edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
21/10/2009

El Ecofim sugiere que sólo España no ha hecho los deberes

La retirada de los estímulos fiscales ‘pillará’ al Gobierno con los impuestos sin subir
Juan José González

En una aula universitaria, un profesor se esforzaba ayer en explicar a sus más de 50 alumnos que “las inyecciones de capital, incluso en momentos de crisis, perjudican a la larga al sistema, a corto permite mantener la especulación en los precios inmobiliarios y deja a la banca en una cómoda posición de mantener sus diferenciales”. La afirmación tiene su parte de razón en la parte que toca al sistema financiero, como sucedió con las monstruosas inyecciones de capital en EE UU, para alejar de la quiebra al sistema bancario, al que destinó nada menos que un trillón de dólares. Ahora los bancos guardan como oro en paño la liquidez obtenida en los últimos meses, pero su actitud mantiene la demanda de crédito en mínimos históricos, una situación que no parece que se vaya a despejar en el presente cuarto trimestre del año, justo cuando la FED ya ha comenzado a retirar gradualmente los estímulos financieros.

Con todo, los norteamericanos hablan del fin de la recesión y comienzan a hacer planes para retirar las ayudas estatales al sector financiero, y los europeos, en boca del Ecofim, anunciaron ayer que también, que aquí en el continente ya no hay recesión y tampoco se la espera. Todos tienen muchas prisas, demasiadas; prisa económica y prisa política, y las dos pasan por retirarle a la banca las ayudas y las medidas de estímulo fiscal. En España, el Gobierno se echa las manos a la cabeza –aunque declare lo contrario, dice que no le inquieta el acuerdo alcanzado ayer en el Ecofim- porque las cuentas públicas no están, ni estarán, para ejercer esa “ambición” en la retirada de los estímulos fiscales  que aconseja el foro de los 27 ministros de economía de la Unión Europea.

La papeleta para el Gobierno español es muy dura. Los 27 se rigen por un banco central habitualmente rígido con los fundamentales, por tanto, cualquier mención de la UE o del BCE en la dirección de reducir el déficit o la deuda provocados por la crisis, pone en aprietos a los miembros más rezagados, en peor estado o en estado de necesidad, como es el caso español, obligado de todas formas a comenzar a retirar paulatinamente las medidas de estímulo fiscal.

El objetivo –obligación según la UE- se presenta como una misión imposible para el Gobierno, que ayer mismo comenzaba a discutir los Presupuestos Generales para 2010, porque, entre otras cosas, la UE condicionaba esa retirada gradual de los estímulos financieros a la consolidación de la recuperación económica, situación que, según las últimas declaraciones del secretario de Estado de Hacienda es difícil que se produzca antes del segundo semestre del próximo año. Es decir, la economía española presidirá la UE en uno de los lugares más retrasados del pelotón de los 27, en la zona del ‘pelotón de los torpes’.

Pero el Gobierno ya se adelantó a contrarrestar las prisas ‘políticas’ del Ecofim asegurando que en España aún no han comenzado a reaccionar y que la obra se encuentra al nivel de excavación de cimientos, esto es, con el proyecto de Ley de Presupuestos Generales en trámite parlamentario. En esta faena, la plantación de los cimientos, el Gobierno español llega tarde, muy tarde. En Alemania, tras las últimas elecciones generales, el Gobierno anunció un acuerdo con la oposición para cerrar las cuentas que regirán la economía alemana en 2010, dejando muy claro que, al contrario de otros países, el sacrificio fiscal lo haría el Estado sin apretar las clavijas de los impuestos a los ciudadanos. En Francia, la mayoría del partido en el poder, no habrá problemas en este sentido y en Reino Unido es posible que se produzca ruido, pero de menor volumen que en el caso español.

Lo más llamativo de este asunto, es que el Gobierno español se mantiene en ese espacio oscuro e intermedio entre el blanco y el negro con el anuncio de medidas que se desconoce si, primero, se van a producir, y segundo cuándo. Esta claro que tarde o temprano se tendrán que conocer cómo piensan resolver esos “problemas estructurales que exigirán sacrificios y medidas excepcionales para superarlos”, según las palabras de Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos. Desde ese ministerio se sigue manteniendo una postura crítica hacia la supresión de los estímulos fiscales, dicen que por imprudente, y porque además, es imposible asumir esa estrategia que la UE quiere comenzar a aplicar desde el primer mes del próximo año. Una estrategia que ‘pilla’ literalmente al Gobierno español con los deberes sin hacer, es decir, con los impuestos sin subir, la única vía con que cuenta el Estado para mejorar las cuentas públicas: conseguir mayor recaudación para disminuir el déficit fiscal.

Finalmente, queda la asignatura pendiente de las reformas estructurales, esas que cuestan dinero, esfuerzo, votos y puestos de trabajo. A partir del 1 de enero de 2010 y desde la presidencia de la Unión, el presidente del Gobierno español piensa impulsar la reforma del mercado laboral que tanto ruido provoca en todos los grupos sociales, políticos y económicos. Algo que será muy doloroso para la economía española y para muchos ciudadanos.

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