edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
19/10/2010
RSC

El conocimiento de las comunidades, el primer ingrediente de la integración social

A pesar de los informes y memorias, la RSC apenas ha conseguido consolidarse en el seno de muchas compañías
Beatriz Lorenzo

Comienzan a verse los primeros socavones en unos cimientos que antaño parecían inamovibles. El escenario empresarial global vive una profunda reforma en la que las banderas de la sosteniblidad, la flexibilidad y la transparencia se enarbolan como adalides de un cambio más que necesario, de una nueva etapa en la que se espera recuperar la confianza perdida de los grupos de interés. La integración de la Responsabilidad Social cobra importancia no sólo en la cara visible de la compañía, la que permanece bajo la vigilancia constante y estricta de los oobservadores, sino que ha de integrarse también en la cara más oculta: la fuerza laboral, la cadena de suministro, las relaciones con los stakeholders internos y la integración cada vez más profunda con los modelos de gobierno corporativo. 

Es una nueva era, la “era de la responsabilidad” que para autores como Robert Zoellick se divide en varios pilares entre los que destacan la responsabilidad financiera o la globalización responsable; indicadora del estrecho nexo de unión que surge entre la Responsabilidad Social y las nuevas tecnologías como cauces de difusión y transmisión. 

La transparencia y la petición de responsabilidades pretenden erigirse como estandartes de la nueva era y de ese modo la huella de carbono y la huella hídrica empiezan a hacerse públicas para los stakeholders de las compañías con mayor potencial contaminante. También la huella social adquiere importancia creciente, como herramienta capaz de medir factores tan determinantes como los empleos globales que una empresa consume, o lo que es lo mismo, que debería crear y no crea, y engloba cuestiones tales como el consumo desmesurado de recursos, el reparto poco equitativo de los recursos naturales y económicos y los desmanes del insaciable sector productivo del mundo desarrollado en relación con las comunidades emergentes.

INTEGRACIÓN

Sin embargo, la Responsabilidad Social todavía no ha pasado de arañar con mayor o menor fuerza la pátina de maquillaje gestada durante años mediante pinceladas de “buenismo” y campañas aisladas. Una reciente investigación de la mano de los profesores del IESE  Christian Seelos y Johanna Mair, junto con Julie Battilana y Tina Dacin, trata en este sentido de analizar la “integración” de la iniciativa emprendedora social y entender su variedad en las distintas culturas. Así los expertos abogan por la comprensión de las necesidades sociales por parte de las compañías antes de integrarse en ellas. Al mismo tiempo, esas iniciativas sociales no deberían interferir demasiado en las comunidades, porque de lo contrario podrían impedir cualquier tipo de cambio.

Los autores identifican las razones por las que una comunidad presenta su propio tipo de pobreza y necesidades. No puede desdeñarse en este sentido la influencia reguladora, imprescindible como brújula en las relaciones de las compañías y las estructuras de poder local. Los autores citan el ejemplo de la empresa social egipcia SEKEM que tras sus intenciones de introducir la agricultura orgánica en el norte de El Cairo, se enzarzó en disputas de tierras con los beduinos y los militares, lo que puso a prueba su motivación. 30 años después y tras adaptarse al entorno, la empresa está profundamente arraigada y familiarizada con las estructuras reguladoras locales.

Los expertos citan también la importancia de la influencia cognitiva.  Así, las tradiciones culturales sostenidas influyen en la aparición de las empresas sociales. Claramente, las empresas líderes hoy en día ya no pueden ver el compromiso con los stakeholders como algo opcional, sino como un elemento crítico y vital de su estrategia de negocio. En los casos en que las compañías se han comprometido –y no sólo dialogado o intercambiado pareceres con los grupos de interés-se ha demostrado que esa sinergia era de gran utilidad a la hora de incorporarse en nuevos mercados de carácter abrupto para la compañía en cuestión, resolver o dirigir confrontaciones con la prensa o con organizaciones no gubernamentales y mejorar o preservar su reputación en las comunidades y los mercados.

BUENAS PRÁCTICAS

La investigación del IESE llega en un buen momento, teniendo en cuenta que en la actualidad la integración de la RSC en las compañías no es tan profunda como los múltiples informes y memorias quieren hacer notar. Muy esclarecedor es en este sentido el segundo número del cuarto volumen de la revista 'Globalización, Competitividad y Gobernabilidad”, editada por Georgetown University y Universia, que analiza las prácticas de Responsabilidad Social Corporativa de las empresas españolas adheridas al Pacto Mundial de las Naciones Unidas. La publicación revela que las empresas españolas declaran un alto nivel de cumplimiento de los indicadores para evaluar las cuatro áreas del Pacto Mundial, pero no especifican en sus informes el detalle de sus acciones emprendidas, ya sea en materia de Derechos Humanos, Trabajo, Medio Ambiente y Lucha contra la Corrupción. Esta situación de “desbarajuste responsable” se ve confirmada por los datos ofrecidos por el Observatorio de RSC, especialmente sugestivos en relación al controvertido tema de las remunraciones. La investigación elaborada por el organismo este mismo año expone que  el 60% de las compañías analizadas no proporciona datos sobre las remuneraciones de los consejeros de administración, y sólo el 37 por ciento informa de forma desglosada sobre la remuneración individual y los conceptos retributivos de los consejeros. En ese aspecto, se muestra un “retroceso” con respecto a 2008, cuando un 43 por ciento de las empresas informaba de forma desglosada.

Y más allá del reporting, la problemática de la integración de la RSC se manifiesta sobre todo en las comunidades emergentes. La propia OCDE ha tenido que admitir recientemente- a través del informe de OCDE Watch “ 10 años después” que las directrices del organismo no son capaces de prevenir o impedir  las conductas empresariales irresponsables. Son factores tales como la falta de voluntad política, la ausencia de potestad sancionadora y la falta de aplicación coherente de las normas los que restan valor potencial a las directrices del organismo.

Ciertamente, las labores de control y observancia de las malas prácticas han de ser imparables. Bernardo Klinsberg, autor junto con el nobel Amartya Sen del libro “Primero la gente”, asegura que son también necesarias “vigorosas políticas de reforma y fortalecimiento del poder judicial, apoyo a la profesionalización de las instituciones policiales vinculadas con la investigación de estos delitos, establecimiento de instituciones reguladoras sólidas y dotadas de capacidad técnica efectiva, gestión activa para la recuperación de activos en el exterior.”

Son, por tanto, imprescindibles el diálogo permanente y la conciencia colectiva común. En materia de desarrollo sostenible se hace imprescindible abordar el desarrollo de las necesidades de miles de millones de personas, potenciar la educación, la formación en sostenibilidad y las eco-soluciones a los problemas económicos y ambientales.

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