edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
14/11/2012

El buen camino

Rafael Vidal
Nuestro ministro de Economía está de lo más ocurrente a medida que se acerca la petición de rescate, hasta el punto de que ve signos de recuperación donde el resto de los mortales ve problemas. Da la sensación de que los miembros del Gobierno se turnan para contarnos sus particulares "apariciones" que, curiosamente, coinciden con la opinión de los que nos imponen su manera de hacer las cosas. A esto, le llaman ir por "el buen camino", el mismo que han seguido Grecia y Portugal y que, con el paso de los días, deja ver con claridad que la actual política de la Unión Europea es exactamente la misma que la del Partido Republicano de Estados Unidos: hay que adelgazar el Estado para que ese hueco lo ocupen los negocios privados.

En España, donde la derecha ultramontana es predominante, se ha pisado el acelerador en los últimos días y se desmontan a toda velocidad servicios tan básicos como la sanidad o la justicia. La Comunidad de Madrid se abandona en los brazos Capio -sé que suena a culebrón, pero es lo que hay-, al tiempo que Ruiz Gallardón deviene en ministro de Injusticias, según la opinión mayoritaria del gremio, al tratar de convertir otro derecho universal en un bien de mercado.

Resulta aleccionador que, tanto los profesionales de la justicia como los de la sanidad, se hayan levantado contra estos desmanes, aunque esta vez con el apoyo del aparato judicial, en el primer caso, y del médico, en el segundo, lo que quiere decir que nuestros gobernantes -que de alguna manera hay que llamarlos, para entendernos- se están equivocando del todo.

Un representante de los abogados que protestan contra el "coste injusto de la justicia" decía uno de estos días que "la protesta es la gasolina de la democracia". Resulta llamativo que un estamento tan bien situado como este clame, junto con los jueces, contra la conversión de un servicio público en un bien de pago, así como me sorprende que el Colegio de Médicos se levante contra el cierre/reconversión de un hospital modelo de la sanida madrileña. Al final, no me va a quedar más remedio que admitir que, aunque sea por motivos muy diferentes, estoy de acuerdo con los que dicen que vamos por el buen camino: hay rectificaciones en lo de los desahucios, hay rectificaciones con la locura del Hospital de la Princesa y todo parece indicar que se rectificará con la justicia de pago. Lo dicho: la protesta es la gasolina de la democracia.

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