edición: 3006 , Jueves, 9 julio 2020
22/01/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

El eje bolivariano consuma la quiebra energética

Chávez sólo ejecutó el 30% de sus proyectos de generación eléctrica; Correa, sólo uno de 27; Bolivia tiene que importar gas para consumo y la compra de derivados se come a Petroecuador
Ana Zarzuela

Se miran al ombligo de sus recursos: tienen a mano la sextas reservas de petróleo y las octavas de gas del mundo en Venezuela; disponen de las segundas reservas de gas del continente americano y los primeros depósitos mundiales de litio -el 50% del total- en Bolivia y Ecuador asume la presidencia de la OPEP haciendo valer sus galones de quinto exportador de crudo. Pero ni el embeleso bolivariano puede ya perder de vista que las que quisieron ser los tres vértices del poderío hemisférico están ya más cerca de consagrarse como el ‘Triángulo de las Bermudas’ energético del continente americano. Les ha costado años de nacionalización y el olvido de los planes previstos por sus propias empresas y las advertencias de los analistas. Pero tienen a la vista el más difícil todavía’: dejar a Venezuela, Bolivia y Ecuador a dos velas, al borde de la quiebra eléctrica y con déficit de hidrocarburos. Se abrazan a la maldición de sus coronas energéticas con la misma bitácora bolivariana. Una que ha hermanado a Venezuela, Bolivia y Ecuador en un via crucis con estaciones simétricas: años de nacionalización, un corsé de restricciones a los inversores y el olvido de los planes estratégicos de las empresas públicas. Pero esta vez, las balas de sus zozobras energéticas ya no apuntan a los inversores y las empresas energéticas internacionales, dan en los muros de la credibilidad y en los burladeros del consumo en los que levantaron sus revoluciones.

Venezuela, si no hay cambios, a pesar de las restricciones, en dos meses puede llegar la debacle eléctrica definitiva con el colapso del sistema eléctrico; la gasolina sólo está garantizada para dos meses y el gas de consumo en peligro, las termoquímicas queman combustibles líquidos y acaban con las reservas de diesel. Ecuador con restricciones eléctricas y los derivados más caros del continente; y Bolivia con tantos problemas de exportación de gas y producción derivados que ha tenido que importar GLP y gasolina de Chile y Argentina por primera vez en cuatro décadas. Ahora, por primera vez, saltan las líneas rojas de sus credos bolivarianos: las del ‘mea culpa’ han llevado a Chávez y a Correa a ‘dimitir’ a sus ministros de Energía; las de la prudencia dan marcha atrás en la estatalización del sistema eléctrico boliviano y tratan de diseñar por primera vez un plan de inversión a medio plazo para YPFB, aunque con dólares de créditos exteriores e inversiones de empresas.

Bolivia ha empezado a hacerle caso a los avisos de Fitch, los estudios de Cámara de Comercio Americana, la Comisión de Integración Energética Regional y hasta las cifras que le ha puesto sobre la mesa su viceministro: el país necesita a corto plazo al menos 1.000 millones para suplir el déficit hídrico, 5.500 millones de dólares para generación hidroeléctrica y 1.500 millones para redes de transmisión si no quiere reeditar los pasos del desabastecimiento y la crisis energética  de Venezuela y Ecuador. Sólo la caída de la demanda energética -que había crecido hasta el 7% anual- la ha salvado este año de los cortes.  Las ‘líneas rojas’ del futuro de los tres países llaman a la ‘caballería’ multinacional y ‘los demonios’ de la banca global: la CAF aportará fondos para evitar que en menos de dos meses la quiebra eléctrica sea total en Venezuela.

No son otras que Iberdrola, Elecnor y Duro Felguera los que tendrán en su mano 1.000 Mw -la cuarta parte de la nueva capacidad de generación- , el contrato de la Gran Caracas y Gamesa el primer parque eólico venezolano. Ni otras que las multinacionales que comparten operación con YPFB de las que Bolivia espera más de 7.000 millones de dólares -el 70% de la inversión de la empresa estatal- . Y las que tendrán que digerir -si quieren entrar en la nueva ronda de regulación- inversiones por 3.000 millones en crudo en tres años para Petroecuador -que invirtió en la última década la quinta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas-.

En Bolivia, el Banco Central no tiene más remedio que reconocer que los ingresos por hidrocarburos -más del 85% de los que recibe el país- se reducirán al menos 1.200 millones de dólares, un 50%. Ni la pinza, cada vez más estrecha por la carga impositiva a las multinacionales -en 2009 unos 1.500 millones- podrá contenerla. La ‘maldición’ energética se teje a la perfección también en el espejo andino: la rebaja de las exportaciones contiene la producción de gas -a 35 millones de m3  desde los 42 millones de 2008- y con ella, lastra la producción de líquidos -de 46.700 bpd a 41.600 bpd. Por primera vez en más de cuatro décadas, Bolivia ha tenido que importar gasolina y GLP de consumo interno de Chile y Argentina.

