edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
07/11/2013

El conflicto entre el ministro de Economía y la banca desnuda la intervención de hecho del sistema financiero español

El veto ministerial se lleva por delante a la AEB, la institución con la que la banca se acopló a la transición
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad

A las 15 horas recibo una llamada telefónica de un ejecutivo de un banco de inversión desde el exterior. Quiere saber qué ha ocurrido con la elección del presidente de la Asociación Española de Banca (AEB). Es decir el veto a la designación del ex alto cargo del Banco de España, José María Roldán, y su sustitución por el economista Juan José Toribio como candidato. Su conclusión: “Esto indica que el sistema financiero español está intervenido de hecho. Es decir, la crisis es lo suficientemente profunda y extendida como para que la patronal bancaria no pueda designar a su propio presidente”. La lectura es seductora, entre otras cosas porque el propio ministerio de Economía ha filtrado la versión de que con una crisis que ha costado al estado 61.000 millones de euros en fondos públicos la AEB no puede pretender colocar en su presidencia a un ex alto cargo del Banco de España. Es decir, el propio Gobierno destaca que la falta de autonomía es resultado del coste del saneamiento del sector financiero. También es interesante de señalar que en el largo listado de entidades que han recibido ayudas sólo hay un banco, el de Valencia, filial ahora de Banco Financiero y de Ahorros (BFA) y entonces de Bancaja. El resto son todas cajas de ahorros.

Como parte del análisis es indispensable añadir que en la medida que el Gobierno ha hecho responsable de la crisis bancaria al Banco de España, para hacer buena esa sentencia de carácter apodíctico, no puede admitir la presencia de ningún ex funcionario del regulador trabajando en una institución que represente a la banca. Ciertamente el regulador creyó que la crisis que bullía en las entrañas del sistema financiero sería enjuagada por una rápida recuperación económica que estaba por llegar. En línea con esos poco profundos pensamientos la cúpula del BdE compró el optimismo del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Pero no está de más recordar que para cuando este exponente de la impericia y la inepcia llegó al Gobierno la especulación inmobiliaria virtualmente había tocado sus máximos históricos y la banca ya tenía el dogal de la crisis al cuello. Así que en buena medida se puede decir que la culpabilización del regulador no explica el origen y desarrollo de la crisis. Se trata en cambio de una operación política oportunista. En un altísimo porcentaje las cajas de ahorro que entraron en crisis estaban inficionadas de políticos locales del Partido Popular, entre ellas la más descomunal, la hoy Bankia.

Pero de paso y como quien no quiere la cosa la maniobra ministerial se lleva por delante a la AEB, la institución que la banca creó para acoplarse a los nuevos tiempos que alentaba la transición democrática.

No sólo con el objetivo de difuminar su profunda imbricación con el régimen extinto, sino además como necesidad real para mantener una relación con las organizaciones sindicales tras el hundimiento de los sindicatos verticales y hacer frente a la inevitable liberalización del sector financiero. La mayoría de los inspiradores de ese proceso han muerto. Como lo hizo el Consejo Superior Bancario (CSB), un órgano mixto formado por bancos y funcionarios de la administración que estaba sujeto al veto del Gobierno. En 1994 esa institución fue disuelta por la Ley 3 de 1994, en atención a la transposición de una serie de normas de la Comisión Europea para el sector financiero. La orden ministerial del 13 de mayo de 1994 da cuenta de la decisión del CSB en su acto de disolución, traspasando su activo y sus cometidos a la AEB. Es decir el estado se retira de su tutela directa sobre la banca para ocupar en exclusiva el lugar de regulador.

Este resumen da a ver lo que el Gobierno quiere ocultar. La crisis del sistema financiero no está cerrada y tiene una dimensión tremenda. No se trata sólo de los 61.000 millones de capital nuevo, al que por cierto el Fondo de Garantía en el que participa la banca ha contribuido con 7.884 millones. Hay además 35.681 millones en esquemas de protección de activos (EPA), de los cuales se han materializado como pérdidas al 31 de diciembre de 2012 6.506 millones. Además hay avales del estado a diferentes emisiones de los bancos. También hay que contabilizar la participación pública en la SAREB. En fin que la crisis de las cajas de ahorros supone bastante más de 100.000 millones de euros para el estado.

El problema es que todavía podemos topar a expensas del desarrollo de la normativa de Basilea III con mayores necesidades de capital, entre otras cosas por el riesgo soberano acumulado por la banca. Tema que se las trae porque buena parte de la estabilización de la crisis de la deuda española se debe a la masiva compra de bonos del estado por los bancos del sistema. El otro aspecto de la crisis que el Gobierno pretende ocultar es la intervención de hecho del sistema financiero. Una intervención no sólo del Gobierno, sino además de la Troika que ha financiado la operación de rescate de las cajas de ahorro con 40.000 millones de euros.

Lo curioso es que para hacer buenas sus teorías sobre la crisis del sector Economía no solo tutela de forma directa a las cajas en crisis, sino al conjunto de la banca de forma indirecta. Quizá el ministro Luis de Guindos tenga la tentación de reinstaurar el Consejo Superior Bancario creado inicialmente por la Ley de Ordenación Bancaria de 1921, y formalizar la tutela dejando a la AEB como un club de banqueros.

España tiene una larga historia de crisis bancarias. La que se desarrolló después de la primera posguerra entre 1920 y 1925. La que generó la financiación de los déficit presupuestarios de la dictadura de Miguel Primo de Rivera que llevó a un rescate de la banca por la República en 1931 -de la que los académicos se olvidan pero que está en las hemerotecas- y finalmente la de finales de la década de 1970 hasta mediados de la de 1980. Por mencionar sólo las más grandes.

Pero la crisis desatada a partir de 2008 ha hecho empalidecer a sus predecesoras. Es aun pronto para saber como será el desenlace de la presente crisis y cuándo se la dejará realmente atrás. De momento la operación de Economía deja malherida a la AEB y reduce su capacidad de negociar en el futuro inmediato las mejores condiciones posibles para la adaptación a Basilea III y a las normativas y directivas europeas, así como a la supervisión del Banco Central Europeo. Mientras tanto de puertas afuera la operación Roldán ha hecho saltar las alarmas, que atribuyen la falta de autonomía de la AEB a la dimensión de una crisis no superada.

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