González

Cuando se pierde, se pierde, y recuperar en una sesión las pérdidas semanales resulta misión casi imposible, así que tímida reacción y rebote limitado, con protagonismo de las estrellas de la jornada (Repsol, Sacyr y Criteria) en su particular faena.

A la vista de los resultados, muchos operadores justificaron hoy el trabajo de medio año, recogiendo las ganancias de un pequeño rebote, que seguramente tendrá continuidad en las próximas jornadas, salvo cataclismo de última hora. Fue de esos días en que se ve mucho dinero que va a tiro fijo, en busca de plusvalías; Indo, Dogi, ENAGAS, Prim, Sol Meliá, TUBACEX… además de los Criteria, Repsol y Sacyr, por razones obvias. El mercado fue de menos a más y terminó dando la vuelta para quedar, prácticamente, en tablas, así que la semana se salda con un 8% de pérdida (-46% en el año)

Para la CNMV, hoy la operativa bursátil, el mercado, la operación en trance, todo, le parecía del revés al regulador, que cuenta (y suma) sus intervenciones por fracasos. Hoy pudimos comprobar cómo una “mano negra”, por llamarlo de alguna forma, suspendió la cotización de Repsol y Criteria, pero no la de Sacyr, antes del inicio de la sesión de Bolsa. Fue necesario esperar hasta las 10:45h para el regulador “colgase” en su web un “hecho relevante”, lo que sirvió para confirmar al mercado que la cotización de Repsol y Criteria estaban suspendidas y no “abducidas”. Lamentable la cintura y velocidad de ese organismo “brazo tonto de la ley” que rige nuestros mercados de valores, incapaz de explicar a los accionistas e inversores por qué no se suspendió, igualmente, la cotización de la constructora.

El dinero se dio cita hoy en los terrenos que le son propios a la especulación y a los grandes valores. La Banca recuperó lo perdido el día anterior, para satisfacción del Santander, principal perjudicado en las últimas sesiones. Las constructoras recibieron un tímido impulso, más por la valoración del sector que por méritos particulares. Hoy toda la atención del escenario se la llevaron las tres vedettes inmersas en la producción española “Qué vienen los rusos”. Se sabe que vienen, pero no cuándo, ni cuántos, ni por dónde, aunque sí para qué. Y el para qué tiene dividida a la parroquia, es decir, al mercado, al público y lo peor de todo; al Gobierno que, sin que esto suponga una crítica, exhibe un desconcierto industrial más propio de quien vive en la inopia que en el poder del Ejecutivo. Así las cosas, sí primero fue Endesa, ahora será Repsol y luego le tocará el turno Gas Natural o a quien sea. Lástima que no se fijen en el sector naval o en el  minero, sólo por ofrecer alguna idea.

Parece que tras la operación nos quedará el consuelo de una revalorización de los títulos de estas tres compañías –pero nunca a niveles de enero de 2008-, así como las palabras siempre bien intencionadas de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega “nos gustará seguir viendo a un español al frente de la gestión”, que equivale a un “todo por la patria”; y la no menos diplomática y sincera exigencia “queremos reciprocidad”, del comisario europeo Joaquín Almunia. 

Asunto que no podía pasar sin ser comentado por los operadores, fue la subasta del Tesoro que ayer reunió a un buen puñado de entidades financieras con un mismo motivo pero no con el mismo fin. Los profesionales del mercado, acostumbrados por las exigencias del guión a ser muy prácticos, consideraron que la cita de ayer no da para más, y que no es un fracaso porque allí se presentó a comer quien tenía hambre. Si la cita se despachó con una semidesierta subasta, la conclusión primera que se puede sacar es que no parece que haya problemas de liquidez por ninguna parte. En último extremo esta primera subasta pudo servir a organizadores y asistentes (y también a los no asistentes) como prueba y error, para testar. Lo que no quiere decir que la medida propuesta por el Gobierno sea de corto recorrido, vamos, que las subastas servirán para muy poco.

Las Bolsas están baratas, lo que no quiere decir que el mercado no exagere la situación. La segunda oleada de miedo y desconfianza está atenazando ahora el porvenir de las inversiones. Algunos operadores ya han tomado la decisión de comenzar a elegir candidatos para una buena cartera, porque las jornadas de fuertes correcciones que se esperan no serán más de dos o tres. Los más optimistas ya atisban el suelo aunque sigan viviendo en un movimiento bajista, sólo salpicado por rebotes puntuales y por movimientos excepcionales.

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