edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
05/03/2012
EL DEDO DE MADOZ

El efecto recesivo del ajuste presupuestario pone en entredicho el nuevo objetivo de déficit

Todo parece indicar que el Gobierno está en un callejón sin salida en materia de déficit presupuestario y que terminará apelando a un incremento de ingresos por la vía fiscal
Carlos Schwartz

 El anuncio del déficit del presupuesto de España para 2012 de un 5,8% con el que presuntamente el presidente del gobierno “planta cara a Bruselas”, de acuerdo con algunos medios, surge de la desagradable realidad de que eso es todo lo que se puede alcanzar sobre la base de los recortes de gasto e incremento de la presión fiscal que el gobierno tenía previsto aplicar. Es simplemente la expresión, en porcentaje del producto interior bruto (PIB), del déficit que quedaría con recortes del gasto e incrementos de ingresos por 41.000 millones de euros del colosal ajuste previsto inicialmente. El Gobierno había estimado que con ese “ajuste” se lograba en principio reducir el déficit al 4,4% del PIB, el umbral comprometido con Bruselas por el Gobierno saliente para este año. Ocurre que, en parte debido al mismo ajuste, la caída del PIB será mucho más pronunciada de lo estimado inicialmente, y que al crecimiento vegetativo del gasto en pensiones y al incremento del seguro de desempleo por el paro, se sumarán la reducción aguda del gasto de los hogares, y el incremento del servicio de la deuda pública, entre otros factores. La acumulación de elementos negativos resultado directo del ajuste es lo que hace inviable la reducción del déficit hasta el 4,4% del PIB. Las cuentas ya las había echado la Fundación de Cajas de Ahorros (FUNCAS) en sus Previsiones Económicas para España publicadas el 23 de febrero pasado.

El último párrafo de documento de FUNCAS afirma que: ”Con respecto al saldo presupuestario de las AAPP, y a pesar del aumento de los impuestos y recorte de los gastos incluidos ex ante en el escenario de las previsiones, el déficit se situará en el 5,8% del PIB, significativamente alejado del objetivo inicial del 4,4%. Esto se explica, por una parte, porque la caída del PIB, del gasto y del empleo inducida por el propio ajuste conllevará un menor crecimiento de los ingresos fiscales y un mayor aumento del gasto, especialmente en prestaciones por desempleo (estabilizadores automáticos). Por otra parte, hay ciertas partidas que mantienen su propia dinámica alcista, como las pensiones, cuya factura crece a un ritmo anual de 5.000 millones, o los intereses de la deuda, que este año se incrementarán en una cuantía semejante. En definitiva, la reducción del déficit al 4,4% requeriría medidas fiscales y/o presupuestarias adicionales a las contempladas, lo cual, a su vez, se traduciría en una caída más intensa del PIB”. FUNCAS lo ha clavado: la cuenta le daba el 5,8%, la misma que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha comunicado ni lerdo ni perezoso a la salida de la reunión de Consejo Europeo.

Lo que ocurre es que si ahora mantiene los recortes que había insinuado que eran necesarios para el 4,4%, es decir los 15.000 millones entre gastos e ingresos que ya se decidieron, y los 26.000 que tocaba aprobar en el futuro inmediato, quedará a la vista que no habían medido oportunamente el efecto contractivo del ajuste. Y si reduce la combinación de ahorros e incremento de ingresos a 25.000 millones de euros como se ha sugerido, es decir una cifra inferior a los 41.000 millones, corre el riesgo de no cumplir con el objetivo que ahora declara el Gobierno: 5,8% del PIB en 2012. Las previsiones de FUNCAS han sido muy ajustadas, incluyendo la previsión de caída del PIB del 1,7% para 2012. La media del consenso de indicadores que elabora FUNCAS y que incorpora a un nutrido panel de entidades y consultores da para la caída del PIB el 1,3%, una media optimista si nos atenemos a las cuentas que ha hecho la Fundación y que no parecen desacertadas y que desde luego no incurren en el voluntarismo.

Respecto del peso creciente de la deuda en el déficit hay divergencias. No en el consenso, que no da ninguna cifra sobre este capítulo. Pero de acuerdo con las fuentes consultadas la previsión de la Fundación de Cajas de Ahorros se puede quedar corta. Hay fuentes de medios financieros que calculan que este capítulo se va a llevar en 2012 unos 8.000 millones de euros. Esto supone que el servicio de la deuda, las pensiones y el desempleo -partidas en las que en principio no hay recortes- se comerán no menos del 50% de los ahorros que prevé el Gobierno de 25.000 millones para el déficit anunciado. Mientras, el Gobierno, es decir el ministro de Economía, Luis de Guindos, y la oficina Económica de la Moncloa al mando de Álvaro Nadal, esperan que los menores ahorros necesarios para un cuadro macroeconómico en el cual el déficit sea del 5,8% suponga un menor impacto en el conjunto de las variables y permita llegar a buen puerto con menos sangría.

Su idea es que al combinar ahorros e ingresos equivalentes a 25.000 millones el efecto sobre la economía será menos contractivo y permitirá alcanzar un déficit equivalente al señalado. Nada indica que eso se pueda alcanzar en los términos en los que el Gobierno pretende. Por añadidura, si se suman los ahorros e ingresos hasta ahora previstos a nivel oficial se podrían alcanzar unos 17.000 millones de euros: acuerdo de no disponibilidad 6.406 millones; incremento del IRPF 5.350; salarios y reducción pasiva de funcionarios 5.500 millones; lo que deja como incógnita de dónde van a salir los 8.000 millones que faltarían para alcanzar los 25.000 millones con los cuales se pretende cuadrar el déficit en el 5,8% del PIB.

Las fuentes privadas consultadas consideran que los recursos que no se puedan generar por la vía de los ahorros e ingresos hasta ahora diseñados, provendrán de un incremento del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Lo cual puede llevar a que de aquí al 30 de marzo lo que no “está sobre la mesa” quede servido en fuente de plata. Todo parece indicar que el Gobierno está en un callejón sin salida en materia de déficit presupuestario y que terminará apelando a un incremento de ingresos por la vía fiscal. No parece tener otra opción. Mientras, queda expuesta a la luz pública una cierta tendencia de las autoridades económicas a minorar el efecto contractivo sobre el conjunto de la economía de la reducción del gasto público. Y a su turno no logra valorar hasta donde este efecto reduce de manera sensible las posibilidades de recaudación por vía del IRPF y del Impuesto de Sociedades, mientras al mismo tiempo se dispara el gasto. La realidad es que las presiones para una mayor consolidación fiscal que tienen como efecto perverso una asfixia de la economía española no van a cejar.

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