edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
15/05/2012
La AEB se mantiene en un “perfil bajo” frente a la reforma

El decreto del Gobierno provoca mayor división del sector financiero

Los “vehículos” inmobiliarios de De Guindos, tienen visos de no salir del garaje
La banca se vuelve escéptica con las reformas del Gobierno: no hace distinciones entre bancos
Miguel Martín, presidente de AEB
Juan José González

Las medidas de saneamiento aprobadas el pasado sábado por el Gobierno, recogidas en el decreto ley, convierten en denominador común los problemas particulares de bancos con mejor salud, más morosidad presente, con necesidades urgentes de capital o, incluso, de gestión. El decreto ley hace tabla rasa de situaciones particulares y distribuye y reparte por igual la obligación de saneamiento a todos los integrantes del sector financiero, incluidos los procedentes de antiguas cajas de ahorro, principal núcleo del problema. Es decir, no todos los bancos son iguales ni los problemas comunes; en todo caso, son parecidos, lo que obliga a graduar la letra del decreto ley y, por tanto, su aplicación general.

Así las cosas, algunas entidades, con mayor capacidad para comenzar a responder a las demandas de crédito, se ven frenadas, obligadamente, por la nueva norma: la exigencia de mayores provisiones para el saneamiento, es con carácter general, lo que para algunas, las que se encuentran en mejores condiciones, mejor salud, más saneadas, va a suponer una nueva vuelta de tuerca que hará más difícil la actividad crediticia. En espera de que la Asociación Española de Banca (AEB) salga de la sombra y aporte alguna opinión al respecto, cada entidad se dispone a jugar sus propias estrategias.

Santander y BBVA tienen posiciones encontradas en esta fase del reajuste que el Ejecutivo asegura será la definitiva. Uno, seguramente el primero, hará de malo, será el descontento, el crítico y el escéptico; el otro, claramente el segundo, oficiará de alabancero, será el adulador en primera fila del Gobierno y aplaudirá al ministro de Economía en todo cuanto pueda. Dos estrategias diferentes, contrapuestas. Pero la del Santander puede tener más lleva camino del éxito porque es seguro que aglutinará, no a los intereses del sector bancario, sino a los críticos que militan ahora mismo en el escepticismo.

Escepticismo significa creer firmemente en que los 59.000 millones aportados hasta el momento por el “decreto Guindos”, no han servido para nada, algo que se han encargado de certificar los mercados. Cantidad que tampoco ha servido para evitar daños colaterales, con una prima de riesgo de nuevo disparada encareciendo la financiación pública y la muy escasa privada.

Curiosamente la realidad, ahora con la actualidad reflejada en la deriva de los problemas de Bankia, ha dado la razón el banquero Emilio Botín, el malo en esta fase de la reestructuración por asegurar, abiertamente, que el “banco malo” no era necesario para la banca española. Convicción compartida con por el presidente de Banco Popular, Caixabank y Sabadell, posiblemente las entidades que creen tener más controlada la mora y las dotaciones. Las entidades citadas, escépticas respecto a la idea del “banco malo”, lo creían –y lo siguen creyendo- así en el entendido de que ese “vehículo societario-contable” no era necesario para el sector, si no tan sólo para una entidad: Bankia.

Es conocido que el “banco malo” es, en esencia, una entidad nueva que adquiere los inmuebles, que paga a los bancos según una valoración acordada, saliendo del balance de los bancos los peores activos. En principio, la idea gustaba por dos razones: primera porque era –y lo es- muy razonable, y segundo porque se daba por hecho que el comprador inicial no sería otro más que el Estado, es decir, olía a dinero público para los bancos. A De Guindos le tocó comunicar que esa cultura de tradicional arraigo, se había terminado, y que para culminar la reforma, serían los propios bancos quienes deberían allegar los recursos.

El ministro puso las cosas claras y aportó una parte –obvia- de la solución: busquen ustedes inversores privados, que seguro que los encuentran. Y el ministro tienen razón, pero las valoraciones, como son a precios de mercado, están por los suelos, lo que obliga a reconocer pérdidas que por término medio superarían el 30%. De ahí los problemas con que se encuentra el sector –y el Gobierno- a la hora de dar salida al dichoso problema inmobiliario de la banca española por la vía aportada por el ministerio de Economía. Una solución que ven, a todas luces, utópica, insostenible por lo que supone de rebaja de valoración y su correspondiente pérdida. La mayoría de las entidades financieras con mayor peso en el inmobiliario, “se buscan la vida” y estudian la aplicación de diferentes paliativos.

En todo caso, la tercera reforma del sistema financiero –para algunos la cuarta- lleva el signo evidente de provocar una mayor división, una fragmentación de intereses que caminan en sentido contrario a la unidad de un sector bancario que ahora debería estar haciendo frente común a la gestión de la crisis financiera que lleva cabo el Ejecutivo, algo que sí debería estimular la intervención de una siempre discreta AEB, por lo demás, situación ideal para que su presidente, Miguel Martín, presente oficialmente su candidatura a Gobernador o Subgobernador del Banco de España.

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