edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
29/10/2015
LA OREJA DE LARRAZ

El CES avisa de que el 71% de las demandas de empleo exigen una experiencia de 3,5 años y valoran menos la titulación

Javier Ardalán
El 77% de las empresas españolas consideran que la experiencia es el factor principal en la selección de un candidato, según informa el Consejo Económico y Social (CES) sobre empleabilidad en España, por lo que concluye que son necesarios mecanismos de formación práctica que faciliten las transiciones entre formación y empleo.
La exigencia de experiencia se encuentra como requisito en el 71% de los puestos, con una media de 3,5 años solicitados como experiencia mínima, lo que apunta al problema de la inserción inicial para los jóvenes, para quienes no basta acreditar sus conocimientos a través de la titulación, dado que se exige además experiencia.

Las ofertas de empleo de las empresas han pasado del concepto tradicional de tareas y habilidades a funciones y competencias. Más allá de la posesión de conocimientos, acreditados por titulaciones o experiencia profesional, las empresas demandan competencias, incluyendo habilidades y aptitudes, como la capacidad comercial el trabajo en equipo, los conocimientos de idiomas o el manejo de las nuevas tecnologías. De ahí la importancia de la mejora de las competencias profesionales, que es un concepto que va más allá de las cualificaciones formales.

El detalle por tramos de los años de experiencia, muestra que se trata de una distribución concentrada en los extremos, con casi un 29% de ofertas que no requieren experiencia y cerca de un 45 por 100 que requieren tres o más años.

Por otro lado, si se ponen en relación estos datos con la edad preferida por las ofertas de empleo cualificado, parece que se concentran en tramos relativamente jóvenes: 34 años como edad promedio, con una concentración clara en los tramos de 26 a 40 años, siendo además distinto para los empleados y para los directivos con, respectivamente, 33 y 38 años de media. Hay además pocas ofertas a partir de los 45 años, de manera que la acreditación de la experiencia pierde valor en función de la edad para los mayores, y subraya los problemas de éstos para reinsertarse en el empleo.

De acuerdo con los datos de Infoempleo 2014, casi un 33% de las ofertas solicitan idiomas, siendo el inglés (con un 89,5% de los casos) el idioma más valorado, con un volumen creciente de ofertas para trabajar en el extranjero, aunque solo representa aún el 0,9% del total. Por otro lado, en la encuesta a empresas los idiomas son muy o bastante importantes para un 56% del total, y sólo un 20% los considera poco o nada importantes.

La importancia atribuida es menor para la capacidad de dirección, el manejo de lenguas extranjeras y el dominio de herramientas tecnológicas específicas, pero incluso este último mostraba en 2013 un 28,7% de empresas que le conferían un grado alto de importancia.

Otro dato importante. Los titulados universitarios se ocupaban en España en un 52,5% de los casos en empleos por debajo de su nivel de cualificación, lo que supone una incidencia del fenómeno de la sobrecualificación por encima de la media europea, del 41,5%.

Las competencias relacionadas con un uso eficiente de las tecnologías es ya no un plus para el candidato, sino un requisito previo que, incluso, parece estar remitiendo en su formulación explícita en las ofertas porque se da por descontado que los candidatos lo cumplirán, lo cual puede ser cierto sobre todo para los jóvenes, e incluso tampoco para ellos en todos los casos.
En la encuesta a empresas de Infoempleo, un 69% considera que las competencias en nuevas tecnologías son muy o bastante importantes en la selección del candidato, y sólo un 8% considera que tienen poca o ninguna importancia.

Por ello, dice el CES en su informe que en la oferta universitaria se observa una excesiva concentración en determinadas ramas de conocimiento y unas menores tasas de rendimiento en materias como matemáticas, que pueden tener su origen en la educación previa a la universidad.

El CES considera deseable una mayor coordinación de la política universitaria, con una planificación estratégica de las enseñanzas, que se anticipe a los desajustes en cualificaciones y competencias en la relación entre oferta y demanda de trabajo.

Estos desajustes requieren no solo de políticas educativas, sino de otras políticas como las de ciencia e innovación, las industriales o las de desarrollo regional, y en todo caso se hace necesario reforzar los vínculos entre universidad y empresa.
En el informe, dice el CES que es necesario incrementar de forma sustancial las convocatorias de evaluación y acreditación de las competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia laboral y la consiguiente oferta de formación complementaria necesaria para la obtención de un título de Formación Profesional.

En sus conclusiones, se apunta que hay que incorporar una óptica de la gestión por competencias profesionales, que incluyen cualificaciones formales y también aptitudes como la capacidad comercial, el trabajo en equipo, los idiomas o el manejo de nuevas tecnologías. Además, se debe fomentar la empleabilidad mediante instrumentos que integren una pluralidad de actores y de políticas (educativas, activas de empleo, económicas y sectoriales).

El objetivo de lograr un adecuado ajuste entre oferta y demanda de competencias viene formado parte de las agendas de las políticas de las principales instituciones internacionales a lo largo de más de una década.

La importancia de aumentar la colaboración entre las universidades y las empresas para mejorar las competencias profesionales y mejorar la empleabilidad de los egresados universitarios sigue siendo una demanda compartida, pero tanto diversos documentos de expertos como encuestas señalan que, aunque se ha mejorado en algunos ámbitos, como las prácticas de los universitarios en las empresas, en los otros mecanismos de colaboración señalados se debe seguir trabajando.

Las principales barreras señaladas para aumentar esta cooperación son: el impacto de la crisis financiera, la limitada capacidad de la estructura empresarial, la falta de recursos financieros en las empresas, y la burocracia; aunque también se apuntan como relevantes las diferencias entre universidad y empresa en cuanto a motivaciones y valores, y el diferente horizonte temporal de ambas instituciones.

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