edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
29/09/2010
Primer caso real donde las exigencias de capital terminan estrangulando a una entidad

El eco de la quiebra del Banco Takefuji se escucha en toda Europa

Un exceso de normas -Basilea III- ocasionará suspensiones de pagos como la del Takefuji
Juan José González

El Banco Central Europeo quiere entrar a saco en los bancos, en los que van mal, en los que andan regular y, de paso, hacer un repaso a los que van bien. Las normas de Basilea III son la orden de registro para traspasar cualquier puerta bancaria que se ponga por delante. Es una política muy coordinada, como todas las que se ponen en marcha para corregir errores, que en esta ocasión se produce con el FMI. El Fondo comunicó ayer a la comunidad financiera de todo el mundo, que se dispone a realizar controles obligatorios de los sectores financieros en 25 países, de forma sistemática, porque no desea que no se vuelvan a repetir los episodios vividos en los últimos años. Y nada más llegar el comunicado a las sedes centrales de los grandes grupos bancarios, estos leían el último concurso de acreedores de un colega nipón: el Banco Takefuji solicitó la suspensión de pagos con una deuda de 3.820 millones de euros. Una quiebra que hace reflexionar a supervisores, gobiernos y banqueros.

Nueva regulación en marcha y aviso de mayor intervención administrativa, guardan en este caso, como en la mayoría de los cierres bancarios, una relación directa. El banco japonés, popular y conocido en el mercado por su especialización en el crédito al consumo, es el cuarto banco en el ranking de aquel país, y los responsables de la entidad señalan en su comunicación a la autoridad administrativa de su Gobierno que la situación no era sostenible por más tiempo, y que era imposible mantener la presión de las nuevas reglas de capital impuestas por las autoridades niponas en los últimos años.

El golpe al Takefuji, víctima no solamente de una normativa que le obligaba a mantener en reserva una parte de los fondos para cubrir devoluciones a clientes, sino también a la aplicación de intereses ilegales, según el Tribunal Supremo de Justicia japonés, es el primero que sufre un banco mediano y no será el último. La primera lectura de la suspensión de pagos invita a pensar en una relación causa efecto del lance en el que se ve envuelta la entidad nipona. Se puede interpretar como la quiebra de un banco por la presión ejercida por un supervisor muy celoso que tras la particular crisis nipona se ha vuelto más intervencionista.

Haciendo un ejercicio de simulación, mediante la proyección de las mismas o similares causas y efectos en las entidades financieras españolas, es bastante seguro que habría lugar para al menos media docena de ‘Takefujis’, incluso si la nueva normativa recogida en Basilea III se aplicara con un calendario más estrecho, es posible, también, que más de la mitad de la banca española (bancos y cajas) estuviera en situación Takefuji.

Los acontecimientos en el banco japonés, como en los 12 o 13 de media que quiebran al mes en EE UU, son seguidos de cerca por un numeroso público español que trabaja en las cajas y en los bancos medianos. Los casos de las cajas de Castilla La Mancha y Cajasur, las dos intervenidas por el Banco de España, no son crisis comparables a la del japonés Takefuji, sin embargo, es posible que con el paso del tiempo y la aplicación de Basilea III ambas entidades habrían seguido, si no el mismo camino, sí uno similar. En esa situación se encuentran varias cajas medianas y pequeñas españolas que se defienden con el chaleco salvavidas en los SIP que hoy están en marcha.

El ejemplo del Banco Takefuji es observado también como una especie de escarmiento y efectos de una política de intereses ilegalmente elevados, política que fue eliminada por el supervisor nipón al poner techo a los tipos de interés aplicables a los créditos, y que dio lugar a que varias entidades financieras, entre ellas el quebrado Takefuji, vieran limitado el volumen de concesión de crédito.

Ahora lo que hace falta es que reguladores y supervisores, organismos nacionales y supranacionales, hagan también una lectura a propósito de la suspensión de pagos del banco nipón para graduar la aplicación de las normas y medir la trascendencia de un excesivo intervencionismo en el sector bancario. La industria financiera, la del crédito al consumo en particular, tocada en esta crisis como ninguna, puede resentirse si el cúmulo de normas pendientes por llegar al sector se convierten únicamente en limitaciones a su actividad.

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