edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
16/06/2016
Ocasión para ganar poder en la UE

El Brexit corregirá la posición española en la jerarquía europea

La salida de Reino Unido obligaría a una reestructuración institucional que no debería dejar escapar el Gobierno
Juan José González
Los pesimistas están ganando la partida en las apuestas públicas que se celebran en Europa: el Brexit le sacaba ayer siete puntos al no Brexit. Pero los optimistas, que nunca dejan de creer, creen ver en el abandono voluntario de Reino Unido más oportunidades que pérdidas; bien podría aplicarse a la ocasión aquello de que "no hay mal que por bien no venga". Porque en el asunto del Brexit no todo son daños y prejuicios, quebrantos y molestias, no; el abandono de Reino Unido a petición propia (nada que objetar) del club europeo puede, si llega a `referendarse´, dejar huecos y vacantes, sillones y cargos que a más de un país puede interesar. Si el hueco de representación que se crearía con el abandono de tan potente socio pudiera interesar en especial a algún socio de la UE, ese sería España, infrarrepresentado, hoy un cero a la izquierda en la jerarquía institucional europea. La ocasión la pintan calva.
Calva pintaban a la diosa los antiguos romanos a la que, ¿quién lo diría? sería recordada dos mil años después por el asunto del Brexit. En estos días de angustias políticas y de carencias económicas, proliferan los inventarios de efectos maléficos que comportaría la deserción británica del club europeo. La letanía de daños y perjuicios está colmada de impuestos, presupuestos, pérdidas de derechos y más pérdidas de puestos de trabajo y, sobre todo, pérdida de dinero en abundancia. Son los evidentes daños directos y sus colaterales, tan relevantes para los `desertores´ británicos como para los `desamparados´ europeos. Como también es evidente la utilización del argumento del miedo para presionar a los díscolos británicos, todo lo cual ha provocado una buena dosis de exageración de los daños recogidos en el repertorio.

Siguiendo a los optimistas, el Brexit parece representar una ocasión de oro para los intereses políticos españoles de aumentar el poder de España en las instituciones europeas, deficiencia reconocida de forma expresa por varios socios, entre ellos, Francia y Alemania. Se trata de una especie de `deuda pendiente´ con España que no está recogida en ninguna cuenta, pero sí aceptada en el seno de la UE. La deuda cobró mayor interés hace ahora un año, con motivo de la batalla por hacerse con la presidencia del Eurogrupo, y que, posteriormente ganó el holandés Jeroen Dijsselbloem. Y desde entonces la herida sigue abierta.

Hace un año (12-6-2016) el ministro de Economía español, Luis de Guindos, presentaba su candidatura a la presidencia del Eurogrupo con las mejores credenciales, como correspondía a un expediente que le hacía acreedor de alumno aventajado en la aplicación de la doctrina germana imperante en la Unión, y al parecer avalados por algunos datos resultantes de las reformas económicas. Los analistas explicaron la derrota de la candidatura española con argumentos políticos en clave de un futuro electoral que no iba a favorecer a un `popular´ para presidir la UE.

El frustrado aspirante a la presidencia del Eurogrupo se unía de esta forma a la menguante presencia española en puestos relevantes en las instituciones. No era el de De Guindos un caso aislado, si no uno más a sumar a la pérdida de Joaquín Almunia de, nada menos que, una vicepresidencia en la Comisión Europea. A esta pérdida le siguió la de José Manuel González-Páramo en el Banco Central Europeo. Y así las cosas, así la marginación española de las instituciones europeas, parece razonable que la actual coyuntura, en la que están en juego varios sillones de muy interesantes instituciones de la UE, pueda ser aprovechada por la diplomacia política española.

El Brexit, caso de llegar a consumarse, puede ser la gran oportunidad para que España gane posiciones en una jerarquía institucional europea en la que hoy día no es más que un cero a la izquierda. Sin profundizar en las posibles causas de esta débil situación institucional, es necesario reconocer que la fortaleza del Gobierno de Mariano Rajoy, no haya sido suficiente para alcanzar los sillones deseados de mayor peso en la Unión. Lo que no resta para aspirar a que, en la hipótesis del Brexit, España se vería beneficiada por la inevitable y profunda reestructuración institucional que deberá llevarse a cabo. Por eso, y por más cosas, la ocasión la pintan calva. Aunque ahora la diplomacia deberá moverse con fina habilidad para aprovechar el hueco, la coyuntura.

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