edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
02/09/2010
Dificultades para distanciarse de las comparaciones con Grecia

El Ejecutivo cree inminentes nuevos ataques especulativos contra la deuda soberana

Los analistas siguen considerando al país heleno y al español “economías de alto riesgo”
Bruselas quiere más sacrificio de España y Zapatero, desde Japón, afirma su disposición
Zapatero durante la rueda de prensa celebrada ayer en Japón
Juan José González

Desde Japón, el jefe del Ejecutivo español acaba de avanzar (o amenazar, amagar y advertir) que no le temblará el pulso en caso de verse obligado a adoptar medidas (más) duras si es preciso. Aviso muy claro para navegantes, contribuyentes y consumidores (también sindicalistas, por supuesto). Del mensaje presidencial pueden hacerse múltiples interpretaciones, pero el nuevo gesto o lance de Rodríguez Zapatero deja al descubierto, entre otros asuntos, que el capítulo de ingresos públicos sigue a la baja, que es previsible que Bruselas solicite una vuelta de tuerca más.

Entre otras cosas, debido a que el IVA, a pesar de la última subida, recauda menos simplemente porque el consumo ha disminuido con fuerza, el impuesto sobre la renta aporta menos al contar con menos rentas, el impuesto de sociedades flaquea como consecuencia de la disminución de los beneficios empresariales, supresión del impuesto de sucesiones y, finalmente, los especiales –gasolina, alcohol y tabaco- no aportan lo suficiente para compensar otras bajas. En resumen, las figuras impositivas de la recaudación clásicas y básicas, no son suficientes para compensar los gastos, no llegan. Así que el margen de maniobra del presupuesto para 2011 se queda en poco menos que nada. Escasa munición para un gobierno que necesitaría afrontar las próximas batallas con mayor armamento que nunca.

Pero, ¿cómo pactar los presupuestos generales del Estado sin contar con previsiones fiables? La respuesta no saldrá de los despachos oficiales de Economía ni en la presente semana ni en la próxima, sino el lunes 13, fecha en la que se espera contar con los informes de previsión sobre el gasto público de las administraciones –locales y central- para el cierre del año. Hasta entonces se vivirán unos días de intensa especulación al respecto. Sin embargo, más que la inmediata preocupación por las cuentas anuales para 2011, y lo que puedan dar de sí como herramienta política de gobierno, inquieta la incertidumbre sobre la postura que adopten los mercados respecto al déficit público español en el tramo final del curso.

El asunto comenzó a ser tan prioritario que no ha habido un Consejo de Ministros desde abril que no haya comenzado con una referencia a la posición económica española respecto al principal foco de atención de los analistas: el desequilibrio en las finanzas públicas, el diferencial de la deuda y el riesgo-país. Recordar que el 7 de mayo varios miembros del BCE daban por hecho la quiebra de España, lo que dio lugar a un desmentido del Ejecutivo español pero sin dejar despejadas las dudas sobre el endeudamiento futuro de la administración.

El Gobierno, tras la cesión del bastón de mando -no ejecutivo- del semestre europeo, se viene interesando por hacer distancia con Grecia y otros socios de la Unión Europea. Los analistas internacionales han dejado claro a los funcionarios españoles que la imagen de una España al borde la intervención o del rescate de Bruselas, no era la mejor carta de presentación para los inversores, y mucho menos para la acción de gobierno.

Las reuniones –presentaciones o múltiples road show- que la secretaría de Estado de Economía llevó a cabo en los meses anteriores al paréntesis de agosto, sirvieron para contener, en parte, un nuevo ataque de los mercados hacia la economía española. Pero nada más, puesto que el objetivo de reducir el diferencial de la deuda española hasta los 150 puntos básicos fue alcanzado con casi cuatro meses de antelación sobre el plazo previsto, lo que no evitó que los mercados siguieran fijando su foco de atención sobre la deuda española, motivado por la fragilidad de las cuentas públicas.

Pasado el tiempo, los analistas continúan comparando a España con Grecia. Se temen que la primera se encuentre en una fase anterior, similar a la que propició el desastre fiscal de la segunda. Si en 2009 el déficit público griego –el oficial presentado por el Gobierno heleno, no el real posteriormente descubierto en Bruselas- fue del 13,6%, el español era ligeramente inferior, un 11,4%.

La deuda pública de Grecia equivale al 120% del PIB, y la española es probable que se sitúe ya en el 70%, y será del 77% al final de 2011, según algunos estudios. Con todo, la diferencia cualitativa más relevante es la fuerte velocidad de crecimiento de la deuda, más incluso, que su acumulado.

Contando con que los analistas internacionales se crean las cifras, España no es Grecia, pero en asuntos de deuda pública resulta casi imposible hacer predicciones con el enorme agujero en las cuentas públicas, pero sobre todo por la etapa que resta de ejercicio, en la que se producirán, con toda seguridad, decisiones políticas que afectarán al déficit público. Estas incertidumbres son las que esperan despejar los analistas y los mercados en los próximos días.

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