Y a la vista de las rebajas de sus contratos de explotación, será sólo el principio de su dependencia en derivados. No es el ex superintendente de Hidrocarburos, Carlos Miranda, el único que advierte que a Morales se le cae “la estantería energética” y que la falta de inversiones y el freno a la producción acabarán cayendo con cada balda energética en el desabastecimiento de diésel, de gas licuado y el déficit de provisión de gasolina de al menos 515 metros cúbicos diarios como muy tarde en dos meses. La ampliación del Gasoducto Al Altiplano (GAA) aún está en construcción y su aprovechamiento, además, está condicionado a la conclusión del Gasoducto Carrasco-Cochabamba (GCC), que estaba prevista para 2010.

VENEZUELA SE PIERDE EN EL ‘OLVIDO’ 

Ha tenido que darle la espalda a sus propias promesas de aumentar la generación en 3.000 MW en este año y a las recomendaciones de las 14 empresas eléctricas que el Estado asumió desde 2007. Pero al final ha conseguido el más difícil todavía: hoy el quinto productor mundial de petróleo no tiene energía para casa, ni siquiera sobre el papel, le llega para hacer frente a su consumo. Ni la nueva cúpula energética de Hugo Chávez ni la ‘tocata y fuga’ del ministro del Electricidad -después de cuatro meses de mandato- y la marcha atrás en las cuatro horas de restricción del suministro para Caracas aliviarán el horizonte energético venezolano. Todo lo contrario. Las zozobras de Miraflores no han hecho más que comenzar. Los cortes eléctricos serán inevitables hasta que la demanda baje un 30% o entren en servicio los 1.000 MW que prometió hace dos años. Se lo advierte la propia cúpula de Corpoelec y los analistas locales, los mismos que encendieron todas las luces rojas tras los cuatro apagones nacionales en 2008: ninguna región podrá salvarse del plan de racionamiento eléctrico en una crisis que nada tiene que ver con la sequía.

Las promesas de inversión ejecutadas en menos de un 10%, ni  los cortes del 25% del suministro de agua y el recién estrenado plan de Ahorro obligatorio, ni sus planes para “bombardear las nuevas y forzar la lluvia” pueden ocultar que a Corpoelec se le han fundido los plomos. Con un déficit crónico oficial del 3%, ni la máxima generación eléctrica posible sobre el papel está a la altura de una demanda de 17.300 megavatios que crece a un ritmo del 7% anual. De las 29 termoeléctricas, que ya desde 2007 debían estar en funcionamiento, sólo se han construido cinco, de las cuales dos están todavía inoperativas y tres funcionan a un tercio de su capacidad. Por pura desidia se dejó derrumbar Planta Centro y la estatizada Electricidad de Caracassuspendió su plan de inversiones. De la inversión en líneas de transmisión sólo se ha ejecutado una cuarta parte de un presupuesto que habría de financiar trabajos que en 2007 tenían que haber culminado. No es Víctor Poleo el único que recuerda que sólo se ejecutó el 30% de los recursos para proyectos hidroeléctricos. Tampoco el único en advertir que de nuevo los ‘tratamientos de choque’ de Hugo Chávez se le quedan cortos. Ni las restricciones y su campaña de siete medidas de ahorro’ energético de inspiración cubana (incluidas la restricción en un 20% de las industrias pesadas y ligeras y centros comerciales) pueden, en el mejor de los casos, liberar el consumo de unos 980 Mw, poco más de la mitad de los 1600 Mw que Miraflores anuncia.

Lejos aún de los 1.700 Mw de déficit eléctrico teórico. Para alcanzar los 4.000 megawatios adicionales que necesita en un año no será suficiente ni siquiera con el más optimista de sus planes: la habilitación de la tercera unidad de la planta “Josefa Camejo” en Falcón; otros 150 megavatios en Termozulia II, estado Zulia para septiembre de 2010 y, 430 megavatios en diferentes plantas operadas por la filial Electricidad de Caracas como la “Josefa Joaquina Sánchez Bastidas”, en Vargas; y La Raisa, en Miranda. Aunque se produjeran las precipitaciones que Chávez aguarda –ha tratado de provocarlas hasta con bombardeos de nubes- antes de abril habrá que apagar algunas generadoras, lo que podría inducir al colapso total del sistema. Nunca habrá -advierten los analistas energéticos de Fedecámaras- una normalización del sistema eléctrico antes de 2011.

