edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
23/03/2011
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

El conflicto de los países árabes irrumpe en la escena financiera global

SERVICIO DE ESTUDIOS DE LA CAIXA
De forma inesperada, el conflicto sociopolítico en los países del norte de África y Oriente Medio se ha convertido en un factor significativo en la escena financiera global. El principal canal de influencia actúa a través del precio del petróleo, cuyo encarecimiento supone una amenaza a la estabilidad económica y complica la gestión de las políticas monetarias. El aumento de la incertidumbre y el posible daño a la confianza de los inversores constituyen también amenazas preocupantes. Aunque al cierre de febrero el alcance de estos efectos era limitado, su evolución futura es una incógnita que atrae buena parte de la atención.

En cualquier caso, el comportamiento de los distintos mercados financieros en el tramo inicial del año estaba reflejando razonablemente bien la evolución de las variables macroeconómicas de cada región, así como las actuaciones, consumadas y previstas, de las autoridades económicas. En conjunto, el escenario que parecen descontar los mercados es de consolidación del crecimiento de la economía mundial, inflación al alza pero moderada y condiciones de liquidez que seguirán siendo holgadas. No obstante, las diferencias regionales son tan importantes que el diagnóstico agregado pierde significación al ocultar, en especial, un notable contraste entre países desarrollados y emergentes, que se manifiesta en dinámicas muy distintas de las políticas monetarias, los tipos de cambio y la renta variable. Así, la corrección bajista que tiene lugar en las bolsas emergentes confirma su 'desacoplamiento' de unas bolsas occidentales que han seguido firmes. Dicha corrección parece explicarse por el endurecimiento de las políticas económicas en numerosos países emergentes, ante los evidentes signos de sobrecalentamiento. En Estados Unidos y especialmente en la eurozona, el debate sobre los riesgos inflacionistas y la respuesta de política monetaria está ganando intensidad, aunque de momento tanto los mercados de renta fija como los de bonos están reaccionando de manera relativamente ordenada.

En lo referente a la evolución de la crisis de deuda soberana de la periferia europea, el avance en las negociaciones sobre el funcionamiento del Fondo de Estabilidad Financiera Europeo y sobre el futuro esquema de gobernanza económica, así como el apreciable esfuerzo de disciplina fiscal por parte de los países afectados, están generando un marco algo más alentador y favorable para los inversores, visible en la estabilización de las primas de riesgo soberano de España e Italia. Sin embargo, los países más problemáticos -Grecia, Irlanda y Portugal- siguen sometidos a tensiones muy elevadas. En este sentido, el mes de marzo se presenta como un momento clave en el proceso de resolución de la crisis, puesto que se espera que se alcance un acuerdo sobre el nuevo marco normativo que debe reforzar el funcionamiento de la unión monetaria.

POLÍTICAS MONETARIAS A LA CARTA

Como respuesta a las velocidades dispares que presenta la recuperación económica global, las actuaciones de los bancos centrales están siendo de distinta índole según el país. Mientras que en los países emergentes las autoridades han optado, de forma ya clara, por el endurecimiento de la política monetaria como estrategia para combatir la presión alcista de la inflación, en los países desarrollados los bancos centrales siguen apostando por estimular sus economías, a través de tipos de interés excepcionalmente bajos y medidas cuantitativas (compra de bonos).

El vigor de la recuperación económica de Estados Unidos en la recta final de 2010 y arranque de 2011 ha seguido sorprendiendo positivamente. Tanto es así que, en la última reunión del comité de política monetaria, la Reserva Federal (Fed) optó por elevar su estimación de crecimiento del PIB para 2011 -desde el rango del 3%- 3,6% al 3,4%-3,9%- en base al pronóstico de continuidad en el restablecimiento de la demanda privada y del comercio exterior. No obstante, al igual que en anteriores reuniones, hizo hincapié en la necesidad de lograr una mejora sustancial del mercado laboral, en forma de creación de empleo, como vía para consolidar un crecimiento económico sostenido. Asimismo, y como era de esperar en consonancia con la opinión que lleva tiempo manteniendo sobre la dinámica de la inflación, la Fed, a través de su presidente Ben Bernanke, lanzó un mensaje tranquilizador sobre los recientes incrementos del índice de precios al consumo (IPC) general, interpretándolos como un fenómeno transitorio ligado a la evolución de los mercados de commodities. Por esta razón, la mayoría de economistas, y también el mercado, prevén que la máxima autoridad seguirá el plan previsto de dejar los tipos de interés en los niveles actuales durante los próximos meses, y mantendrá vigente hasta su término, en junio, la compra de bonos del Tesoro americano en los términos anunciados el pasado noviembre.

