edición: 2886 , Lunes, 20 enero 2020
18/02/2009
Observatorio Latinoamericano

El 'cuento de la lechera de litio’ de Evo Morales no tiene quién lo beba

A Bolivia se le nubla su mix energético
Ana Zarzuela

Celebra su nueva Carta Magna y el retorno a la ‘Casa Rusa’ con las alfombras rojas de Medvedev y los 4.000 millones de dólares prometidos por Gazprom hasta el epicentro de su gas. Quiso ser la ‘Argelia’ latinoamericana, pero ha hecho de Bolivia el triángulo de las Bermudas energético de la región. Y carga a Repsol los lastres de Andina y de YPFB. Brasil y Argentina no están para más cheques en blanco. Morales, sentado en la mayor reserva mundial de litio, busca sitio en la guerra global, pero el presidente boliviano se ahoga con la cabeza en el bolsillo y la voluntad en el corazón.  La llave del gas quedará en manos del Kremlin, pero ni Moscú ni Caracas ni Brasilia quieren sitio en la del litio. La nueva joya andina es también la llave a los coches eléctricos de Sarkozy, pero ni el desfile parisino del boliviano ni los esfuerzos de Bolloré convencen a Morales para abrir la puerta a las multinacionales. Llamada a ser la Arabia Saudí del litio mundial, promete reeditar el camino a ninguna parte que transitó por la senda del gas.

Morales remueve sus cartas energéticas, a la fuerza ahorcan.  Quiere capitanear la batalla, macerar el interés, fabricar él sus propios coches eléctricos  y -con la nueva Ley de Hidrocarburos y Minería en ristre- canjearlo por puertas abiertas a la UE  y compensaciones comerciales con Tokio. George Soros tendrá mucho que decir: no sólo se ha convertido en el ‘dueño del Potosí’: con un pie en la fábrica de la china Chery e inversiones en el mar de sal de Uyuni.

En su baraja el nuevo ‘as’, hijo de la minería y de las urgencias de la industria automovilística, se llama litio. Ahora que el sector pone sus ojos en los coches híbridos y eléctricos, Mitsubishi, Hyundai,  Sumitomo, la coreana LG y la francesa Bolloré le beben los vientos a Bolivia: el Servicio Geológico de EE UU calcula que se podrían extraer 5.4 millones de toneladas de litio en Bolivia, en comparación con tres millones en Chile, 1.1 millones en China y sólo 410,000 en EE UU. Mitsubishi prevé que la demanda de litio se quintuplicará en menos de cinco años y superará a la oferta en una década. Lo sabe el boliviano, que desde hace casi un año cocina su interés a fuego lento, en las ollas prestadas de Dimitri Medvedev y Putin y al calor de algunos acuerdos previos con Teherán. En su mesa todas las cartas se juegan por pares: su paseíllo por los Campos Elíseos del brazo de Bolloré -que fabrica un coche eléctrico junto con el italiano Pininfarina- le obliga a hacerle de nuevo sitio a la gala Total en varias inversiones gasistas a cuatro manos con Gazprom.

Por ahora, el Gobierno habla de controlar estrechamente al litio y mantener a raya a los extranjeros. No se rinde ante ninguna propuesta que no pase por la obligación de industrializar el litio en el país. Reedita la coreografía del gas que bailó con las multinacionales. Reparte papeles para un nuevo ‘cuento de la lechera’ en el que espera obtener más de 500.000 millones de dólares de las reservas metálicas finas de los 10.000 kilómetros cuadrados del mar de sal de Uyuni. Pero como mucho, hace ondear a los ojos de los japoneses y los franceses la posibilidad de ser socios minoritarios, o simplemente los clientes de una industria que se imagina con apellidos sólo locales. Para aumentar la presión, grupos indígenas en esta zona remota del desierto salino donde yace el mineral están empujando para tener una parte del botín final. La nueva Constitución que Morales logró que se aprobara fácilmente el mes pasado reafirma esos reclamos. Una de sus disposiciones les da a los indígenas el control de los recursos naturales en su territorio, fortaleciendo su capacidad para obtener concesiones de las autoridades y compañías privadas o, incluso, bloquear las operaciones mineras.

Pero los planes de Morales no tienen quién los escriba. Bolivia camina de espaldas a las transnacionales FUTE y  FMC Lithium Corporation, con tecnología para convertir el litio en metálico. Hasta ahora, Comibol, el organismo estatal que supervisa la minería boliviana, sólo ha podido invertir cerca de seis millones de dólares en una pequeña planta cerca del pueblo de Río Grande, a orillas del Salar de Uyuni, donde espera empezar el primer esfuerzo a escala industrial para extraer litio. Un camino que necesita primero llegar a la salmuera o agua saturada de sal a gran profundidad, bajo el desierto salino, donde se evapora de las pozas para dejar al descubierto el mineral. Para Morales, el iceberg de sus glorias puede ser el hielo de sus debilidades. No será la primera vez: una de las grandes empresas del litio se mudó a Argentina luego del fiasco boliviano de 1990 y la otra está en Chile, en el salar de Atacama.

