edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
06/04/2011
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

El componente energético aumenta el déficit comercial

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'

Los datos de contabilidad nacional muestran que el sector exterior se convirtió, por segundo año consecutivo, en el principal motor de la economía española en 2010, con una contribución positiva de 1,1 puntos porcentuales. A diferencia de lo ocurrido durante 2009, esta contribución tuvo lugar en un contexto de recuperación de los flujos comerciales de bienes y servicios a nivel global. En el caso español, el crecimiento anual de las exportaciones prácticamente dobló al de las importaciones (con aumentos del 10,3% y 5,5%, respectivamente).

Este mejor comportamiento responde, en gran medida, al mayor ritmo de crecimiento económico de los principales socios comerciales españoles durante el año pasado. Se espera que este diferencial se mantenga durante 2011. Sin embargo, el saldo de bienes, sin tener en cuenta los servicios, presentó un ligero deterioro, debido al intenso repunte del precio del petróleo. El mantenimiento de esta tendencia supondría un lastre para la corrección del déficit comercial español.

En efecto, según los datos de Aduanas, el déficit comercial de 2010 alcanzó los 52.283 millones de euros, un 4,2% más que el año anterior. Este incremento puso fin a más de dos años consecutivos de correcciones, situando el desequilibrio comercial en el 4,9% del producto interior bruto (PIB) español. Un porcentaje que, aunque lejos del máximo alcanzado en marzo de 2008 (del 9,7%), no ha experimentado ningún tipo de mejoría respecto a 2009.

¿Cuál ha sido el motivo de este estancamiento? El desglose del déficit en sus distintos componentes despeja cualquier interrogante al respecto. El intenso crecimiento del precio del petróleo durante el año pasado incrementó el déficit energético hasta los 35.453 millones de euros, un 29,3% por encima del saldo registrado en 2009. Como muestra el gráfico siguiente, esta cifra representó más de dos tercios del desequilibrio comercial total, alcanzando el 3,4% del PIB. Esta tendencia del déficit energético contrasta con la del resto del saldo comercial que se redujo hasta el 1,6% del PIB. Este fue el nivel más bajo desde que en 1995 empezó a elaborarse la serie.

Esta mejora responde al buen comportamiento del comercio español con sus principales socios de la zona del euro, hacia donde se dirigen más de la mitad de las exportaciones del país. Durante 2010, las exportaciones hacia esta zona aumentaron un 15% anual, cerca del doble de las importaciones. Como consecuencia, el déficit comercial con la zona del euro se redujo sobremanera, llegando prácticamente al equilibrio. Es posible que la recuperación económica de estos países en 2011 mantenga esta tendencia, corrigiendo aún más el saldo comercial no energético. Sin embargo, ello se verá empañado por el comportamiento del saldo energético, que, impulsado por los nuevos incrementos del precio del petróleo a inicios del año, dificultará la reducción del déficit durante los próximos meses.

LA INFLACIÓN REPUNTA HASTA EL 3,3% POR LOS PRODUCTOS ENERGÉTICOS

La variación interanual del índice de precios de consumo (IPC) subió tres décimas en enero hasta el 3,3%, a pesar de que la tasa mensual de la inflación retrocedió siete décimas como resultado de las rebajas. Por tanto, los descuentos propios de enero en ropa y calzado fueron insuficientes para compensar la subida de precios de los productos energéticos con relación al mismo mes del año anterior, por lo que la inflación siguió la senda creciente de los últimos meses. En particular, el repunte de la tasa interanual del IPC fue consecuencia del encarecimiento de la electricidad, los carburantes, el tabaco y, en menor medida, de algunos componentes de la alimentación como el azúcar. En efecto, únicamente con la aportación del tabaco (0,5%), la electricidad (0,4%) y los combustibles y carburantes (1,4%), la inflación general habría alcanzado el 2,3%.
 
De este modo, tal y como se esperaba, el año 2011 empieza con una tendencia alcista de los precios en un entorno de consumo relativamente moderado. Esto es, la recién escalada de la inflación refleja el mayor peso relativo de los componentes volátiles y de los impuestos y no es atribuible al mayor dinamismo del consumo. Una muestra de ello es el hecho de que la inflación subyacente en enero, que excluye la energía y los alimentos frescos, subiera tan sólo una décima hasta el 1,6% interanual.