En la eurozona, el Banco Central Europeo (BCE) sigue inmerso en la ardua tarea de mantener la estabilidad monetaria entre países cuyas tasas de crecimiento difieren ostensiblemente, a la vez que contribuye a resolver la crisis de deuda soberana de la periferia. El panorama se ha complicado recientemente por el impacto derivado del encarecimiento del petróleo y otras materias primas, que se ha reflejado en un notable repunte del IPC general de la región. El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ha procurado transmitir el mensaje de que este aumento responde a un fenómeno puntual que no altera la estrategia de la institución, siempre y cuando se observe que las expectativas de inflación a medio y largo plazo permanecen estables y que no hay efectos de segunda ronda a través, por ejemplo, de las negociaciones salariales. Sin embargo, otros destacados miembros del BCE se han mostrado más beligerantes, advirtiendo de la necesidad de endurecer la política monetaria si las tensiones inflacionistas no remiten pronto. Por otro lado, en relación con su actuación en los mercados de deuda soberana, la relajación durante el mes de febrero de las primas de riesgo de los países periféricos (gracias a la evolución favorable de la disciplina presupuestaria de los Gobiernos afectados y a los acuerdos entre los miembros del euro) ha llevado a una menor actividad compradora por parte del BCE, cediendo mayor protagonismo a los agentes privados en el mercado secundario.

El escenario se presenta bien distinto para los bancos centrales de los países emergentes. A lo largo de los últimos meses, se han adentrado en un ciclo de endurecimiento monetario, en respuesta al elevado ritmo de crecimiento económico y con el fin de evitar los efectos de segunda ronda que podrían desencadenarse tras los recientes aumentos de la inflación (con origen básico en las materias primas). En la mayoría de los casos, la subida gradual de los tipos de interés está siendo complementada con otras medidas de diversa índole (por ejemplo, controles administrativos, de precios y de cambios) cuyo propósito es contener un aumento excesivo de la liquidez y el crédito. El caso más representativo es el de China, cuyo banco central, después de aumentar en 25 puntos básicos el tipo de referencia (hasta el 6,06%), ha optado por elevar nuevamente los requerimientos mínimos de reservas a los bancos hasta el 19,50%. Bajo el escenario central de crecimiento global elevado, la mayoría de los economistas estiman que a lo largo del año se seguirán produciendo nuevos episodios de aumentos de tipos oficiales en los países emergentes, como herramienta básica para sofocar los signos de sobrecalentamiento que amenazan las sostenibilidad del crecimiento en esos países.

En este contexto descrito, los mercados interbancarios han registrado un comportamiento distinto en función del marco económico en el que se desarrollan. En Estados Unidos, la evolución de los mercados monetarios ha seguido caracterizada por la estabilidad, gracias a la abundante liquidez proporcionada por la Fed y al mantenimiento de las expectativas sobre la actuación futura de la Reserva Federal en materia de tipos de interés oficiales. Por el contrario, en la eurozona el pulso del mercado se ha alterado a medida que los inversores han adaptado sus expectativas a la sorpresa generada por el aumento de la inflación y los avisos procedentes del BCE. En efecto, si bien las tensiones derivadas de la crisis de deuda soberana parecen estar bajo control y con alcance solo local, la reciente volatilidad observada en los tipos interbancarios europeos ha respondido al debate sobre los posibles riesgos inflacionistas y a la actuación del banco central. En pocas semanas, las expectativas de los inversores han variado en la dirección de subidas más tempranas y más rápidas, de manera que el tipo euríbor a 12 meses ha experimentado un apreciable repunte hasta alcanzar los niveles de la primavera de 2009. De cara a los próximos meses no sería descartable presenciar un aumento aún mayor de la variabilidad de los tipos interbancarios, a medida que el crecimiento económico de la eurozona se afiance y el discurso del BCE se torne más combativo con la inflación, como preludio a aumentos de tipos oficiales ya en la segunda mitad del año.

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