Además, las zozobras eléctricas no están solas en el mapa de las energías estatales de Hugo Chávez. En los últimos meses, Venezuela se ha visto obligada a importar más combustibles por la parada de las refinerías. Será sólo el ‘aperitivo’ del segundo escalón en su ‘infierno’ energético. Se han atrevido a advertirles ya los técnicos de Pdvsa y Corpoelec: si no hay cambios de tendencia, en abril y mayo tendrá que sumar la escasez de gasolina, no habrá suficiente energía en las plantas para generar las mejoras en las petroquímicas. El analista petrolero Rafael Quiroz Serrano le pone apellidos: "los recursos se han malgastado en importaciones y no en la creación de riqueza nacional. Se cambiado el petróleo por una quincallería de importaciones”. La ‘ecuación’ se complica con el déficit de suministro de gas a las plantas de generación térmica, cuyas unidades alimentadas exclusivamente con ese combustible están fuera de servicio. El gas natural producido en Venezuela está mayoritariamente asociado al petróleo y 60% de ese gas lo utiliza la industria para reactivar los pozos. Sólo el porcentaje restante es destinado a las empresas petroquímicas, eléctricas y siderúrgicas.

Se empeñaba en 2007 en pasarle la mano del Estado a la mayor eléctrica privada. No iba a ser menos que las telecomunicaciones, la banca, o los servicios. Con la ‘digestión’ de Electricidad de Caracas (EDC) -para entonces ya recuperada de las zozobras de los años 90- por tan sólo 568 millones de euros, el gobierno de Hugo Chávez consumaba el bautismo oficial de la nueva Corpoelec, un consorcio de las 14 eléctricas del país a imagen y semejanza de Pdvsa, con sus mismas aspiraciones y bajo la mano de la petrolera estatal. Chávez asesoraba a Bolivia, azuzaba a Evo Morales para que consumara la nacionalización de las generadoras eléctricas y se atreviera con la de las distribuidoras (Iberdrola y REE en cabeza). Ofreció ayuda -que no dólares- públicos a Nicaragua para tratar de estatalizar a Unión FENOSA y ha extendido los tentáculos de Albanisa en el país, pero le empieza a doler la nacionalización de su Corporación Eléctrica y tiende todas las alfombras rojas a las multinacionales de la energía, a contrapié de sus muros estatalizadores, las españolas para empezar.

El cortocircuito de la estatal Corporelec lo obliga a saltarse sus líneas rojas: llama a las multinacionales españolas, pide prestado al BID y la CAF –sólo sus 2.000 millones han despejado el horizonte eléctrico a corto plazo- y se piensa el retorno a sistemas mixtos. La visita de Hugo Chávez a Madrid en septiembre sirvió para consumar el acuerdo que en julio apadrinó Miguel Ángel Moratinos en Caracas: un contrato valorado en 2.000 dólares para fabricar  la planta de ciclo combinado de Cumaná -un módulo de gas natural y otro de gasóleo- antes de tres años, además de cuatro subestaciones cada una. Nada nuevo para Iberdrola, que tiene ya proyectos en Venezuela por 100 millones de euros (sólo en subestaciones y modernización de redes), pero el proyecto de Sucre traspasa las líneas rojas de la confianza de Miraflores y Pdvsa ydeja en manos de Iberdrola y Elecnor la cuarta parte de la nueva generación eléctrica que Venezuela necesita sumar.

No hace ni seis meses que Duro Felguera sellaba su mayor contrato en tierras de Chávez: 1.500 millones de euros con Electricidad de Caracas (EDC) para la construcción de la central de ciclo combinado de Termocentro, que suministrará energía eléctrica a la Gran Caracas -el área urbana más importante del país- con más de 4,5 millones de habitantes desde diciembre de 2013. Y ahora que ni la ‘Misión Revolución Energética’ de Hugo Chávez ni las promesas de planes eólicos para la península de Perijá y otros tres para el conjunto del país han conseguido aún despegar, el Palacio de Miraflores deposita además en manos de Gamesa la puesta de largo de su primer parque eólico: 76 aerogeneradores y 100 Megawatios en Paraguaná -además de dos años de operación y mantenimiento- por 113 millones de euros, a los que ahora el Palacio de Miraflores les mete más prisa.

LA ‘MALDICIÓN’ ENCADENADA

Chávez le pisa ahora las huellas del ‘mea culpa’ a toda una bitácora de promesas incumplidas. En Miraflores han tenido que reconocer que no hay aún ni rastro de los 7.100 millones de dólares que prometió invertir hasta 2014 para agregar al parque un mínimo de 10.000 megavatios, ni siquiera los 3.000 que estaban previstos sumarse en 2009. Menos aún los 30.000 millones de dólares que en el Palacio de Miraflores empiezan a reconocer que habría que inyectarle a Corpoelec en los próximos quince años, las mismas cifras que ya al inicio de la nacionalización habían puesto sobre la mesa los informes del ex director del Banco Central Masa Zavala y las previsiones de los técnicos de EDC.

