edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
16/11/2017
La ambigüedad política dispara la incertidumbre

El dinero desconfía del Gobierno, que no descarta elecciones generales

Los inversores valoran el riesgo de una negativa que no es rotunda y se unen a los fondos en su huida de la Bolsa
Juan José González
Nadie descarta el riesgo a una nueva escalada de la tensión política en España y, por tanto, los efectos obvios sobre los mercados financieros, mantienen en guardia a los inversores y fondos de inversión. Tensión política en la medida en que la afirmación del jefe del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, asegurando que unas elecciones generales "no deberían ser antes de 2020" se considera ambigua y no despeja la duda de un adelanto, el cual parece supeditado al resultado de la cita electoral del 21-D en Cataluña. La valoración de los inversores, bastante generalizada en esta ocasión, no resta para que otros fondos e inversores más arriesgados aprovechen la oportunidad de entrar en un mercado que, como el bursátil, estaría ofreciendo ahora una `prima de descuento´ entre el 8,5% y el 12%, incluso para los valores líderes. El mensaje ambiguo, además, viene acompañado de un futuro condicional por el que la expansión económica será aún mayor en la medida en que Cataluña regrese a la normalidad. El impacto de la crisis catalana, visible y tangible en el corto plazo, confirma su presencia en la economía y en el mercado bursátil, y no lo abandonará hasta que el futuro político no se despeje; dos o tres meses, al menos.
El dinero, los inversores, trabajan estos días con numerosas hipótesis de futuro sobre los acontecimientos políticos. En principio, los agentes económicos acaban de presentar un trimestre de resultados, a su vez, acumulado de nueve meses, que no ofrece grandes dudas y que confirman la recuperación de las cuentas empresariales. Las empresas no parecen encontrar problemas en su demanda de financiación, tanto nacional como internacional, y los precios de las emisiones continúan siendo muy favorables.

La financiación del Estado, con el bajón puntual del referéndum catalán, ha regresado a los intereses negativos y nada hacer peligrar, según el buen curso de los indicadores económicos comprometidos con la Unión Europea sobre deuda y déficit, una revisión a la baja de las calificaciones de las agencias de rating. Por tanto, con la economía española instalada en la buena senda del crecimiento, de su continuidad y de la recuperación del empleo, el mercado bursátil debería estar reflejando el buen clima económico así como las expectativas de futuro igualmente positivas, algo que, a la vista de la pérdida del nivel de los 10.000 puntos del selectivo Ibex35, no sucede o, por el momento, no se está cumpliendo.

El mercado bursátil estaría de esta forma modificando su condición de termómetro de la economía y del sentimiento empresarial para convertirse en el barómetro del ambiente, de la climatología social y política. Un mercado cuyo indicador reflejaba con una revalorización del 13% los diez primeros meses del ejercicio, una cifra muy adecuada como rendimiento de inversiones, beneficiosa para los ahorradores particulares y más que saludable para las carteras de fondos de inversión y otros activos. Y sin embargo, en apenas dos meses se ha pasado de tocar los 11.000 puntos en el selectivo a perder el nivel de los 10.000, mil puntos de diferencia o tamaño de la incertidumbre existente en el mercado bursátil.

La buena racha de resultados empresariales parece mantenerse en el horizonte, amenazado únicamente por el efecto de la incertidumbre política interior que genera, hoy por hoy, el imprevisible resultado de la consulta del próximo 21-D en Cataluña. Cinco semanas para despejar una primera duda: el resultado que dará lugar a la formación de un nuevo Parlamento en la autonomía. Otra duda, la segunda a despejar, consecuencia de la formación de la Cámara legislativa, será comprobar hasta qué punto es posible la formación de un Ejecutivo, habida cuenta de la pluralidad de formaciones políticas existentes. Y esta última incertidumbre puede prolongarse varios meses hasta, incluso, llegado el caso, una nueva convocatoria electoral.

Si los efectos de una nueva consulta autonómica mantendrían la incertidumbre económica y las dudas de inversores y demás agentes sociales, la sombra de una convocatoria de elecciones generales agravaría numerosos problemas pendientes, aplazaría también un buen número de iniciativas empresariales, hoy pendientes de que el horizonte político y legislativo se despeje, y profundizaría en el desasosiego e inquietud social que vive el país en los últimos meses. De ahí que la ambigüedad planteada en la respuesta del presidente del Gobierno dejando abierta la posibilidad futura de una consulta general (o no) esté provocando la retirada de fondos internacionales así como la salida de inversores locales.

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