edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
03/09/2009
Estrés demográfico

El crecimiento de la población mundial se divorcia de la sostenibilidad social y medioambiental

La edición de 2009 del Population Reference Bureau advierte de que la población alcanzará los 7.000 millones en 2011
El crecimiento demográfico debería ocupar uno de los primeros puestos en los programas de RSC de las grandes compañías
Beatriz Lorenzo

Ya somos demasiados. Como un bullicioso hormiguero, el planeta aloja a duras penas a una población que crece a un ritmo alarmante e imparable. Un desafío que requiere de un balance adecuado entre la tierra y el agua disponibles, la diversidad biológica, las tecnologías y sobre todo la gestión eficaz de comunidades cada vez más rebosantes: un reto para el que muchos dudan de que el planeta esté realmente preparado. Las voces de alarma han saltado-por enésima vez-con la edición de 2009 del Population Reference Bureau- índice que ofrece anualmente información sobre los patrones de crecimiento poblacional a nivel global- que advierte de que la población mundial está en camino de alcanzar los 7.000 millones en 2011, justo 12 años después de alcanzar los 6.000 millones en 1999.Las previsiones son ciertamente inquietantes, se calcula que en el año 2050 habrá ya 9.000 millones de habitantes vivos en el planeta, con lo que la “tierra per cápita” disponible disminuirá en un 30%, al tiempo que la producción deberá duplicarse para satisfacer la demanda de alimentos. Una tarea hercúlea, casi inabordable.

Los avisos agoreros ya hace tiempo que vienen produciéndose. Desde que la Revolución Industrial transformara el crecimiento poblacional de vegetativo en aritmético primero y posteriormente geométrico, economistas y pensadores han advertido de las posibles consecuencias. Desde las teorías malthusianistas, que expresaban la fatal divergencia entre crecimiento poblacional (geométrico) y de recursos (aritmético), los defensores y detractores de la posibilidad de estrés demográfico han discutido sobre la capacidad del planeta para sustentar la vida humana en función del número de habitantes. Variables como las fuentes energéticas y los recursos hídricos necesarios, la superficie total cultivable del planeta, o la capacidad de supervivencia de las comunidades humanas de un modo sostenible han sido barajadas para demostrar o negar la tolerancia del planeta a una población cada vez mayor y más exigente. La conclusión, expresada de forma rotunda por Carl Sagan en su libro “Billions and billions”, viene a coincidir plenamente con las del último Population Reference Bureau: “Nos hallamos claramente en una fase de abrupto crecimiento exponencial.Sin embargo, pocos creen que la tierra pueda dar cabida a tanta gente”.

Esta situación pone en evidencia una necesidad perentoria: el crecimiento demográfico debería ocupar uno de los primeros puestos en los programas de RSC de las grandes compañías. La sostenibilidad de los recursos medioambientales, y la salud de las comunidades están en juego, y por lo visto, tienen muy pocas posibilidades de salir indemnes de la lidia. Debido a que la mayor parte del estrés demográfico se produce en los países del tercer mundo, se han dado ya iniciativas pioneras como las de la Cámara Filipina de Comercio e Industria (PCCI) y la Confederación de Empleadores de Filipinas (ECOP),dos de las principales organizaciones empresariales del país, que han invitado a las empresas a integrar en sus planes de RSC los datos demográficos y socioeconómicos de la zona, en aras de alcanzar el mayor grado de sostenibilidad posible.

En este tema, como en tantos otros, también es muy evidente el desequilibrio entre el primer y el tercer mundo, ya que es precisamente en los países subdesarrollados donde aumenta día a día y en cantidades alarmantes la densidad de población, del mismo modo que lo hacen supuesto el hambre y la miseria, la convivencia social, el  agotamiento de los recursos naturales, el descontrol y la zozobra que éste provoca.  Asia es el continente más afectado. Según las previsiones en el año 2.050 tres países asiáticos verán incrementada su población de forma importante: Pakistán, Bangladesh e Indonesia pueden convertirse en un campo de minas como consecuencia de las condiciones de vida que tendrán sus habitantes ante el enorme aumento de su población, lo que junto con el papel fundamental que jugarán las economías india y china en el mercado internacional, convertirán a Asia en uno de los escenarios fundamentales de la política geoestratégica mundial.

Y no sólo eso. Las previsiones van mucho más allá y transforman radicalmente el futuro mapa geosociológico a nivel mundial. Así, en el año 2050 4.200 millones de habitantes vivirían en países con escasez de recursos hídricos y Estados Unidos sería el único país desarrollado dentro de los veinte más poblados. Los 48 países menos desarrollados triplicarían su población hasta llegar a superar los 1.800 millones y los considerados desarrollados, contararían sólo  con el 12% de la población mundial (1.140 millones), mientras que el mundo en desarrollo acumularía el 88% restante (8.360 millones), es decir, nueve de cada diez personas.

LA OPORTUNIDAD DEL “NICHO JOVEN”

El desequilibrio también se refleja en la edad. Las poblaciones más envejecidas se concentran en los países desarrollados mientras que el tercer mundo sigue contando con una población joven. Este aspecto podría ser una ventaja para estos países, las compañías y los entes empresariales contarían con un nicho de población en edad de trabajar, con comunidades jóvenes dotadas de pocos ancianos que podrían traducirse en una mayor fuente de beneficios que las envejecidas comunidades del primer mundo. Con las inversiones adecuadas en salud, educación y desarrollo agrícola rural, fomentando el espíritu empresarial, podría darse una excelente oportunidad para fortalecer las economías y los mercados laborales. Como bien recuerda el Population Reference Bureau la falta de oportunidades de empleo para los jóvenes en muchos países genera frustración. Los recientes disturbios China, por ejemplo, se han debido al menos en parte debido a la falta de oportunidades para los jóvenes. Así pues, "dividendo demográfico" puede aportar mejoras en la sociedad permitiendo que las inversiones en educación, tecnología y habilidades para apoyar una economía en crecimiento, estimular la inversión más específica en el cuidado de la salud, y aumentar la producción económica, porque hay más gente trabajando.

Por otra parte, y a efectos de la sostenibilidad medioambiental que tanto preocupa a los gobiernos y a las compañías, el crecimiento demográfico es causa directa del aumento de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, muchos análisis gubernamentales o de organismos internacionales no tienen en cuenta este problema. Los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático dan por supuesto que cada individuo contribuye por igual a las emisiones, algo radicalmente falso ya que es bien sabido que los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero dependen de de pautas de consumo y producción y que estos patrones varían en distintas poblaciones. Tendencias como la urbanización, la disminución del tamaño de los hogares o el envejecimiento de la población, han de ser tenidas en cuenta porque afectan, y mucho, a las emisiones a nivel mundial. Así, es evidente que la población es una parte muy importante del debate sobre el desarrollo sostenible e incluso de los impactos sobre los desafíos contemporáneos, como el cambio climático. Y debe haber un papel para las empresas (en particular en los países menos desarrollados) en la buena gestión de sus comunidades y en una preservación individualizada de sus entornos, así como en la promoción de iniciativas  saludables para su personal, y, en muchos casos, de educación relacionada con el control de natalidad. Además, como reconoce el informe, los aspectos demográficos están profundamente vinculados con el desarrollo económico, el acceso a la educación y las oportunidades de empleo.

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