Es la mismísima Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (OPSI) la que ha encendido las luces rojas, a la vista de 900 MW de déficit: necesita más generación y hacerle sitio a la producción térmica; busca apellidos para al menos 10.000 millones de dólares de inversión y, bajo la mesa ya está dispuesto a rendir su credo nacionalizador, o al menos a relajar los muros de sus urgencias. De acuerdo con el último informe de la patronal de empresas eléctricas, las desatendidas plantas térmicas que posee Venezuela consumieron 62 millones de barriles de petróleo en 2007, con una eficiencia térmica calculada del 29%. En Europa, por ejemplo, la eficiencia ronda el 40 %. Ni siquiera Chávez tenía que seguir el plan de expansión del sistema eléctrico que el anterior ejecutivo dejó sobre la mesa en 1998. Es el propio plan de la directiva de la Corporación el que urgía a agregar al menos 5.000 MW de capacidad antes de 2008 para cubrir el crecimiento de la demanda y reducir la dependencia hidroeléctrica, que hoy por hoy cubre un 72% del consumo nacional. Pero por ahora, la mano eléctrica de Hugo Chávez ha tenido que conformarse con aumentar su capacidad un 3,8%, la mayoría en manos de inversiones ajenas.

El músculo petrolero flaquea, la capacidad de producción  está lesionada y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso del buque insignia de la estrategia energética venezolana no mejora. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos -el proceso la adquisición de las empresas eléctricas- y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año. Esto elevó la relación entre su deuda y patrimonio de 9 a casi 30%. Hasta el ministro Ali Rodríguez reconocía al cierre del año que los ingresos petroleros han caído un 50%, Petróleos de Venezuela ha reducido su producción en un millón de barriles, arrastra el lastre de 100.000 empleados -casi el triple que hace ocho años- y tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior y otros 10.000 con proveedores y contratistas a los que ha empezado a fagocitar por la vía de la nacionalización. La industria petrolera tiene pendiente por cancelar en Impuesto Sobre la Renta (ISLR) 2.000 millones de dólares. Y el año de demora en la licitación de la Faja del Orinoco enciende las luces rojas sobre su capacidad de atracción a las multinacionales.

ADIÓS A LA ‘DIPLOMACIA’ ENERGÉTICA BOLIVARIANA

‘A la cubana’, el ministro de Planificación, Giordani, admite signos de “ineficiencia en el Estado”. El ‘cortocircuito’ de Corpoelec está convirtiendo a Chávez el ‘oficiante’ de su anti-credo. Se le ha chafado la diplomacia petrolera y ahora también la eléctrica. Los analistas descuentan que esa generosidad bolivariana que le ha llevado a donar 53.000 millones de dólares a 33 países -casi un tercio a Cuba- en su década de gobierno será ya muy pronto un viento de otra historia. Venezuela no dejará de venderles a sus 18 socios de Petrocaribe 200.000 barriles diarios, al menos por el momento, pero ya cambió las condiciones de pago aplazado y -aunque sea a crédito- se aferra a los precios de tiempos mejores, las cotizaciones flexibles en sintonía con el mercado y la promesa de una dependencia garantizada por décadas. 

Es sólo el preludio de sus pasos eléctricos. Para empezar, los de sus clientes: Venezuela ha empezado a recortar en un 20% los envíos a En la directiva de Corpoelec se cuestiona ya la ‘generosidad’ con Bolivia, Nicaragua y Cuba. Los usuarios venezolanos, que tendrán que digerir los cortes de luz y agua y el nuevo plan de Ahorro energético obligatorio miran ahora a la huella de los 80 millones de dólares que Pdvsa invirtió para una planta termoeléctrica en tierras de Morales, o los 2.000 millones de dólares que ofreció a Daniel Ortega para un proyecto hidroeléctrico. En abril Venezuela instaló en Nicaragua las plantas “Che Guevara I y II” de 200 megavatios y en 2006 se instaló la “Hugo Chávez”, lo que permite acumular una capacidad instalada de 480 megavatios y así reducir el déficit de generación eléctrica de la nación centroamericana.

