edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
22/12/2009

El eje bolivariano iguala a Obama con sus antecesores

Pedro González
En perfecta sintonía y sincronía los líderes de Cuba, Venezuela y Bolivia han descalificado, uno tras otro, al presidente norteamericano Barack Obama. Si en su día, y ante el general entusiasmo,  no tuvieron más remedio que saludar su llegada, siquiera fuera a regañadientes, ya no podían esperar más para retomar la única estrategia que les permite tapar sus fracasos interiores.

En primer lugar, la Venezuela de Hugo Chávez. El país ha multiplicado sus niveles de violencia e inseguridad mientras que la expropiación de propiedades agrícolas e industriales y la nacionalización de bancos no consigue cercenar los fuertes niveles de empobrecimiento. El totalitarismo de facto que rige en Venezuela podría pasar a consagrarse en un nuevo proceso constituyente, a la vista del anuncio de una nueva reestructuración de poderes, para evitar que la actual presunta separación entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial “siga impidiendo el desarrollo de la revolución”.

El presidente Chávez, que ha despachado a la frontera con Colombia a lo más granado de sus Fuerzas Armadas, ha recuperado su agresividad hacia la Casa Blanca, al acusar ahora a Obama de estar preparando una ofensiva contra su revolución a partir de las bases colombianas. No desmiente, sin embargo, que Caracas haya propiciado el acuerdo al que han llegado las dos organizaciones terroristas colombianas –las FARC y el ELN-, para que acentúen la presión sobre el Gobierno de Bogotá. Colombia acusa a Chávez de cobijar y proteger a catorce jefes al menos de las FARC, cuya entrega reclama en vano. Con este pretexto, además del corte de los puentes fronterizos y el descomunal rearme venezolano, el presidente colombiano Uribe también prepara a su Ejército para una hipotética confrontación armada a gran escala.
 
Raúl Castro, el presidente cubano, tomaba el relevo en las acusaciones hacia “el negrito”. Junto con su convaleciente hermano Fidel, señala a Obama como un “cínico tan perverso como el peor de los presidentes americanos”. Ya no queda nada, pues, de aquellas apreciaciones de principios de año acerca de la “honestidad” del primer presidente afroamericano. Que semejante catarata de descalificaciones se produzca simultáneamente al anuncio de nuevos recortes en subsidios y gasto social, además de drásticas medidas de ahorro energético, obligan a pensar que pretenden amortiguar los efectos sobre el pueblo cubano de esta nueva ración de la pócima amarga que le vienen suministrando desde hace ya medio siglo.

Es evidente que Obama está cumpliendo sus promesas con Cuba, al haber facilitado tanto los viajes como el envío de remesas de los cubanoamericanos a la isla, mientras que los Castro siguen hablando de revolución pero nada de democratizar el país, que era la contrapartida requerida por Obama a sus medidas de apertura. Antes bien, los linchamientos físicos y morales de los disidentes se están recrudeciendo. Los cambios introducidos por Obama resultan obviamente incómodos para La Habana, por lo que los hermanos Castro han optado por igualarle con Bush y todos los anteriores, justificando así cualquier nueva medida represiva.

Y, en fin, para que nada falte, el presidente boliviano Evo Morales también se ha sumado al concierto: “El negro es el mejor alumno de George Bush”. El líder indigenista boliviano señala que llega a esta conclusión después de observar a Obama durante un año en el poder, y sobre todo por su comportamiento en la fracasada cumbre sobre el cambio climático de Copenhague. Sin llegar a la virulencia verbal de sus colegas venezolano y cubano, Morales estima que Obama ha sufrido ya un enorme desgaste. Mientras tanto, y una vez consumada su arrolladora victoria en las últimas elecciones, se propone acelerar su proceso revolucionario, aunque con medidas que suenan a muy tradicionales en este tipo de casos: por ejemplo, expropiando propiedades a sus opositores políticos e imponiendo nuevas cargas fiscales a los medios de información que no le secundan.
 
Aún no se han pronunciado sobre Obama los presidentes Correa, de Ecuador,  Ortega, de Nicaragua, y Lugo, de Paraguay, sobre quienes los principales integrantes del eje bolivariano siguen presionando para conseguir esa descalificación global sobre el actual inquilino de la Casa Blanca. En ese eje, pues, el antiamericanismo resulta un ingrediente vital para nutrir a su pretendida revolución.

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