edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
08/09/2009
El suministro, en entredicho

El coche eléctrico le despierta los fantasmas nucleares a Sebastián

Los fabricantes le recuerdan que para cumplir el Plan Movele harían falta hasta dos centrales nuevas
Ni la distribución del suministro ni la integración de las renovables para aprovechar las horas valle le permitirán prescindir de la energía atómica
Javier Aldecoa

Se empeña en guardar el debate energético bajo siete llaves de silencio con la esperanza de consagrar así la garantía de que todo seguirá en la inercia de la nada. Se sube al Plan Movele, quiere un millón de coches verdes en la calle en 2014, nada de medias tintas, ni siquiera los híbridos están a la ‘altura’ del mapa que dibuja Miguel Sebastián. Y los quiere nacionales, aunque aún ni están ni se los espera. Alimentarlos será otra cosa. No son sólo los fabricantes -con Volkswagen y General Motors en cabeza-, el Foro Nuclear y la CEOE los que le amargan sus fanfarrias y  le ponen apellidos automovilísticos a su tabú nuclear. Los fabricantes tendrán que despejar el precio más elevado de los modelos eléctricos -pueden llegar a ser unos 30.000 euros más caros que uno no híbrido- y el coste de las baterías -unos 12.000 euros para una autonomía de 100 km-, pero al Ministerio y las empresas les corresponde despejar las incógnitas del suministro y sobre todo las de la distribución. Y todas pasan por una adaptación de la red de gasolineras. Se lo recuerdan REE y UNESA: su modelo ‘ideal’ ayudaría a integrar las renovables y a superar los valles de la eólica, y si no se opta por el híbrido servirá como almacén eléctrico móvil. Pero no será ahora. Antes requiere infraestructura y suministro versátil, fiable, ‘limpio’ y económico. Y hoy por hoy ese horizonte de las ‘ruedas verdes’ de Sebastián pasa por la energía nuclear. Los planes del ministro, un aumento de producción de energía eléctrica entre 6.000 y  17.000 millones de kwh al año requerirían -según las empresas del sector- hasta dos nuevas centrales. Y la tendrán que hacer las mismas compañías eléctricas cuyas aristas el ‘efecto Garoña’ trata de excluir de su mix.

Quiere zafarse de las garras del crudo y de la dependencia exterior, pero todas las huidas del ministro lo devuelven al debate atómico. Lo advertía en los primeros pasos de su gestación el presidente de la patronal eléctrica (Unesa), Pedro Rivero, con la vista puesta en la inversión necesaria para que la recarga pueda hacerse en cualquier momento. El coche eléctrico será “un buen cliente, pero difícil de atender a corto plazo El coche eléctrico suma y sigue en un mix energético en el que no sería suficiente con ampliar la vida útil de las centrales nucleares en funcionamiento. Haría falta- descuenta UNESA- construir tres nuevas centrales nucleares antes de 2030.

Son los propios fabricantes de vehículos eléctricos los que le desentierran los sables atómicos al Ministerio de Industria. Le ha amargado la puesta de largo de Movele el presidente de Volkswagen, Martín Winterkorn y su aviso para navegantes: “la electricidad sale del enchufe, pero no cae del cielo, por lo que debemos volver a pensar en la energía nuclear”. La única que, según Larry Burns, el vicepresidente responsable de desarrollo avanzado y energías alternativas de General Motors, puede facilitar una opción barata y menos contaminante no sólo para los vehículos que se enchufan a la red eléctrica, sino incluso para aquellos que usen pila de combustible de hidrógeno. Sobre todo si Sebastián quiere sostener las promesas de sus tabúes: un camino que Sarkozy en Francia y las iniciativas de Japón, EE UU e Israel, las más avanzadas en la integración de coches eléctricos, ya han empezado a transitar. Y que Sebastián no tendrá más remedio que seguir, sobre todo si quiere sostener las promesas de sus tabúes para el Movele: reducir el consumo de productos derivados del petróleo, las emisiones de gases nocivos y la dependencia energética española, superior al 82% de la demanda.
 