Bolivia promete recuperar la ‘corona’ energética regional que ha perdido ya con el gas y el petróleo y convertirse en exportador  eléctrico para sus vecinos en 2015. Pero Morales camina por el desfiladero del déficit, incluso en la mejor de las previsiones oficiales, el sistema eléctrico puede generar sólo 1.100 Mw y consume al menos ya 940. Mira a Caracas y comienza a replegar los ‘chispazos’ de sus planes. No son las huellas de sus antecedentes, ni los avisos de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) del inminente quiera eléctrica para 2011 los que lo han hecho dejar a media asta la bandera de la nacionalización eléctrica -la misma con la que forzó la participación pública al 70% en todas las empresas de hidrocarburos y minería- y olvidar la estatalización plena de las controlan las tres grandes generadoras - Guaracachi, Valle Hermoso y Coraní, de la francesa GDF Suez y la británica Rurelec- y las dos distribuidoras de electricidad del país- Electropaz de Iberdrola y la boliviana Transportadora de Electricidad (TDE) de Red Eléctrica Española (REE)- . Nacionalización habrá, pero sólo minoritaria, con pago a cambio. Y con el horizonte de promesas de inversión como peaje. Morales ha empezado a hacer oídos a la letra pequeña de su propio viceministro de electricidad: el país necesita 5.500 millones de dólares para invertirlos en generación hidroeléctrica hasta 2015, para redes de transmisión 1.500 millones y para energías alternativas 100 millones de dólares.

Son los técnicos del Ende -el brazo estatal de su mapa eléctrico- los primeros que le recuerdan que desde 2002 no ha habido adiciones de potencia en el Sistema Interconectado Nacional; hasta 2012 como pronto no se iniciará ningún tipo de abastecimiento a partir de proyectos puntuales de energías renovables (Laguna Colorada o Rositas) y el calendario de sus ‘obras’ se le atrasa. Los 182 Mw adicionales que prometía incorporar este año con la generadora de Guaracahi y la planta de Entre Ríos no llegarán. No, al menos de inmediato; se le congelan los relojes del proyecto de electrificación de Caranavi. El presidente boliviano estaba dispuesto a zambullirse de nuevo en las aguas de las nacionalizaciones, pero las banderas rojas de la Comisión de Integración Energética Regional (TIER) que le han advertido de las olas del desabastecimiento: ya hace más de dos años que la Cámara Americana de Comercio le puso cifras y fecha

Si Bolivia no mejora su seguridad jurídica y las inversiones en 2010 comenzarán los racionamientos de energía. Fitch Ratings le ha vuelto a encender sus luces rojas hace menos de un mes: si no quiere caer en el déficit, es el ‘ahora o nunca’ de las inversiones en el sistema eléctrico y las garantías a las multinacionales que invirtieron en el país. Desde 2007 la inversión bajó a 12 millones de dólares -la cuarta parte de la década anterior- y sólo los municipios estiraron sus arcas. Con un sistema eléctrico que depende en al menos un 60% de la producción hidroeléctrica, los analistas le han encendido ya las luces rojas del agua: en uno de los países más castigados por el cambio climático, sus cuatro mayores regiones están en alerta por sequía y que en el conjunto del país las reservas se han reducido al 30%. Los analistas le han puesto apellidos: déficit de inversión. La misma que ha llevado a Chávez a ahogar a Copoelec, o al aparato Estatal que maneja el sistema eléctrico en Ecuador desde la llegada al poder de Rafael Correa a declarar el estado de emergencia nacional y cortes de luz de más de siete horas. Ni la petición de socorro a sus vecinos de Perú y Colombia, ni las prisas para ultimar el proyecto hidroeléctrico Mazar -que debía haber estado listo desde 1984- despejan el horizonte de un sistema energético nacional dependiente en un tercio de la central de Paute, que ha visto reducir su producción a la mitad en los últimos meses y que carga con el lastre de un déficit de 7.000 MW diarios.

BOLIVIA, A UN PASO DEL RIESGO ENERGÉTICO

El Palacio Quemado busca ya apellidos para sus planes de ‘rescate’ eléctrico. No es la británica Rurelec PCL la única que preferiría venderle al Estado el 100% de su participación en la generadora Guaracachi a convertirse en socio de los planes energéticos del gobierno boliviano. Quien se quede, al menos entre las distribuidoras,  lo hará además, como competidor del Estado y obligado a asumir las nuevas facturas del ‘acceso universal eléctrico’, que aún el gobierno boliviano no ha acabado de definir, pero que –advierte ya- vendrá precedido de planes de nuevas inversiones de las multinacionales privadas al calor de las urgencias municipales.

Ende busca ahora además el atajo a las renovables. Ya tiene sobre la mesa un nuevo mapa eólico, el mismo que TDE concluyó por su propia iniciativa antes de que el gobierno anunciara que las aguas de la nacionalización también le llegan al cuello. Bolivia -aún virgen en ‘energías verdes- necesita para empezar 50 millones de dólares para dos proyectos eólicos e intenta ponerle los mismos apellidos que baraja en la mesa de las nacionalizaciones eléctricas. No lo tendrá tan fácil: los costos de implementación son altos y no hay un esquema de remuneración claro en la mesa del ministro, sólo la “voluntad” de incrementar la cobertura rural del 30 al 50% (la misma promesa de 2007) con una inversión global de 190 millones de dólares que esperan que lleguen de manos de recursos privados y cooperación internacional en su mayor parte.

