edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
20/04/2015
Un fraude de 5,3 millones de euros

El caso Rato reabre el debate sobre la falta de ejemplaridad de la ‘clase política’ y la decadencia de la ‘marca España’

Los internautas consideran que la amnistía fiscal fue una ventana creada por y para defraudadores
ICNr
Cuando parecía que la crisis no podía dar más de sí en lo que a escándalos políticos y económicos se refiere, un nuevo caso –y de los grandes- de ‘estafa’ política vuelve a colocarse en el punto de mira de la opinión pública. La detención de Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno, en el marco de una investigación relacionada con presuntos delitos de fraude fiscal y blanqueo de capitales, se convirtió en objeto de debate y de la más dura de las censuras públicas durante todo el fin de semana. El resumen es claro: la relación entre gobernantes y fraude es cristalina teniendo en cuenta que el listado de 705 nombres remitidos por Hacienda al Sepblac está compuesto íntegramente por políticos.
Este golpe de gracia llega, además, en un momento muy delicado del calendario electoral, en el que la balanza parecía volver al centro en detrimento de las nuevas fuerzas emergentes. Los últimos varapalos a partidos como Podemos parecían funcionar a favor de los partidos tradicionales –aunque sólo hasta cierto punto- pero el revés del caso Rato, con su origen en la tan criticad amnistía fiscal de 2012, ha supuesto todo un golpe en el tablero que vuelve a desordenar la situación.

No es para menos teniendo en cuenta de que, a estas alturas, la opinión pública tiene completamente interiorizada la idea de que la ‘ventana’ fiscal de 2012, creada por el Partido Popular, se diseñó por y para el ‘club’ de defraudadores de la clase política. No se trata, aseguran, de una opción creada para personajes ajenos al Gobierno, sino para su propio disfrute y beneficio. Sólo así se explica la implicación de tantos cargos del mundo de la Administración en casos de blanqueo.

Para la opinión pública, resulta cuanto menos “bochornoso” que los ciudadanos tengan que tolerar escenas como la de la detención de Rato, algo que perjudica profundamente a la imagen de España en el extranjero y que daña la percepción propia del país y de las personas encargadas de su gestión. Y aunque generalizar no se considera una buena idea, tampoco es un buen síntoma constatar hasta qué punto la élite ejecutiva del país se encuentra implicada en escándalos de todo tipo. El peor ejemplo, en definitiva, parece venir de quien debiera dar el mejor, y ello sólo puede generar desapego hacia lo público y la conciencia de que, con un panorama así, la política más inteligente es la del “sálvese quien pueda”.

La conciencia fiscal, la defensa del Estado y de sus instituciones, se encuentran de capa caída, así como la percepción que los ciudadanos tienen del Gobierno, de sus miembros y de quienes aspiran a ocupar estos puestos. Parece, a juicio de los lectores, que los únicos incentivos para llegar hasta ahí son el “robo” y la práctica de actividades ilegales.
Mientras, Rato insistió a finales de la semana pasada en su inocencia, y aseguró no tener “a día de hoy” ninguna sociedad fuera de la UE, aunque es evidente que la investigación a la que va a ser sometido promete ser farragosa, ya que de su despacho han salido ordenadores y documentación de hace 20 años. Precisamente el diario El Mundo arrojó más leña al fuego tras publicar ayer cómo Rodrigo Rato tejió un entramado societario basado en facturas internas irregulares y "de conveniencia" entre empresas para evitar tributar por IVA, Impuesto de Sociedades e IRPF, según se desprende de la documentación de la investigación de la Agencia Tributaria, a la que tuvo acceso el diario, que cifra en 5,3 millones de euros la cantidad que pudo haber defraudado el que fuera vicepresidente del Gobierno y máximo responsable de Hacienda.

¿UN ESCÁNDALO MAYOR?

La opinión pública se enfrentó a la noticia del registro en el domicilio de Rato y su presunta implicación en delitos de fraude fiscal y blanqueo como la posible “punta del iceberg” de un caso mucho mayor, con muchos implicados. Eso sí, algunos lectores señalaron que dice cosas buenas del sistema el hecho de que Hacienda haya tomado cartas en el asunto y haya comunicado al Sepblac la existencia de indicios de delito. Otra teoría, nada desechable para muchos, pasa por la voluntad de los Inspectores de Hacienda de hacer daño al actual Ejecutivo para propiciar un cambio político, del signo que sea.

En cualquier caso, los medios recordaron que el escándalo de los últimos días no es el único al que se enfrenta Rato: el exvicepresidente ya está imputado por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu en la causa sobre la fusión y la salida a Bolsa de Bankia. Igualmente, se le investiga en la pieza separada en la que se analizan las tarjetas blackopacas al fisco en la que los exconsejeros de Bankia y de Caja Madrid cargaron 15,5 millones de euros. A ello se suma que Rato aparece en sendas querellas presentadas por UPyD y Manos Limpias en relación con sobresueldos que habrían cobrado directivos de Caja de Madrid durante las presidencias de Miguel Blesa y Rodrigo Rato. El FROB puso en conocimiento de la Fiscalía esta práctica presuntamente irregular, y el Ministerio Público la judicializó en un órgano de Instrucción de Madrid sin que por el momento el asunto haya avanzado.

Mientras, los internautas hablan del grado de corrupción que envuelve al PP, aunque no esperan nada mejor del PSOE y, en general, de los partidos políticos “al uso”. Es más, casi se miró con nostalgia los años en que la corrupción generaba verdaderas dimisiones por mucho menos: “Qué tiempos aquellos los del váyase señor González " por la corrupción. En cuanto a las posibilidades de que Rato acabe en la cárcel, los ciudadanos no confían en ello: aseguran que el exministro probablemente habrá tenido “tiempo de sobra” para destruir pruebas antes del registro, y recuerdan que todos los grandes casos de fraude fiscal acaban siempre con el mismo resultado.

Pase lo que pase, la consecuencia directa de estas situaciones es el descrédito de la clase política en general, a la que se acusa de haber esquilmado a España y a los españoles. Otros, sin embargo, trataron de matizar y recordaron que “Rodrigo Rato hizo muchísimas cosas bien por todos los españoles”. Así, tal y como aseguró un lector, “si ha hecho cosas mal tendrá que pagarlas, pero no me parece justo olvidar su lado bueno. Y como conclusión final, un guiño a la incomprensión: “No entiendo cómo gente como el Sr. Rato o el Sr. Urdangarín, con la vida más que solucionada, se meten en semejantes lios... Quizá no lo entiendo porque detrás haya toda una trama de intereses que no se explica”, reflexionó un lector.

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