Miguel Sebastián camina bajo el palio del Movele de espaldas a los apenas 8.000 vehículos híbridos o eléctricos que circulan por las carreteras españolas, menos del 3% del parque global, que supera ya los 28 millones. Sólo tiene ojos para los ocho millones de euros de inversión dedicados a incentivar la venta de coches híbridos, a través de unas subvenciones que oscilan entre 750 y 20.000 euros. Y para sus primeras picas, en Madrid, Sevilla y Barcelona. Y le vuelve la cara a sus banderas: ninguno se fabrica en España, aunque existen varios modelos disponibles, sobre todo híbridos. Prefiere hacer oídos sordos a las advertencias de los fabricantes y del sector eléctrico: la autonomía de sus baterías -sólo pueden recorrer entre 70 y 100 km-, el tiempo de recarga -pueden tardar entre dos y cuatro horas- y la urgencia de una tupida red de electrogasolineras -el plan Movele prevé instalar 546 puntos de recarga antes del 2011- dejan al coche del futuro de Miguel Sebastián en brazos de un suministro de al menos un 1% superior al del actual mercado eléctrico. Industria ya ha hecho sus cálculos: para una flota de vehículos de un millón de unidades, eléctricos y híbridos conectados a red con una utilización eminentemente urbana -y estrictamente eléctrica- y realicen un recorrido medio diario de 33 kilómetros, se generaría una demanda anual de unos 2.300 gigavatios, el equivalente a la producción anual de un ciclo combinado y al 0,8% de la demanda anual de electricidad.

Pero los fabricantes de automóviles corrigen una cifra más ‘realista’: teniendo en cuenta una velocidad media ponderada entre carretera y ciudad, una potencia estándar para todos los coches eléctricos, los cálculos arrojan un consumo medio de 10.000 kilovatios por hora (Kwh) por coche y año. El millón de vehículos eléctricos prometidos por Sebastián necesitaría 10.000 millones de Kwh anuales e impulsarán un aumento real de la producción del 3,8% que sumar al 3% anual que descuenta la patronal eléctrica: más de de 17.680 millones de Kwh al año. Un horizonte muy lejano sin el impulso de las centrales nucleares, que hoy cubren el 18% de la demanda eléctrica. Le ha dibujado a Industria las cifras la Asociación Española de la Industria Eléctrica. La versatilidad del suministro que necesita el coche eléctrico y las huellas del proyecto -más de medio millón de postes y 6 millones de kilowatios, no todos ellos de noche-  no le invitarán a prescindir del 9% de la potencia y el 20% del suministro que hoy por hoy garantiza la energía nuclear. Los detalles están ya bajo la lupa de GM y de Iberdrola, que estudian la viabilidad del coche eléctrico en España y las líneas maestras de una red de recarga. Cuando se cumplan las previsiones del ministro de Industria y un millón de coches se enchufen a la red, habrá que responder a un tirón mínimo de seis millones de kilovatios (6.000 megavatios). Eso sería en el mejor de los casos, en que todo el mundo recargara las baterías por la noche, sin contabilizar al  porcentaje que lo haga durante el día, en los postes que deberán instalarse, en las horas punta.

CONTRADICCIONES ‘VERDES’

Los padres del Movele quieren que sean a las renovables lo que el coche convencional ha sido para sus hidrocarburos. Según su bitácora, los coches ´limpios´ propiciarán el refuerzo de la red eléctrica. La estabilización de la demanda de recarga nocturna de vehículos mejoraría el sistema, podrían contribuir a frenar los altibajos del sistema eléctrico - sufre picos de demanda y horas valle más pronunciados que los de otros países-, mejorar su fiabilidad y evitar que se perdiera por falta de consumo la electricidad generada por las centrales eólicas, más productivas por la noche. Pero no pueden olvidar que un millón de vehículos eléctricos podría permitir utilizar 1.000 megavatios de potencia por la noche, apenas un 5% de los 22.000 que se dan en horas valle. Y que la segunda de las ‘revoluciones’ del Movele de Sebastián, el almacenamiento de la energía necesaria en hora punta aún viaja lejos, a lomos de la tecnología V2G, siglas en inglés de vehicle-to-grid, que requiere una infraestructura que aún no existe, y por tanto una gran inversión.