Aviso para navegantes, la licitación de Tahuamanu acaba de quedar desierta. Jura -eso le recordaba a las empresas españolas en su visita oficial a Madrid- que no quiere “patronos, sino socios”, pero Morales espanta con una mano inversiones que necesitan de 15 a 20 años para recuperarse. La Paz tienta a Pekín, pero el préstamo de 60 millones de dólares del Banco Oficial de China sólo servirá para costear la instalación de redes domiciliarias de gas y fortalecer a YPFB. Ni los amagos con Moscú -que durante meses se pensó el desembarco con la bandera de- ni las expectativas de las inversiones alemanas en energía eólica y solar han llegado. Como mucho, Berlín le prestará apoyo tecnológico. A Morales le duelen hasta las grietas eléctricas de sus ‘mentores’, ahora que la crisis de Corpoelec y las zozobras eléctricas de Hugo Chávez le obligan a plegar las velas de su diplomacia y guardarse los 80 millones de dólares que prometía invertir en la nueva planta boliviana. Ni rastro de la propuesta pública que el presidente Lula da Silva hizo en su momento para construir en sociedad con Bolivia una hidroeléctrica en Guayaramerín; menos aún de la posibilidad (olvidada por los Kirchner) de la construcción conjunta con Argentina de represas en el río Bermejo. Ni siquiera aunque la Comisión de Integración Energética Regional (TIER) le recomiende que hidroeléctricas de gran capacidad sobre ríos Madera, Beni, Mamoré y Guaporé deberían encararse como empresas mixtas latinoamericanas y no solamente de ENDE.

REE se ha acostumbrado al peaje de las inversiones en tierras andinas: más de 65 millones para ampliar la red en seis departamentos desde 1997. La filial supuso en el primer trimestre de 2009 un 2,1% de los ingresos del grupo y el 3% del beneficio si bien REE ha destacado siempre que Bolivia era el pilar de su expansión internacional. Pero los acuerdos con el Gobierno boliviano sólo le dan estabilidad regulatoria hasta 2010. Y su peaje de inversiones -siete millones de dólares para cubrir en un corto plazo la creciente demanda de energía eléctrica generada por el desarrollo del sector minero en el sur de Bolivia- le parece ahora escaso al Ejecutivo. Le saben a poco los 600 millones de dólares que entre 1996 y 2009 las empresas generadoras invirtieron y los 185 millones de las empresas de transmisión.

Ni siquiera calma sus ansias la concreción de las inversiones españolas: después de haber destinado 65 millones de dólares en 12 años en Bolivia y que ha desarrollado proyectos de expansión de la red eléctrica para atender la demanda nacional, Transportadora de Electricidad (TDE), filial de Red Eléctrica Española (REE), destinará 7,19 millones de dólares en un proyecto para la generación de energía en el sur del país, son sólo un tercio de los previstos para sus proyectos en el país andino en los próximos cinco años. Menos aún le importa a Morales que la principal transportadora de energía eléctrica de Bolivia, TDT -que por ley no puede ser generadora de energía eléctrica- haya buscado apoyo del IFC para desarrollar el primer mapa eólico de Bolivia y desarrollar empresas locales que produzcan a pequeña escala energía suficiente para dotar de electricidad a las poblaciones bolivianas más desprotegidas.

Morales respira también aún por las grietas de su ‘gigante’ energético estatal: no s otro que un informe del Gobierno el que acaba de reconocer los 22 problemas que lastra la cadena productiva de los hidrocarburos bolivianos: desde la falta de conocimiento sobre las reservas a la falta de competitividad e incentivos para las empresas, o la “corrupción” de YPFB. Hasta su presidente, Carlos Villegas, la reconoce. Pero ahora que aspira a hacer de élla “la Petrobrás boliviana” por primera vez habrá un Plan Estratégico de inversiones a cinco años, aunque encadene sus apellidos a las inversiones de las multinacionales asociadas a YPFB. La empresa estatal de hidrocarburos sólo invirtió en transporte 90 millones de dólares de los 1.248 que requiere hasta 2015; sólo ha conseguido ponerle ‘apellidos’ a la mitad de los 7.561 millones de dólares que necesita para su Plan Estratégico a cinco años. Y junto a 1.000 del Banco Central y 1.860 de recursos propios, los demás procederán -ésas son sus intenciones- de las petroleras extranjeras, para empezar, si quieren seguir en el país después del bautizo de la nueva Ley, 763 millones de dólares sólo en 2010, un 80% del total, a pesar de que es YPFB la que dispone del 80% de las reservas y su explotación.  La inversión privada por parte de las transnacionales Petrobras Bolivia SA, Repsol YPF, BG-Bolivia, Petrobras Energía, Vintage, Pluspetrol SA, Matpetrol SA, Total E&P Bolivia, Dongwon y Canadian Energy, será más del 50% el 2010.

