edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
10/09/2013
Otoño de alta tensión

El conflicto con Siria amenaza la débil recuperación española

Una crisis en Oriente, con el petróleo a 150 dólares, echaría por tierra el triunfalismo del Gobierno
Juan José González

Septiembre sigue fiel a su mala fama de mes aciago: en las dos últimas décadas acostumbra a ofrecer al Mundo alguna mala noticia, habitualmente, de efectos catastróficos. Y aunque el revés olímpico del fin de semana no se inscriba exactamente en este último apartado, sirve, sin embargo, para corroborar su celebridad. Porque en septiembre, en el actual, se dan cita varios acontecimientos que sí van a tener trascendencia sobre la actividad económica, sobre el sector de la inversión, los mercados financieros y de materias primas. Hay citas políticas y económicas que ya cotizan, e incertidumbre, con conflicto incluido, y que a buen seguro se reflejará en algunos precios de las materias primas y energía. Al margen del foco bélico, hoy sobre Siria, las elecciones del 22 en Alemania parecen ser la incógnita más a tener en cuenta para despejar el futuro de los mercados y, en parte también, de numerosas economías.

Siendo fieles a los indicadores de actividad, la crisis en Europa parece encaminarse hacia la recuperación económica. Un proceso que está dando muestras de lentitud y debilidad, donde también caben las dudas y las incertidumbres. Son las notas que dibujan un escenario económico claramente volátil. La mayoría de los gobiernos viene mostrando en el último año su máxima preocupación por una cita en particular, tan sólo devaluada en parte por la tensión geopolítica de una intervención armada en Siria: las elecciones alemanas. La cita a las urnas se erige en el foco de atención política y económica al mismo tiempo, y hace depender de los futuros planes del vencedor -previsiblemente repetirá el partido de Angela Merkel- el futuro a corto, medio y largo plazo de la economía europea.

Sin embargo, es la tensión geopolítica el factor que mayor influencia puede estar ejerciendo sobre los mercados, el de materias primas, con el precio del petróleo al alza y los mercados de acciones que reflejan al minuto el grado de incertidumbre y volatilidad de la inversión. No falta a la cita el mercado norteamericano, referencia constante para los inversores europeos. Lo que suceda en los próximos meses en EE UU será decisivo para la salida de la crisis económica en Europa. Los mercados cotizan actualmente los próximos movimientos en la FED, que van desde el relevo al frente de la misma hasta la decisión de mantener o retirar los estímulos económicos. La incertidumbre sobre este segundo asunto se puede despejar en una reunión de política monetaria que se producirá el próximo día 18.

Así las cosas, los mercados bursátiles europeos han comenzado a descontar lentamente una corrección en Wall Street, con una alta probabilidad de ser más fuerte en la medida en que el mercado bursátil se encuentra cerca de máximos históricos. El agravamiento en aquel mercado también se reflejaría en los europeos. Por tanto, el escenario a corto plazo para las empresas españolas con mayor presencia de negocio en el exterior, caso de las constructoras, no parece ser muy halagüeño, una situación en la que además habría que contar con una prima de riesgo al alza y que difícilmente se podría mantener por debajo de los 260 puntos básicos.

Por si fuera poco, a la tensión del exterior hay que sumar las asignaturas pendientes en el interior, principalmente, con la reforma bancaria y la venta de las entidades financieras intervenidas y hoy atascadas en el Frob: Catalunya Banc y Novagalicia Banco. Todo ello viene a conformar, en el caso español, una situación de interinidad en la salida de la recesión, que no de la crisis, sin fecha concreta y, por tanto, sin compromiso político. Porque el hecho de regresar a crecimientos positivos de la economía, aunque sea con escasas décimas, y que gracias a ello deje de estar en el foco principal de la atención europea (y mundial) no significa que deje también de estar en el foco principal de las preocupaciones ni de los peligros.

Y es en esa coyuntura del mes de septiembre donde al Gobierno, a las empresas y a la economía se les puede complicar los planes. Un mes con los mercados a la baja, con la tensión política y bélica en alza, con la indefinición sobre el camino que tomará la política fiscal en EE UU y con las elecciones alemanas pendientes del día 22. Con estos elementos alimentando la tensión, mejor haría el Gobierno en dar al mejorado enfermo un tratamiento de convaleciente que un certificado limpio de salud, cuando los riesgos de una recaída son mayores que las probabilidades de una recuperación económica que a corto plazo se antoja milagrosa.

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