edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
29/12/2017
2018 hereda delicadas asignaturas pendientes

El cierre anual deja en mal lugar la aportación política a la estabilidad económica

Algunas inaplazables, como las pensiones; nocivas, como el nivel de deuda pública, no aseguran el equilibrio político y económico en el próximo año
Juan José González
Los hechos siguen siendo tozudos. Después de un año entero, el que termina ahora deja un escenario propio de los finales de batalla en asuntos clave de la vida de los ciudadanos, marcado principalmente por las actividades políticas y las económicas. Unas y otras sufren los inconvenientes naturales de una situación de difícil gobierno y de compleja gestión. Por esta razón, cualquier balance parece estar condenado por los resultados, pobres y escasos, de la acción política. Y así, por mucho que se intente construir un escenario donde domine la ilusión, éste se encontrará aún muy lejos de aquel que marcó en 2007 el punto álgido de la vida económica del país, si bien, desde otro lado más optimista, el que termina ahora es el cuarto año desde aquel fatídico 2013 que marcó el punto de inflexión de la economía española. Si se confirma la previsión del Banco de España, el crecimiento anual de 2017 se cerrará con un avance del 3,1%, buena cifra aunque todavía alejada del 4% del año previo a la crisis financiera. El empleo continua su línea de recuperación, pero también insuficiente para los objetivos que plantea el Gobierno y las demandas de la sociedad. Demanda que como el aumento de los salarios es una asignatura pendiente que no se arregla con la subida, o revisión, del salario mínimo interprofesional, aunque sí parece ser la base para otras mejoras salariales que harán posible un aumento del consumo, de la actividad económica y también del empleo.
La sensación general de los agentes económicos sobre el año que finaliza no deja lugar a dudas y su sentencia apunta con claridad a la clase política, de cuyo balance se desprende un resultado escaso como contribución de su trabajo a la estabilidad, certidumbre y seguridad que necesita la economía. Desde esta vertiente, la postura de los inversores internacionales, en su objetivo de hacer negocios en España ha podido chocar con la inestabilidad política, patente a lo largo del año y que, a pesar de haber cerrado su última cita el pasado 21 del corriente mes, no parece haber terminado.

Quizá pueda servir de guía, termómetro o barómetro de la situación política, empresarial y laboral del país, la temperatura que marca el mercado bursátil, bastante buen reflejo de la salud de los mercados, de los resultados empresariales, del empleo y de las expectativas de futuro. Y en este sentido, el barómetro bursátil del Ibex 35 ha registrado un comportamiento con altibajos, llegando a ganar el 20% en su momento estelar al superar durante unas horas el nivel de los 11.000 puntos, si bien, las sucesivas correcciones por episodios de política interna han reducido las ganancias de los valores líderes españoles a un escaso 8,7% con el que, previsiblemente concluya el mercado bursátil.

Así las cosas, cabría augurar para 2018 un ambiente más propicio, alcista, de expansión y consolidación de ganancias, de empleo, salarios, también de mejora de la exportación, con avances en los resultados empresariales, con un sector bancario más dinámico en la financiación de actividad económica, una vez ajustado su tamaño y con el concurso, según indican las previsiones y los deseos del BCE, de un ritmo más inquieto en los tipos de interés. Que el mercado bursátil español se haya quedado atrás respecto a los competidores europeos, después del comportamiento espectacular de algunos índices norteamericanos así como la mayoría de los emergentes, debería preocupar a las autoridades políticas en tanto que supone localizar algunos problemas económicos, con base política, en el mercado de la renta variable en el que tienen depositados sus ahorros millones de españoles.

Deuda y pensiones, asignaturas pendientes y urgentes, unidas por el destino, en buena parte por la indolencia de los partidos políticos, incapaces que son de negociar y alcanzar acuerdos -hacer política- de Estado. La metáfora de la botella medio llena o medio vacía, útil para expresar una visión sobre las cosas, nos indicaría que en la medida en que los responsables políticos lograsen seguir avanzando en la reducción de la deuda, las posibilidades de aprovechar el crecimiento de la economía serían mayores y redundaría en mayor bienestar para todos. Esta sería, por tanto, la parte medio llena, expresión del optimismo y de la esperanza, de la confianza en que la clase política estaría centrada y cumpliendo con su obligación.

La parte medio vacía, sin embargo, es la que suscita mayores interrogantes y desconfianza, tanto presentes como futuras, y esta no es otra que el futuro de las pensiones, capítulo tan pesado como importante en los presupuestos públicos así como también íntimamente ligada al gasto público por la vía de los costes financieros que conlleva el servicio de las deudas y el propio del pago de las pensiones. La botella parece seguir medio vacía en este aspecto, habida cuenta de que, al término del presente año, no se registra ningún avance -positivo- digno de mención y sí se advierte una creciente preocupación en la medida en que sólo un crecimiento de la economía superior al 2,8% es capaz, y a duras penas, de hacer frente al pago de las pensiones presentes. Cabría concluir que, en este sentido, 2018 hereda -y acumula- las asignaturas pendientes de 2017.

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