La maldición energética se teje a la perfección: el presidente quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez, desabastecimiento dentro y fuera de sus fronteras y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales, pero no hace más que reincentivar el consumo y desalentar la inversión. A fines de 2005, la venta de hidrocarburos, interna y de exportación, era en Bolivia 1.500 millones de dólares anuales, y sólo 300 le quedaban al Estado. Hoy, con la nacionalización, supera los  2.000 millones de dólares a las arcas del Estado.

Pero la realidad es que no hubo modernización del sector eléctrico ni del gas y que ni YPFB cuenta con la logística necesaria para la distribución del GLP. Respira aún por las heridas de la cerrazón de 2003, cuando le dio la espalda a la posibilidad de exportar por esa vía e ingresar 3.000 millones de dólares de valor añadido. No es la Cámara Boliviana de Hidrocarburos la única que advierte que los recelos de las multinacionales y la sequía inversora de la estatal YPFB erosionan el sector: en 2008 sólo se perforaron cuatro pozos de petróleo- dos de ellos en manos de Petrobras y la argentina Pluspetrol-, mientras que Colombia perforaba 82, Perú 153, o Argentina 1.105. Y el cielo de los 1.266 millones de dólares de inversión prometido por el Palacio Quemado ha quedado en 300.

Bolivia entona el himno de la dependencia energética. Amistosa, con Venezuela, Argentina y Brasil. Forzosa, con las multinacionales. Olvida que invirtieron más de 4.600 millones de dólares en la búsqueda de hidrocarburos y lograron multiplicar por nueve las reservas conocidas, lo que convirtió al país en el segundo productor de gas del continente. Pero hoy las multinacionales, ante la inseguridad jurídica, la merma de los beneficios y el incremento del riesgo de la tasa de retorno, han procurado estancar las inversiones en niveles mínimos para sostener la producción, a pesar de las presiones de Morales, que ha renegociado los contratos con el manta del chantaje y las inversiones forzosas por bandera.

Si en 2008 debían -según cifras oficiales- haber invertido 876 millones, se quedaron en 300; y en 2009 llegaron a 576 de los 625 que espera el palacio Quemado, aunque un 65% más. Las multinacionales recelan de sus planes de incrementar la oferta de gas de 30 a 45 millones de metros cúbicos por día: no hay mercados. Las previsiones del Ministro Saúl Avalos a principios de año -la producción de gas natural aumentaría un 15% en el 2009 y se abrirían nuevos mercados-  han driblado a la realidad. Antes de 2003 incluso hubo interés de EE UU, pero pudo más la oposición a sacar la energía a través de Chile. Hoy Venezuela le vende a ese país. Todas las bazas de Bolivia miran al mercado exterior, del que recibirá el 90% de sus ingresos. Y en el, sólo hay dos apellidos cada vez más borrosos: Brasil le ha dejado claro que no moverá ni un solo real -menos aún su proyecto de petroquímica en Bolivia- antes de que la nueva Ley de Hidrocarburos esté sobre la mesa. Y en el mejor de los casos, -ahora que la producción propia acaba de despegar- Brasilia sólo requerirá 24 millones de m3-lejos del suelo de consumo de 2008- y Buenos Aires no quiere ni oír hablar del gasoducto del Sur.


EL LABERINTO ENERGÉTICO DE ECUADOR

Nada que no haya reproducido, olvido a olvido, Rafael Correa en Ecuador: ni la dimisión del ministro de Energía, Esteban Albornoz, ni las restricciones diarias desde hace dos meses y el estado de excepción nacional opacan una crisis que -a pesar de las explicaciones del Palacio Quemado-va mucho más allá de la suspensión del 12% de la electricidad nacional procedente de Colombia, o la sequía que ha dejado en fuera de juego a la hidroeléctrica de Paute y con ella el 35% de la electricidad ecuatoriana. Cosas de la inversión pasada, repiten en Palacio, pero dos etapas presidenciales después, sólo han ejecutado uno de los 27 proyectos de generación eléctrica de la ‘Revolución Ciudadana’, el de Mazar. Correa no tiene aún sobre la mesa los acuerdos definitivos para regular la operación de las multinacionales en el sector petrolero. Petroecuador le hace aguas después de un año de gestión -costosa y poco profesional según fuentes oficiales- en manos de la Armada. Es el propio hermano del presidente el que le saca los colores y recuerda que las sospechas de la corrupción mantienen al ejército en su gerencia. .Ha duplicado su producción en un 8,42% en 2009, pero necesita triplicar la producción de hidrocarburos y un barril a 60 dólares (Correa se ha atrevido a prometer 80 dólares cuando llegue a la presidencia de la OPEP en el segundo semestre del año) para garantizar la rentabilidad del gigante estatal y unas cuentas públicas que dependen en un 25% del ‘oro negro’.

