edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
02/10/2013

El crédito a las empresas y particulares sigue cayendo mientras la banca española acapara el 34% de la financiación del BCE

Los analistas consideran que la reclasificación de los créditos por parte de los bancos incrementará la morosidad

De acuerdo con las cifras disponibles la banca española mantiene posiciones deudoras con las operaciones especiales de crédito del Banco Central Europeo (BCE) por importe de 246.200 millones de euros. Mientras, la financiación total del BCE al sistema es de 714.452 millones de euros. Es decir que los bancos españoles deben al banco central poco más del 34% del saldo vivo de las operaciones extraordinarias acometidas para dar liquidez a la banca de la zona del euro a causa de la crisis financiera internacional. El saldo vivo total cayó de forma significativa a partir de enero de este año desde el billón largo de euros en que se mantuvo clavado desde enero de 2012, pasando a la cifra de poco más de 700.000 millones en agosto pasado. Respecto de la banca española es de señalar que la cifra de agosto representa una caída de 110.000 millones respecto del mismo mes en 2012.

Mientras este es el apoyo del BCE a la liquidez del sistema en España, los últimos datos de crédito difundidos por el regulador español reflejan una caída de 37.000 millones de euros en la financiación a los hogares que suponen una reducción interanual, fluctuante según los meses, pero siempre en el entorno del 4%. Es decir, mes a mes la reducción de la tasa interanual se mantiene en el orden del 4%. Respecto de las empresas la caída es más fuerte, con el 6% interanual en agosto.

Las cifras indican un estancamiento en el negocio bancario que no pueden superar los ingresos por servicios de las entidades de crédito. Estas finalmente mantienen como principal negocio rentable la inversión de cartera en deuda pública que ha gozado de mayor estabilidad en el último año, pero que vuelve a colocarse en el filo de la navaja cada vez que hay un conato de crisis política como es el caso de Italia ahora. Los hechos son que la banca no logra mantener en marcha su negocio típico, es decir los ingresos por intereses sobre la cartera de créditos, la vulgar intermediación del dinero. De tal suerte que sólo las grandes entidades sistémicas obtienen este tipo de ingresos sobre la base de su red internacional, pero no a expensas de su actividad nacional.

En este contexto el proceso de reclasificación de los créditos refinanciados y el reflejo de este proceso en los activos respaldados por créditos hipotecarios, incluidas las cédulas, hará subir el índice de morosidad que lleva un incremento imparable a expensas de la crisis económica y la caída de los ingresos de los prestatarios a escala nacional. Las cifras de morosidad anunciadas el mes pasado por el Banco de España son expresión clara de este proceso. En particular es llamativo el incremento de la morosidad en los créditos hipotecarios en el último año hasta el 5,2% del 3,2% anterior. En la medida que la caída del volumen de crédito hipotecario en el último año ha sido del 5%, el incremento de la morosidad es resultado pura y sencillamente de que hay menos gente que paga puntualmente, incurre en retrasos de más de tres meses, o simplemente ya no puede pagar más. Una posible lectura del incremento de la tasa de morosidad en el crédito hipotecario residencial es la reclasificación de esas operaciones que han pasado a morosos créditos antes aparcados en otras categorías menos extremas.

La agencia de calificación Fitch considera que los créditos refinanciados suponen un 6% de la cartera de créditos hipotecarios residenciales de las carteras que ellos analizan y pronostican para el segundo trimestre de este año una morosidad del 5,4% en este sector.

Advierten que en el caso de que la morosidad en materia de crédito residencial hipotecario alcance al 6% se destará un proceso de revisión de la calificación de los créditos subyacentes a emisiones que se encuentran en el mercado. En pocas palabras la calidad de las emisiones con respaldo de activos hipotecarios en la banca española puede sufrir recortes. De acuerdo con Fitch los últimos datos de morosidad a junio difundidos por el Banco de España que dan una tasa del 11,6% para el conjunto de la cartera de crédito al sector privado de la banca supone un incremento significativo respecto del 9,7% registrado un año antes.

Según la agencia el incremento es resultado de una caída de 225.000 millones de euros en la cartera total de créditos al sector privado, reducción que resulta en un 80% por la caída del crédito a las pequeñas y medianas empresas de un lado y a un incremento de créditos en mora por importe de 8.000 millones de euros.

En esencia, los presupuestos generales del Estado restrictivos, con un incremento de la deuda pública total bastante más alta que la confesada y que la encuadrada dentro del “protocolo de déficit excesivo” de la Unión Europea, las perspectivas más que probables que los ingresos del estado queden en 2014 por debajo de las previsiones, la falta de crecimiento económico consistente, explican los serios nubarrones que siguen flotando sobre la cabeza de los bancos. Carecen de negocio que no sea la intermediación entre los recursos que obtienen del Banco Central Europeo utilizados luego para invertir en deuda soberana para generar un margen financiero por el diferencial de tipos de interés. Si no hay recuperación económica no habrá negocio bancario razonable y los bancos seguirán destinando sus recursos a la inversión en activos del estado.

Todas las preocupaciones en torno a este asunto son pocas. Entre otras cosas porque la fantasía de que se ha salido del territorio de riesgo en esta materia se puede desmoronar en cualquier momento.

Los problemas que genera el lazo entre banca y deuda soberana siguen en pie. Lo mismo que los bancos que superan en balance al producto interior bruto de sus países de origen. Por contrapartida la ficción de la unión bancaria europea está muy lejos de prosperar. El nudo que supone a escala continental este conjunto de problemas sigue sin desatar.

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