Un incremento de precios por causas transitorias como el registrado recientemente puede generar cierta preocupación si empeora el poder adquisitivo de los hogares y se intensifica así la contención del consumo interno. Ello podría agravar el entorno de la economía y desencadenar una situación de estanflación: estancamiento del crecimiento y precios elevados.
 
Sin embargo, los datos más recientes apuntan a que el riesgo de estanflación es bajo. Por un lado, la ligera mejora de la confianza del consumidor en enero y el incremento del 0,3% del consumo de los hogares en el último trimestre de 2010 con respecto al periodo anterior, por encima de lo esperado, aleja el temor de estancamiento del consumo de las familas. Por otro lado, las perspectivas son también que los efectos transitorios de la subida de precios se disipen en los próximos meses, por lo que la probabilidad de que la inflación se mantenga de forma persistentemente elevada es baja. Además, si bien la inflación continuó aumentando, esta se situó todavía por debajo del máximo de 3,6% alcanzado en octubre de 2008.
 
En efecto, a lo largo del tiempo, una presión temporal de los precios puede acabar materializándose de forma permanente si los consumidores esperan que la inflación sea mayor en el futuro o si genera demandas de aumentos salariales. No obstante, ambos factores son poco probables. Primero, en la mayoría de países avanzados las expectativas de inflación continúan relativamente bajas. Segundo, a pesar de la subida de los precios, las tasas de desempleo elevadas impiden que los ocupados exijan incrementos salariales, que podrían desencadenar en una espiral inflacionista. Esta contención salarial es aún más probable tras la nueva corriente política en Europa que defiende desvincular los incrementos salariales de la inflación y, por el contrario, busca que las subidas estén más relacionadas con los aumentos de productividad.

Desde otra perspectiva, un factor preocupante de la escalada de la inflación en España puede ser la pérdida de competitividad si el aumento de precios en este país supera el incremento registrado en el resto de los países de la zona del euro. Según datos de Eurostat, el índice harmonizado de la inflación en el mes de enero de la zona del euro se situó en el 2,4%, mientras el índice registrado en España fue del 3,0%. Así, el repunte de la inflación observado en España en los últimos meses ha sido más intenso que el registrado en la zona del euro, de modo que el diferencial de la inflación pasó de ser nulo en diciembre de 2009 a suponer 0,6 puntos porcentuales en enero de 2011. Esta cifra se explica, en gran medida, por el componente energético, que contribuyó en 0,5 puntos porcentuales a esa ampliación del diferencial durante 2010.
 
Efectivamente, el mayor gasto relativo de los hogares españoles respecto a los de la zona del euro en los productos derivados del petróleo hace que el IPC sea más dependiente del precio de éste. A ello hay que añadir los mayores aumentos en este país de los precios regulados del gas y de la electricidad en los últimos meses.

Las expectativas son que en el mes de febrero la inflación continúe ascendiendo ligeramente por el encarecimiento del precio del petróleo. No obstante, posteriormente, la inflación tenderá a ceder por la desaparición de los efectos base que están asociados a sucesos pasados. Así, según este efecto puramente estadístico, el impacto de las subidas impositivas y de los incrementos en los precios de las materias primas sobre la inflación observada durante 2010 tenderá a desaparecer en 2011, llevando a cabo un papel de contención sobre la tasa de variación interanual a lo largo de este año. Como consecuencia, se debería observar una reversión tanto del efecto del impuesto sobre el valor añadido en el tercer trimestre de 2011 como del encarecimiento del petróleo en el cuarto trimestre. Sin embargo, existe cierto riesgo que las tensiones en el Próximo Oriente se mantengan más tiempo del esperado de forma que los precios de las materias primas continúen aumentando y ejerciendo así una presión alcista sobre la inflación.

Finalmente, la evolución de la inflación en los próximos meses dependerá también de la evolución de los costes de producción, estrechamente ligados a los precios de las materias primas. De este modo, los precios industriales siguieron su tendencia alcista en el mes de diciembre, con un aumento de nueve décimas hasta el 5,3% interanual, impulsados sobre todo por los bienes energéticos y los bienes intermedios. Por lo que respecta a los precios industriales de importación, estos se incrementaron más, el 10,4% en los últimos doce meses hasta diciembre, una tasa superior a la del mes anterior, en gran parte por el encarecimiento del petróleo.

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