Todos sus caminos pasan por la inversión y la ‘pesca’ impositiva. Y ambos tienen el apellido de las multinacionales. Nada nuevo: en los últimos diez años Petroecuador ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas. Sólo -confiesan en su Ministerio- si consigue aplicarle otra ‘vuelta de tuerca’ a las inversiones de las multinacionales que tienen que cerrar sus nuevos contratos antes de marzo podrá despejar el horizonte de los más de 3.000 millones que necesita Petroecuador para los próximos tres años y estirar las costuras de su mapa petrolero, ya ha comenzado a buscar socios para aumentar las seis áreas que administra, aunque parte de los nuevos proyectos ya fueron retirados en su momento. Les bebe los vientos a Sonangol, de Angola, a Moscú y a Petrochina, busca de Pekín una inversión de unos 1.100 millones de dólares para desarrollar un bloque petrolero ubicado en la Amazonia. Y sólo si Quito consuma créditos por 5.000 millones de dólares con bancos chinos y alemanes -Deutsche Bank y Eximbank- y si el gobierno de Hugo Chávez cumple sus promesas podrá comenzar a construir este año - aunque sea con Pdvsa en la distancia- la mega refinería del Pacífico, el proyecto estrella de 12.500 millones de dólares con el que Correa esperaba ‘vacunar’ a Petroecuador de la importación de derivados.

El quinto productor de petróleo americano ahoga la orfandad de su deuda, los lastres de Petroecuador -en estado de emergencia y bajo mando militar hasta este mes-, los límites de la producción de hidrocarburos y los escándalos de la petrolera estatal con otra coreografía de portazos a las multinacionales. Por eso Correa baraja de nuevo, al calor de una nueva Ley de Hidrocarburos, mueve ya las cartas marcadas para revolver una partida que había dejado sellada con Repsol en marzo y con Andes y Petrobras hace un año. Reedita de nuevo la coreografía de la negociación. Correa quiere estrenar la presidencia de turno de la OPEP estirando las costuras del socio más pequeño y el último en llegar. Y a la vista de que ni la estatal Petroecuador ni sus nuevos aliados rusos, iraníes y venezolanos están por la labor, espera que las multinacionales paguen un ‘cubierto’ que es demasiado caro para el buque insignia de sus sueños estatales. Ya lo han hecho con sus inversiones, obligadas a aceptar un campo de juego fiscal cada vez más estrecho. Y en las carnes de la producción: corren desde este semestre con la mayor parte de las facturas de los recortes obligatorios. Donde en marzo dijo una rebaja del 99 al 70% del pago de ingresos extraordinarios, ahora dice nuevas tasas, participación en las tarifas de transporte por todos los sistemas de ductos operados en el país, y un fondo de soberanía petrolera sobre el  20% del ingreso bruto.

Y deja todos los riesgos en las espaldas de las compañías: para evitar las líneas rojas del modelo (es beneficioso cuando el precio del crudo es alto, pero si cae no genera ingresos suficientes para que el Estado devuelva los costes a las firmas), el proyecto de ley crea un “fondo de soberanía petrolera”, que obliga a las privadas a dar al Fisco el 20% de su  ingreso bruto (sin descontar gastos). Esto garantiza un pago al Estado sin importar cuál sea el precio del crudo. Digiere la tocata y fuga de City, Perenco, Chevron y con cada ladrillo de repudio de sus aliados rusos y venezolanos -de espaldas a la inversión petrolera en Ecuador- , amuebla un laberinto en el que cada vez cobra más cara la entrada a las multinacionales. Dosifican su paciencia, blindan su permanencia con un 14% menos producción y la mitad de las inversiones en 2009 y le dan la espalda a la exploración. Repsol, de nuevo, fortalece sus trincheras, aún calientes tras la última amenaza de nacionalización y congelación de activos hace seis meses. Hará valer el acuerdo de 2009 y sus promesas de inversión, pero será a cambio de nuevos proyectos de explotación en sus instalaciones de Yasuní y no cederán en la denuncia ante el Ciadi, sólo congelada a la espera de los contratos definitivos.

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