edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
04/11/2014

El cambio de tendencia en el crecimiento del PIB del tercer trimestre cuestiona el optimismo del Gobierno

La demanda interna deja de tirar del crecimiento mientras el sector externo se debilita
Carlos Schwartz

“La menor tasa de crecimiento en el tercer trimestre es la manifestación de una tendencia que será necesario vigilar pero en principio indica un cambio que se puede consolidar en el último trimestre del año”, de acuerdo con una fuente del departamento de análisis de un fondo extranjero de inversión con intereses en España. El analista señala que “las mayores dificultades en el comercio internacional a resultas de la debilidad económica en los países emergentes, como algunos mercados de iberoamérica y en la Unión Europea están afectando a las exportaciones de España. Pero si se miran de forma más detenida los resultados, se puede ver que la demanda interna se ha debilitado”. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) algunos componentes de la demanda interna como el consumo de los hogares se han desacelerado. “Esto era de esperar, se han enfriado las expectativas de mejoría y la realidad es que la renta disponible de los hogares no solo no crece sino que se reduce o está estancada.

El crecimiento de la demanda por parte de los hogares se ha basado en el consumo del ahorro familiar o en el endeudamiento para el consumo sobre la base de los bajos tipos de interés”, señala una fuente del departamento de análisis de un banco español.

Más allá de las opiniones los datos demuestran que las ventas del comercio minorista crecieron un 2% en el tercer trimestre comparado con un 3% en el segundo trimestre. Esta tendencia a la reducción de las ventas se ha detectado por ejemplo en el sector de los automotores y en las importaciones en algunos segmentos de los bienes duraderos. Todo indica que la financiación de las ventas a plazos ha estado detrás del crecimiento de la demanda desde el tercer trimestre de 2013. Habría que valorar en ese efecto inicial el peso del mensaje persistente de mejoría de los indicadores económicos agigantado sin el menor pudor por los portavoces del Gobierno y sus ministros económicos, sin despreciar el permanente aporte a este clima por parte del presidente cuyo prestigio no parece pasar por el mejor de los momentos. No es sencillo de valorar el efecto ocasionado por el clima político que se ha precipitado tras la secuela sin precedentes de epifanías de la corrupción.

Sin embargo, el Índice Adelantado de Confianza Empresarial del INE da algunas pistas, e indica una fuerte caída en el cuarto trimestre de este año hasta el 0,2% tras pasar por el 3,9% y el 4% en el segundo y tercer trimestre. En el primer trimestre del año era del 0,8%. Pero en cualquier caso, además de las fuertes oscilaciones que muestra, refleja un deterioro respecto de las expectativas en 2013. Los indicadores de confianza del comercio minorista y de los consumidores también han caído. El optimismo oficial insuflado a la población con el objetivo de atajar el deterioro de las perspectivas electorales se viene abajo, pero no sin haber hecho mella antes en el ahorro familiar. El gasto de las familias ha estado muy por encima de su renta disponible que ha mostrado en trimestres recientes un muy modesto avance. Un ciclo de consumo basado en el endeudamiento no es sostenible en el medio plazo y aunque perdure, si bien más débil, no puede ser un motor de la recuperación económica. Por añadidura, el comportamiento de los precios se añade a la carga de la deuda de las familias. El índice de precios al consumo ha tenido cuatro meses consecutivos negativos respecto al año anterior y pese a la salva de cañones porque en octubre fue solo del -0,1 seguimos bordeando una deflación.

Desde el punto de vista de la necesidad económica debería ocurrir lo contrario de lo que ha pretendido alentar el Gobierno, es decir haría falta un aumento del ahorro de las familias destinado a reducir la deuda. Está claro que una necesidad de esa naturaleza supone de hecho un acotamiento del margen de crecimiento si la política económica en el país no se orienta hacia mayores ingresos que no se basen en el consumo interior, y ciertamente la política de la UE no contribuye a que estas restricciones dejen de operar sobre las economías nacionales de la periferia del euro. Alemania se opone férreamente a un incremento de la inflación y a una caída del tipo de cambio del euro, que beneficiaría abiertamente a las exportaciones españolas al resto del mundo. En este contexto se pueden abandonar las esperanzas de que el crecimiento económico supere el 2% anual, un umbral decisivo para la creación de empleo. En realidad la décima de diferencia en el crecimiento del PIB del 0,6% del segundo trimestre al 0,5% del tercer trimestre no es representativa en si mismo sino como tendencia. Y vale la pena recordar que por encima del 0,5% cada décima de incremento del PIB supone un aumento del empleo superior a los 15.000 trabajadores. Dentro de su campaña de multiplicación de los panes y los peces en el mes de octubre el ministerio de Fomento hizo saber a las grandes constructoras que el plan de inversiones contenido en los presupuestos generales del estado para 2015 supondría un respiro a su asfixia. Pero todo parece indicar que esta promesa de inyección de recursos llega tarde habida cuenta del clima político del país.

Queda ahora claro que el Gobierno ha pretendido alentar el optimismo y la confianza de empresarios y consumidores en la recuperación económica para desatar el consumo de las familias. Su expectativa era que el “despegue” de España se acoplara con un mayor crecimiento del resto de la zona del euro que continuara tirando del sector exterior español, como ya lo hizo de hecho de forma coyuntural no solo con España sino con el resto de la periferia del euro especialmente Grecia y Portugal. Pero el estancamiento económico en el núcleo duro de la economía del euro, Alemania y Francia, no muestra ninguna señal de reactivación lo cual ha derribado las expectativas del Gobierno en vísperas de una año electoral. Para mayor incertidumbre el partido de gobierno sufre un verdadero colapso de su imagen que lleva al empresariado a temer las consecuencias del clima de disolución de los grandes partidos y la emergencia de corrientes fuera de su control. Con un timonel temerario al mando España entra en aguas para las que no existen cartas marinas. El primer escollo de gran magnitud se avistará el próximo 9 de noviembre.

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