edición: 2767 , Miércoles, 24 julio 2019
09/10/2017

El débil crecimiento de la productividad amenaza la recuperación global

Personalidades e instituciones alertan sobre el riesgo de nuevas tensiones financieras internacionales
Carlos Schwartz
La reanudación de la agenda económica en el hemisferio norte este año se ha visto acompañada de reiteradas advertencias sobre el crecimiento internacional y los riesgos que entraña el exceso de liquidez que los bancos centrales del mundo han inyectado en los sistemas financieros nacionales. La última advertencia la ha hecho este fin de semana Wolfgang Schauble, el ministro de Economía de Alemania en su despedida del cargo. El ministro que se ha ganado la enemistad de muchos ciudadanos europeos por la inflexibilidad en torno a los planes de austeridad exigidos para obtener rescates europeos deja el gabinete de Angela Merkel en el que fue responsable de una de las economía más grandes del mundo durante dos legislaturas, y pasará a desempeñar el cargo de portavoz en el Parlamento Federal de su país. Schauble ha señalado que uno de los principales riesgos a los que hace frente la economía internacional es el excedente de liquidez que supone varios billones de dólares a escala mundial.
Mientras los principales bancos centrales debaten como reducir sus balances, es decir poner límites a esa abundancia de dinero, los analistas no dejan de señalar que en parte la creciente polarización de la riqueza está directamente relacionada con ese excedente de liquidez en la medida que es ese dinero el origen del aumento de la especulación financiera en los mercados y que son las grandes fortunas las que tienen acceso a esa fuente de beneficios. Lo que ningún organismo multilateral discute es que a expensas de esta política monetaria la economía mundial lleva cinco años de crecimiento sostenido en lo que representa el ciclo de expansión más largo desde la crisis financiera iniciada en 2007/2008.

Mientras tanto el índice de crecimiento de la competitividad del grupo de análisis Brookings Institute apunta a un crecimiento sostenido este año y en 2018 basado en la medición de la economía real, la confianza de productores y consumidores y el escenario financiero. El índice que cubre todas las economías desarrolladas y emergentes significativas se encuentra en máximo de cinco años pero al mismo tiempo deja al desnudo que las tasas de crecimiento son muy inferiores a las que precedieron a la crisis financiera internacional de cuyo inicio hace ya una década.

Las organizaciones multilaterales transmiten un mensaje de optimismo por el periodo de crecimiento, pero al mismo tiempo de alarma por la necesidad de aprovechar esta coyuntura. En realidad buena parte del mensaje se resume en la necesidad de acometer nuevas reformas que permitan que esta onda de crecimiento se aproveche y se extienda. La preocupación central es la baja tasa de crecimiento de la productividad de un lado y de la inversión productiva del otro. La combinación de ambos factores determinan que el actual periodo de crecimiento económico pueda ser insostenible y amenazar el futuro económico internacional.

La OCDE ha urgido recientemente a los ministros de finanzas y los banqueros centrales a aprovechar un momento especialmente favorable, lo ha definido como “ventana de oportunidad”, de forma inteligente tras la crisis de hace 10 años. Sin embargo, ninguna de estas instituciones ha señalado en qué consisten las reformas necesarias ni cuáles son los desequilibrios que se deberían suprimir para garantizar la sostenibilidad de la actual tasa de crecimiento. Por el contrario, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) ha alertado sobre el riesgo que entraña la reducción de los tipos de interés que tienen previstos todos los bancos centrales más relevantes en la economía internacional.

El economista jefe del BIS, Claudio Borio, ha señalado en la presentación del informe trimestral de la entidad que las empresas y los bancos se han habituado a un mercado cuyo comportamiento está determinado por la expansión monetaria. Señaló en este sentido que el precio de los bonos y las acciones en los mercados están muy por encima de sus valores fundamentales impulsados por una demanda monetaria que ha distorsionado a los mercados.

En opinión de Borio las empresas y los mercados entrarán en un escenario de riesgo cuando comiencen a subir lo tipos de interés precisamente por la actual distorsión en el precio de los activos. De acuerdo con su análisis algunas empresas han aprovechado esta coyuntura para no sanear sus carteras de créditos, ni pagar los créditos acumulados durante el periodo previo a la crisis, lo cual ha incrementado la carga de la deuda que soportan sin que ésta les ocasione problemas serios por los bajos tipo de interés reinantes.

Según Borio la calma en los mercados de bonos no está en línea con la situación real de la economía internacional y solo puede ser explicada por la presencia en ellos de los bancos centrales. “No acabamos de entender totalmente los factores que están en juego. Pero no cabe la menor duda que el ritmo del gradual acomodamiento de la normalización de la política monetaria ha jugado su papel”, apuntó. En esencia el BIS señala que hay una acumulación de deuda corporativa y una deficiente reducción de deuda histórica -anterior a la crisis financiera- alentada por los bajos tipos de interés y la facilidad para obtener financiación que puede convertirse en una carga insuperable para las empresas si suben lo tipos de interés.

El Brookings Institute señala por su parte que hay una mejoría en particular en las economías desarrolladas. Apunta no obstante que el incremento de los precios de las materias primas ha beneficiado en el último año a los países emergentes contrarrestando el efecto pernicioso sobre esas economías de la caída de los precios del petróleo en 2014.

En este escenario de mejoría internacional la debilidad del crecimiento de la productividad y la inversión se refleja en las bajas tasas de crecimiento económico. “No hay que llamarse a engaño, se crece pero poco y ese crecimiento está al mismo cuestionado por el escaso incremento de la productividad y las bajas tasas de inversión productiva”, señala un analista de un fondo de inversión internacional. En su conjunto el escenario es lo suficientemente complejo como para que los bancos y las grandes corporaciones cierren los ojos a los riesgos que amenazan el crecimiento de sus beneficios y aún más en el caso de los Gobiernos inmersos en la autocomplacencia.

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