edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
17/11/2010

El Ecofin, atascado en la rueca irlandesa

Carlos Schwartz
El desenlace de la crisis irlandesa no se ha aclarado en lo que va de la semana. La creciente presión para que Irlanda acepte un plan de salvamento va dirigida estrictamente a impedir que el problema de la desconfianza hacia la deuda pública se extienda a otros países. Portugal y España ya están pagando un sobreprecio por sus emisiones. Los ministros del Ecofin gastaron buena parte del día de ayer en discutir las opciones disponibles. La operación de rescate que los ministros de Finanzas de la UE seguirán debatiendo hoy parece formalmente estar dirigida a impedir la extensión del problema. Irlanda por su parte no manifiesta en público gran preocupación. El hecho de que no deba salir al mercado a colocar deuda hasta la próxima primavera le ha hecho adoptar la actitud de que la tormenta que azota sus costas no le va a hundir la barca. Bien por Irlanda, coraje no le falta ¿O será inconsciencia?

De acuerdo con Eurostat, el producto interior bruto (PIB) de Irlanda en 2009 equivalió a un 16% del producto interior bruto de España en ese año. Las estimaciones para este año rondan más o menos las mismas cifras. Entretanto, de acuerdo con los datos del Banco Central de Irlanda en septiembre de 2010, los préstamos solicitados por la banca irlandesa al Banco Central Europeo (BCE) totalizaron 120.000 millones de euros. De este total, el banco emisor irlandés afirma que 83.000 millones fueron pedidos por los bancos de andar por casa, los denomina “las instituciones de crédito del mercado doméstico”. Se supone que el resto serán filiales en el país de entidades extranjeras, pero no obstante estarán hasta las cejas de deuda pública irlandesa.

Como ya señalamos, Irlanda viene de anunciar que su déficit público se ha disparado por la necesidad de saneamiento del Anglo Irish Bank que a un coste de 34.000 millones de euros ha llevado el déficit público de Irlanda al 32% del PIB de la noche a la mañana el pasado 30 de septiembre.

Si se comparan las cifras con España, se puede tener una idea de la magnitud del problema. El recurso de la banca española al BCE en octubre fue en total de 67.947 millones de euros, la mitad del recurso irlandés con una dimensión de PIB y banca directamente incomparable. Entretanto, el total de la deuda pública de Irlanda es de 90.000 millones para un producto interior bruto de 162.000 millones de euros comparado con un PIB de Grecia de 230.000 millones y el de España de un billón, o el de Francia de dos billones, o el alemán de 2,5 billones de euros. La cuestión de fondo es que la banca de Irlanda, en crisis, con crecientes agujeros patrimoniales como saldo de un crecimiento basado en la demanda interna alimentada con deuda y por una burbuja inmobiliaria, está alicatada hasta el techo de deuda pública cuestionada, precisamente, por un déficit que se ha disparado por sanear a la banca con cargo al presupuesto.

Dicho de otra forma, la banca es el problema de la crisis de la deuda pública irlandesa en la presente fase, y la deuda pública es al mismo tiempo el problema de la banca irlandesa en la fase presente y en la subsiguiente. Y, por añadidura, la banca británica también está alicatada hasta el techo con deuda pública irlandesa.

Como no podía ser de otra forma, Reino Unido está considerando de qué forma participa en el rescate de Irlanda. El país es el principal socio comercial y financiero de Dublín, pero no forma parte del sistema monetario europeo. Con lo cual cualquier intervención conjunta con los países miembros de la unión monetaria europea supone una incongruencia política que las propias filas conservadoras de la coalición en el gobierno seguramente rechazarán. El Reino Unido no forma parte del fondo creado para asistir a los países con problemas de crisis de pagos de 440.000 millones de euros de la UE creado con motivo de la crisis griega. Sí forma parte del fondo de contingencia de 60.000 millones de euros cuya utilización es potestad de la Comisión Europea.

Entretanto, el clima contra Alemania y contra su canciller Angela Merkel y sus tesis, compartidas con Francia, de que los inversores asuman pérdidas en caso de crisis de pagos, se ha ido caldeando progresivamente. La lectura de los políticos y analistas es que los ataques contra la deuda irlandesa fueron detonados por la incertidumbre que ocasionó el acuerdo germano francés para reabrir los tratados de Roma y reformularlos de forma tal que se incluya un mecanismo de rescate de países afectados por crisis de pago de su deuda. Porque es de señalar que la posibilidad de asistir a un socio en apuros no existe dentro de los tratados de Roma. Más bien todo lo contrario, una de las bases de funcionamiento de la UE hasta ahora ha sido que no existe la posibilidad de intervención colectiva para asistir a un socio en desgracia.

Desde luego estas son batallas institucionales de dimensión histórica, porque lo que está en cuestión no son los intereses de los inversores de a pie que representan el 0,60% de la deuda pública colocada por ejemplo en España. El problema son las entidades financieras, fondos de inversión, fondos de pensiones, y los inversores extranjeros, como los bancos británicos o alemanes, ya que la deuda de cada país de la UE de media se coloca en un 45% fuera de las fronteras nacionales.

Cuando Merkel y Sarkozy se ponen de acuerdo para que los inversores asuman pérdidas por sus compras de deuda pública de países poco solventes, o sin rigor presupuestario, de lo que están hablando es de entidades financieras. No parece que la banca española tenga deuda irlandesa. Si es probable que la tengan las filiales de Banco de Santander en Reino Unido.

Mientras, el problema irlandés puede evolucionar de tal forma que vuelva a cerrar a la banca española los mercados de colocaciones. Ha sido a expensas de estas colocaciones y a la denominada “guerra de los depósitos” que bancos y cajas de ahorros han conseguido reducir su posición deudora ante el BCE a la mitad entre julio y octubre. En ese lapso de tiempo la banca colocó en los mercados de emisión primarios 18.000 millones de euros. Las emisiones abarcaron a una veintena de instituciones españolas que, eso sí, han tenido que pagar unos tipos de interés altos y se han enfrentado a diferenciales en los Credit Default Swaps también muy altos. Pero los problemas de la banca española son harina de otro costal.

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