Washington recuerda aún la batalla de los años 90, le duelen los latigazos nacionalizadotes, tanto como para dejar asar de largo, antes de empezar, la carrera por el litio boliviano. El tiempo corre en contra de Morales: mientras ensaya órdagos con una nueva baraja energética, China se consolida como el principal productor mundial de litio, al calor de las reservas e los llanos salinos tibetanos y Argentina y Chile. Ni en los planes más optimistas del gobierno de La Paz esperan que Comibol sea capaz de acabar esa planta antes de un año, tarde para un boom que los analistas descuentan para el primer semestre de 2010. Mas aún si Mitsubishi, Hyundai y  Sumitomo, después de casi un año de topar con su lobby contra los muros del Palacio Quemado, vuelven la vista a la recesión de la industria y siguen mirando sólo al litio de Pekín. Suminoto ha comenzado ya a hacerlo: ha comprado todas las acciones de la estadounidense Apex Silver en San Cristóbal, la mina de plata más grande del país, a menos de 40 kilómetros del salar de Uyuni, pero sigue mirando de lejos al litio boliviano. Sus contendientes sólo han aceptado participar en un “comité científico” para acompañar a Bolivia en sus planes.

NEBULOSA ELÉCTRICA Y GASISTA

Morales ha estrenado su nueva Ley de Hidrocarburos y el paseíllo por tierras rusas con la sombra del escándalo sobre YPFB, descabezada. Se le llena el ojo del gas con los euros y los rublos ajenos y promete utilizar 1.500 millones de dólares renueve contratistas privadas en 2009 para incrementar un 15% su producción de gas natural este año, como primer paso para duplicar su oferta en un quinquenio. Pero Bolivia tiene desde hace meses la producción estancada en 40 millones de metros cúbicos diarios de gas, un horizonte insuficiente para abastecer los 32 millones que requiere Brasil, los 7,7 de Argentina y  los seis millones de demanda interna. Morales trata de seguir frotando la ‘lámpara de Aladino’ de la segunda reserva de gas del continente (48,7 billones de pies cúbicos según una certificación ya caduca de 2005) y se ha sacado de la chistera bolivariana su ‘Plan 100’, un ensueño con el que espera nada menos que duplicar en cuatro años sus actuales reservas de gas. El boliviano intenta que las facturas de sus sueños energéticos corran a cargo de las multinacionales, con Repsol YPF en cabeza, con la estatal YPFB como ariete y las multinacionales como rehenes, forzadas a bailar el paso a dos con ella y con el cubierto pagado con los 2.500 millones de dólares de inversiones que les ha exigido a cambio de su permanencia.

Con Repsol quiere más que un vínculo que deja sólo en manos de la española un 48,92% del paquete accionarial de Andina; obliga a Brufau a compartir la gestión con los enviados de Palacio, a entregar el timón y conformarse con dos consejeros de siete. Repsol está condenado a vestir los ensueños de Morales en su triple condición: como socio forzoso del Estado, como inversor a la fuerza con 900 millones de dólares para el Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita  y Huacaya y como puente de emergencia a las necesidades gasistas de Argentina y Brasil.

En el sector eléctrico, Evo Morales diseña la refundación de la estatal Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) con la misma escuadra con la que ejecutó la ‘resurreción’ de la petrolera pública YPFB: ideas bolivarianas y dólares y euros de las multinacionales. Ahora que Bolivia prevé un "decrecimiento" del 5% para este año y que Morales necesita una inversión de 1.851 millones de dólares, el gobierno andino embiste contra sus fantasmas internos en las carnes de las multinacionales y -condenado al fuera de juego político y económico- adorna su soledad con la arremetida de incautaciones, cortes de contratos y nuevas nacionalizaciones, que sirve a la mesa aliñadas con la emergencia de la crisis interna. La nueva Constitución le dará alas legales para servirse ya a la mesa al menos los primeros bocados de la estatalización de las eléctricas; para la financiación, mira a Moscu.

La visita de una misión rusa y los rublos que Tecnoprom Export promete invertir en el sector hidroeléctrico boliviano le aceleran el ‘banquete’ de las nacionalizaciones. El gobierno de La Paz ha puesto ya a la mesa oficial las distribuidoras locales de Iberdrola y la boliviana Transportadora de Electricidad (TDE) de Red Eléctrica Española (REE). El Ministerio de Hidrocarburos no ha abierto la caja de Pandora aún con las empresas encargadas de la distribución de energía eléctrica, que se encuentran en manos de empresas privadas, como Electropaz (La Paz) y Elfec (Cochabamba). Pero ya ha comenzado el ‘diálogo’ con las compañías capitalizadas en el año 2008 y las negociaciones avanzan desde hace semanas con las generadoras, Guaracachi, Corani y Valle Hermoso, capitalizadas entre 1993 y 1997.

REE se ha acostumbrado al peaje de las inversiones en tierras andinas: más de 65 millones para ampliar la red en seis departamentos desde 1997. La filial supuso en el primer trimestre un 2,1% de los ingresos del grupo y el 3% del beneficio si bien REE ha destacado siempre que Bolivia era el pilar de su expansión internacional. Pero los acuerdos con el Gobierno boliviano sólo le dan estabilidad regulatoria hasta 2009. Y su peaje de inversiones -siete millones de dólares para cubrir en un corto plazo la creciente demanda de energía eléctrica generada por el desarrollo del sector minero en el sur de Bolivia- le parece ahora escaso al Ejecutivo. Ahora que Bolivia prevé un "decrecimiento" del 5% para este año y que Morales necesita una inversión de 1.851 millones de dólares, el gobierno andino embiste contra sus fantasmas internos en las carnes de las multinacionales y -condenado al fuera de juego político y económico- adorna su soledad con la arremetida de incautaciones, cortes de contratos y nuevas nacionalizaciones, que sirve a la mesa aliñadas con la emergencia de la crisis interna.

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