El coche eléctrico llegará para recordarle que, hasta ahora, los árboles antinucleares de Moncloa no le han dejado ver el ‘árbol verde’ de la energía atómica -que ahorra cada año a España 400 millones de toneladas de dióxido de carbono y ahorra 9.000 millones de euros en derechos de emisión- ni las ramas de la dependencia de su mix energético: Le ha puesto cifras a la “irresponsabilidad” de contraponer a corto plazo las renovables a la nuclear: un país sin reservas de combustibles fósiles y con una dependencia exterior del 82% de la energía -frente a un 52% de media europea-, no puede prescindir de 38 TWh, generados a bajo coste, que produciría la central nuclear de Garoña durante 10 años de vida adicional. Pero Bruselas le recuerda a Zapatero que apenas hoy tiene resuello para llegar al 12% de renovables en una década y necesita al menos un tercio de su electricidad de origen atómico. Eso sin hacerle sitio a las costuras del Movele de Sebastián. Los interrogantes ‘verdes’ se le acumulan a ZP en la mesa en la que prepara la disección de Garoña  a Sebastián en el escenario en el que apura el estreno de su legión de ‘coches eléctricos’.

El sector nuclear le envidia la suerte a Gran Bretaña, Francia, Italia o Finlandia, de vuelta a la energía nuclear para reducir las emisiones contaminantes, diversificar y evitar la dependencia exterior. Las centrales de Francia producen más del 75% de la energía eléctrica consumida, mientras España es dependiente del exterior en un 85% y paga una factura de 50.000 millones de euros anuales por la energía ajena. Actualmente, las centrales nucleares proporcionan el 18% de la electricidad, y la propuesta del Foro Nuclear es subir esta proporción al 30% antes de 2030.  Pero a falta de un Pacto de Estado de la Energía con Industria, se conforman, por ahora, con abrir un debate nuclear en España y espantar el fantasma de la isla energética, condenada a importar de sus vecinos la energía que repudia. Abogan por potenciar las renovables, vaticinan un desajuste entre la oferta y la demanda de hidrocarburos y urgen a atender la ecuación energética para despejar la incógnita de la dependencia europea. La CEOE le pone cifras: el sistema eléctrico español debe contar con un tercio de la potencia de origen nuclear (11.000 megavatios nuevos), frente al 17% actual, para converger con el mix energético de la UE. Y eso pasa por crear una decena de centrales nuevas, que aportarían un 3% del PIB. Le hacen cuña al Sebastián en sus propias lagunas: las de las renovables, el déficit tarifario y la de la necesidad de una ‘tercera’ vía consentida por Moncloa que dé aire nuclear a las necesidades del sector eléctrico, aunque sea sin nuevas centrales, sólo con la supervivencia de las que ya existen y nuevas tecnologías.

Zapatero se consuela de espaldas a la realidad, en la supuesta hermandad de costes entre la nuclear y la eólica, que Nuclenor desmiente. La energía nuclear cuesta sólo 35 euros/megavatio, frente a los 60 euros de las centrales de ciclo combinado, los 80 de la eólica y los 400 euros/megavatio de las centrales fotovoltaicas. Una central nuclear de tamaño pequeño puede dar electricidad a una comunidad autónoma entera, pero para obtener esa misma energía por vía eólica se precisarían 2.000 molinos, a quinientos metros uno de otro: mil kilómetros de línea de molinos. El otro problema es la intermitencia: la energía eólica se detiene cuando no sopla viento y la energía solar se para cuando no hay sol. Las energías alternativas necesitan todavía de mucha investigación para poder acumular la electricidad producida e incrementar su rendimiento. Su función podría ser perfectamente complementaria. Con la combinación de energía hidroeléctrica, energías alternativas perfeccionadas y energía nuclear, se calcula que España podría ser soberana en materia energética en aproximadamente veinticinco años.

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